jueves, diciembre 25, 2008

Gachas con muérdago

Gachas sentía un fuerte deseo de postear algo navideño este año. No sabía bien qué, hasta que ayer día 24 vio en el tradicional telediario de mediodía la no menos tradicional noticia inventada y destinada a los ninios, en la que un Papá Noel más falso que Judas sale de Laponia en su trineo de tracción renal (renal de reno Rudolf) rumbo al mundo entero para repartir regalos esa misma noche a los que se porten bien y se coman toda la paletilla de cordero.
El presentador del telediario (ay, no sé ni de qué cadena era: en todas salía la misma estampa) trataba de otorgar credibilidad a la noticia espuria mediante comentarios solemnes parecidos a los que haría si se tratase de un suceso real: "Santa Claus ha salido hoy de Laponia bajo una fuerte ventisca rumbo al sur de Europa. Sus fieles ayudantes han cargado sus trineos de regalos para los más pequeños etc".
Mencionando esto aquí, Gachas sólo pretende dejar constancia de este gran highlight navideño televisivo, sin olvidarse de otro grandioso clásico que este año aún no ha visto (es más bien de año nuevo, quizá): el tradicional chapuzón en lagos gélidos por parte de hombretones rusos, normalmente vejetes, pero siempre sonrientes a pesar de que las extremidades ya no les respondan por el frío. A Gachas, de sólo escribir esto, ya se le ponen los vellos como escarpias.

viernes, diciembre 12, 2008

Breakfast at hotelaco

Gachas desayunó el otro día en el Riz (no lo escribe bien Gachas el nombre del hotel para que nadie goglee y se encuentre este post. Gachas es cobardona).
¿Que por qué? porque la invitaron a un desayuno-lecture de un comunicador relevante (hasta aquí puede escribir Gachas, siguiendo el refrán "no muerdas la mano que te da de comer"). El plan era llegar a las 9 am, escuchar al ponente mientras se desayunaba y hacerle unas pregunticas si tenías a bien (te daban un papelito para apuntarlas). Y a las 10 y cuarto, hala, pa casa todos.

Tenías que buscar tú misma el sitio que te habían asignado en una de las mesas del salón, que era como de boda, con las sillas cubiertas por una tela con lazos y ese rollo. Para asesorarte en la búsqueda había unas señoritas muy espigadas y dignas, con trajechaqueta. Gachas se acordó entonces de su época universitaria, en la que algunas de sus compis, las resultonas, trabajaban ocasionalmente como "azafatas de congresos" para ganarse unos dinerillos. Gachas, como no era espigada, nunca se molestó ni en echar la solicitud, pero lo que le llamó la atención esta vez fue la edad azafatil: en teoría, la profesión esa es para veinteañeras que la compaginan con otros estudios, pero las mozas que invitaban a los desayunistas a sentarse eran de la edad actual de aquellas compis de facultad gachescas.

Si Gachas acudió al evento fue principalmente para realizar una comprobación: la de si el zumo de naranja era natural o de bote (y, si era de bote, ¿con o sin pulpa?). Pues, como no podía ser menos en tamaño luxurious hotelaco, el zumo era recién exprimido. Gachas contempla la posibilidad de que el Riz hubiese fletado un charter para traer a los mismos niños que fabrican a destajo zapas Nike a exprimir naranjas que te crió para CIENTO VEINTE personas, si no, no se comprende cómo lo hiceron los dos o tres pinches de cocina que debe haber en el hotelaco.

El desayuno en sí, gastronómicamente hablando, fue un poco fiasco. Constaba de café o té, un mini yugur en un vaso como de chupito, el ya citado zumo, un vaso de agua y curasanes pequeños y sandwichitos igualmente pequeños (un rectángulo partido en dos, es decir, un triángulo isósceles o escaleno). A ver, mal-mal no es que estuviera, pero es que había un problema de lógica en la concepción del evento: a las 9 y diez dejaron de servir cafeses y teses para que nada distrajera la atención de los desayunantes que escuchaban al ponente. Gachas no entendía por qué lo llamaban desayuno si nada más empezar el acto dejaban de rellenar la taza de café y por lo tanto le cortaban el rollo al que tenía un interés activo en desayunar.

Gachas se fijó también en que estaba como feo estar continuamente cogiendo curasanes o sándwiches de las bandejas de la mesa: la idea era haber saciado el hambre desayunil antes del comienzo de la ponencia pero Gachas, que llegó por los pelos a las 9.05, no lo hizo, precisamente porque interpretó que durante el evento era pertinente darle a la mandíbula. Y a ello se entregó, pero como con pudor, como si coger un sandwichito de pavo fuera un acto feo y ordinario.
Otro tema que también interesó a Gachas fue la popularidad o carencia de ella del yogurín en vaso. Prácticamente nadie se lo comió: pongamos que sólo un 10% decidió atacarlo con la cucharilla. El zumo fue casi tan impopular como el yogur, quizá para evitar el reflujo chez los desayunantes: sólo un 30% de los zumos fueron bebidos. Gachas estaba ultrapreocupada al respecto: pasaban los minutos y a esos zumos se les iba yendo la vitamina por momentos. Y sobre todo, ¿cuál iba a ser su futuro inmediato? ¿los reciclarían para hacer macedonias de fruta? ¿los tirarían por el vater? Gachas pensó en pedir que le llenaran una garrafa de plástico de zumo para llevársela a casa, pero finalmente no lo hizo.
Nadie parecía consternado/a por estos asuntos: al final, se saludaron entre sí (muac, muac, "Fulano, te presento a Zutana, jefa de redacción....") sin reparar en el futuro de lo no ingerido o bebido. La mente posguerrista y autárquica de Gachas no ha podido quitarse de la cabeza estas cosas desde el jueves. A ver si este post sirve como catarsis.

miércoles, noviembre 19, 2008

Pacífico Barrio

Gachas tiene tirria a algunos barrios de Madriz pero a uno lo tiene de verdad en el punto de mira: el que está entre Conde Casal-Avenida del Mediterráneo y Pacífico, ese barrio de clase media-media y media-alta cuyos habitantes presumen indefectiblemente de vivir "a dos pasos del Retiro". (Gachas también le tiene mazo de manía al fucking Retiro, que no sirve para nada, ni tiene Cortinglés ni FNAC ni nada dentro. Sólo kiojcos de cerveza y patatas aceitosas y malabaristas perroflautas. Puajj).

Si Gachas frecuenta el barrio a pesar del sarpullido que le da es porque desde hace más de VEINTE AÑOS acude allí al dentista, cerca de una plaza cuya fuente central está adornada por unos pajarracos metálicos que, atención, mueven las alas. Gachas volvió el otro día por molestias dentales: se hizo una ortopantomografía (radiografía de todos los piños gachescos) en una clínica cercana y luego le quedó una horeja libre hasta entrar al dentista. Como era entre las 14.30 y las 15.30 por supuesto que no había un mal local, una librería, un Benetton, cualquier lugar para meterse dentro a mirar un poco cuáles son las tendencias y las cosas. Nada: el barrio es de los de toda-la-vida, de no abrir ni a tiros hasta las 5 la tarde.
Gachas pensó entonces en sentarse en un café a leer su propio libro que llevaba ella consigo, pero finalmente convirtió la hora que le quedaba en un peregrinar por bares tan similares entre sí que parecían ser una franquicia: con no una sino DOS máquinas tragaperras y un pantallón de plasma con las noticias a todo trapo y la presencia ineludible de un hombre de 45 bebiéndose un yintonis a esa hora y echando con desgana monedas en la tragaperras (y dándole muy fuerte, con toda la palma de la mano, al botón de "start").

Cuando sólo le quedaban 10 minutos para entrar al dientes, Gachas se dio un garbeo por una calle trasera llamada Reyes Magos donde había una papelería-reprografía que también vendía camisetas chistosas ("alquilo a mi marido" etc.). Más atrás aún había otra clínica dental pero más sofisticada que la del dentista gachesco: hacían todo tipo de implantes de titanio y reconstrucciones de piñatas y para que la clientela potencial viera bien clarito la técnica que empleaban, habían ampliado a tamaño pantalla de sala pequeña de los Renoir fotos de boquetes gingivales con tornillos dentro, implantes de titanio aún sin el diente puesto etc. y las habían colgado como reclamo en la calle.

Tras esta canela fina, Gachas se dirigió asustada a su propio dentista prometiéndose a sí misma que si no tenía nada esta vez, cambiaba de sacamuelas por la gloria de su padre. Y eso va a hacer, jue, jue. Como está sana de la dentadura no pisará Pacífico nunca jamás, ni aunque todos sus amigos se muden allí en masa a un loft diáfano y hagan brunchs los domingos y rastrillos de ropa seminueva.

domingo, noviembre 09, 2008

Gachas ancestral

A Gachas, un amigo suyo ancestral y muy enraizado en las costumbres ibéricas le regaló hace poco una berza o repollón o grelo (¿se puede decir "grelo" así en singular? Véase el desconocimiento de Gachas al respecto). Le dijo que con eso se hacía el archifamoso pote gallego y que iba a soltar mucha sustancia porque era natural, del huerto de un pavo amigo suyo sito en Brunete.

Gachas se dispuso a enraizarse también y fue al mercado a comprar huesos de vaca para saborizar el futuro caldo, y unas patatas y garbanzos para darle un aire de cocido madrileño. El carnicero, rumboso, le regaló los huesos ("¿los quiere frescos o en salazón?" Gachas ahí también se vio falta de reflejos. Al final los pidió frescos " y de espinazo"). Lavó la berza, que al ser de huerto ancestral tenía bichejos, metió todo en la olla gachesca (huelga decir que añadió también un poco de Caldo Aneto de Pollo) y hala, a esperar un par de horas.

Al servirse el caldo y sus complementos en un plato hondo (casi un bol gigante de esos de comer fideos chinos), Gachas, oh, se percató con estupor de que en el invento nadaban pequeños gorgojos negros: el lavado de la berza no había sido lo suficientemente profundo. ¿Y ante esa situación, qué hace una gafapasta criada en el despilfarro? ¿Lo tira todo al váter y si te he visto no me acuerdo? No, Gachas no iba a tirar su tiempo y su dinero así como así: lo que hizo fue una labor entomológica de las gordas: se armó de unas hojas de papel de cocina y las fue introduciendo en el caldo cada vez que veía un bicho (cosa que, lamentablemente, sucedió más de dos y más de tres veces). Cuando eran gordos, se extraían con facilidad, pero en ocasiones (y aquí vino la complicación) eran casi microbianos de tamaño, y se confundían fácilmente con las briznas de sustancia que el hueso de espinazo fresco había aportado al guiso. Así es que Gachas se puso bajo la luz de un flexo y cada cucharada que levantaba, la examinaba y, si era necesario, le quitaba el insectito.
Y así ha sucedido hoy también y sucederá mañana, hasta que se acabe el caldo. Cuando Gachas efectúa esas complejas operaciones se acuerda mucho de sus compatriotas en 1939, que poco asco le harían a un caldo así por más bichos que tuviera. También se acuerda del herborista estadounidense de al lado de su casa, a la sazón obeso mórbido (no es coherente ser obeso mórbido y regentar un herbolario, dicho sea de paso): una vez, Gachas le compró arroz integral, lo metió en un bote transparente y a las 2 semanas se le había llenado de bichos parientes de los del caldo gallego. Gachas fue a reclamar y el tipo le dijo que eran más sanos esos bichos que los pesticidas que le ponen al arroz Nómen. Habráse visto caradura perroflauta. A pesar de ello, Gachas sigue comprándole de vez en cuando, por no buscarse otro herbolario más apartado de su hogar.


sábado, octubre 25, 2008

Buen rotulador será


Situación que Gachas no comprende: se asienta un inmigrante de habla no hispana en Madrid, decide con ilusión abrir un restaurante o negocio cualquiera y por tanto encarga con más ilusión aún (¿o estoy idealizando la cantidad de ilusión que depositan en el negocio?) su rótulo de acrílico para así contribuir a afear un poco más la ciudad, y los rotuleros ("Rótulos Mafer"; "GerviGar señalización" etc) aceptan el encargo sin hacerle ver al señor chino que no se escribe EMBANADILLAS sino empanadillas; al señor marroquí que no se escribe CARNECERÍA sino carnicería, y a los señores libaneses, que en el menú retroiluminado y emplazado en una caja de luz en la puerta no ha de poner BERENGENA sino berenjena.
¿Por qué esa mala fe? Me dirán los avispados lectores de Gachas que, probablemente, el rotulero tampoco sepa cómo se escriben esas palabras. Sí, "berengena" es una clara falta de ortografía propia de rotulistas, pero "embanadillas" no: ahí sí detecto maldad de la gorda.

miércoles, octubre 22, 2008

Gachas at the movies

No va mucho al cinemascope Gachas, ahora que tiene amigos con joum cinema y que ve pelis (y se las duerme) junto a ellos después de cenar, pero este domingo Gachas le propuso a su amiga P. un típico plan de domingo: ir a ver "la de Woody Allen" a los cines de Plaza Cubos y eso hicieron, acompañados de Q., a la sazón hermano de P.

Gachas ama a Woody con un amor ancestral que le impide por completo percatarse de sus múltiples defectos, pero en esta ocasión Gachas se frotó los ojos y pudo ver bien en letra bien grande que su ídolo flaquea un poquillo.

Aclaremos esto: probablemente sean prejuicios gachescos, pero de siempre se ha sabido que, por ejemplo, España no puede hacer cine de terror porque le salen cosas como Tuno negro, sin ir más lejos. Tampoco puede hacer westerns o ciencia-ficción: el objetivo de su cinematografía es rodar películas de diálogos lentos en los que salgan niñas que contemplan con la mirada perdida alguno de los muchos secarrales que poseen península e islas, o en las que salgan mujeres maduras-morenas-guapas tipo Silvia Munt o Charo López hablando de así no podemos seguir.
También puede España generar pelis de chuloplayas sin dos dedos de frente y de expresivas mujeres en jarras que dan gritos y que merecerían el clásico adjetivo de verduleras. España puede, sí, pero no Woody Allen.
Ha sido un gran fallo que Pe y Javier hablen en espanglish en Vicky Cristina, y que Scarlett y su amiga digan la palabra "Ouviedou" varias veces durante la cinta.
La principal acidez estomacal gachesca venía en momentos en los que Pe se ponía salerosa y parecía que iba a arrancar por bulerías de la puritita furia española que le entraba, por ejemplo cuando pronunció el "niñata de mierda". Y además a Gachas los ojillos perrunos caídos de Bardem pues no le gustan, pero ya digo que son meros prejuicios.

Antes de la peli ponían el trailer de Camino, la peli última de Fesser. Gachas confiesa que puede escribir esto porque ahora es de día, pero ese mismo domingo por la noche al llegar a casa, si bien quiso redactar esta crónica, tuvo que prescindir de hacerlo por el puro canguelo que le dio el trailer. Entre el repelús que siente Gachas hacia el Opus (si hubiera un grupo organizado que luchase contra esa institución, Gachas sería al menos tesorera), la grima y tembleque que dan siempre las pelis de hospitales, la niña guapetona doceañera que de repente se pone a lolitear y de repente sale postrada en la cama con collarín, y el gnomo ese verde que sale al fondo columpiándose en una escena (¿no lo vieron en el trailer? es terrorífico a la par que feo), Gachas salió del cine con un dolor de chola que después devino cuerpo revuelto y que concluyó en traumática vomitona una vez en casa. Así fue, amiguitos.

viernes, septiembre 19, 2008

Arte vegetal

Gachas, que está vaguza, se limitará hoy a dejar hablar a las imágenes, que son las principales portavoces de este siglo XXI que nos está matando de a poquito.

Van aquí tres fotos inenarrables tomadas en Mérida y cedidas por la generosa Miss Lejana y Sola. Chavales, lo podéis hacer todos desde casa.

sábado, septiembre 13, 2008

Cachas at Tiffany´s (II)

Gachas, con una fuerza de voluntad impropia de la generación vaguza a la que pertenece, sigue yendo a Pilates con alegría. El otro día incluso fue a una clase extra en la que en vez de monitora, había monitor.
La diferencia básica entre monitoras y monitores de Pilates está en que ellas dicen culete y ombliguín y ellos trasero y ombligo. La alusión al culo es frecuente en las clases de Pilates. Es más, es prácticamente imposible no mencionarlo durante la hora que dura la lección, así es que, desde el principio, Gachas se mantuvo atenta a su profesor que calzaba zapatos como de Julio Iglesias (entre zapatilla de piel y zapato así blandito de cordones para llevar sin calcetines en Puerto Banús), a ver en qué momento se veía obligado a soltar uno u otro sinónimos de culo. A veces, para esquivar esta terrrible palabra malsonantísima, los monitores y gentes del mundo del ejercicio dicen "glúteos", pero todos sabemos que esa es una manera escaqueante de referirse a lo que es el culo en sí. El monitor vespertino dijo con tranquilidad "trasero" cuando tuvo que hacerlo, y todos tan contentos.

viernes, septiembre 12, 2008

Oh, Misantropía


Gachas, que no es de ver tele, hoy mientras cenaba ha decidido poner Cuatro, pensando que el citado canal progresista le daría alguna satisfacción a su cerebrín esnob y gafapasta. Lo que ha pillado ha sido un reportaje sobre Zahara de los Atunes y sus gentes, no tanto sobre el turismo sino más sobre las personas auténticas y verdaderas que allí residen. A los cinco minutos de visionado, Gachas se ha dado cuenta de que ninguno de los participantes en el teledocumental le caía bien.

Como daban mucho juego, los reporteros han estado un buen rato grabando las ocurrencias y chascarrillos tan picantes como ininteligibles (de hecho, los tenían que subtitular) de un grupo de setentonas toscas que hablaban como Chiquito de la Calzada ("por la gloria de mi padre"; "er caló de aquí es máh juerte quel Nolotil", "mi marío es máh feo que la asadura de un perro" etc). Lo curioso es que Gachas , si bien es fan ultrafan de Chiquito, cuando se acerca a las fuentes atávicas de las que él mamó para ser quien es, se incomoda sobremanera y entra un poquito en conflicto gafapastoso.
Luego de ver los bailes y la expresión popular de las buenas señoras batifloreadas (muy de Volver de Almodóvar pero menos enjutas, menos manchegas , y a cambio más extrovertidas, vive Dios que sí), la reportera, siempre amable y conciliadora, nos ha llevado a ver los animales (águilas, perros) que unos muchachos guardan en un secarral de por allí. Los chavales se quejaban de que el Ayuntamiento no pone las pistas de pádel que prometió y en invierno aquello da un tánatos que paqué, de ahí que se vean obligados a practicar la cetrería y la cría de perros. La verdad es que eran bastante más dignos que las señoras mayores, a juicio de Gachas, que prefiere la moderación en la expresión (de hecho, una cantaora con la que tuvo que trabajar Gachas cuando fue gestora cultural le dijo a ésta: "tú es que eres mu entrevertía", queriéndole hacer ver a Gachas lo poco que exteriorizaba sus sentimientos). Pues eso, que uno de los muchachos, con el dedo índice estirado para que sobre él se posara su águila, cariñosamente se dirigía a ella como "putona" ("dónde vas tú, putona, ven pacá") mientras le contaba anécdotas a la periodista.

Después, la reportera charló con una muchacha del extrarradio madrileño que veranea allí desde hace 5 años en un apartamento que le sale a 1500 euritos al mes. A Gachas ni siquiera la chica joven de su ciudad le cayó bien, básicamente porque decía "zotea" ("El gato éste siempre está saltando de zotea en zotea").
Pero el odio acérrimo gachuno se ha focalizado en la reportera, en especial cuando ha invitado a los telespectadores a entrar a la caseta donde vive un extraño ser con su anciana tía. Lo tienen todo revuelto y hecho un asquete, la nevera la usan de armarito (había dentro cepillos de pelo, tubos de crema etc) y, por si alguien quisiera agredirles, el buen señor esconde una especie de fémur de mamut bajo el sofá para desquitarse con los desconocidos. Ni siquiera ahí la répor ha hecho ningún aspaviento: ha seguido hablando en su tonillo conciliador haciéndole ver pedagógicamente al loco del pueblo que no es plan de ir pegando con un palo a todo el que se mee en su parcela ("Oiga, no está bien que haga eso. Tenga cuidado, por favor" o algo así de inútil le ha dicho).

Snif. Qué dañino es para el alma gachesca no poder corear Viva la Gente lo a menudo que una quisiera.

domingo, septiembre 07, 2008

Blackberri Eguna



El día de tener Blackberry les llega a todos, incluida Gachas, que la obtuvo GRATIS merced a la fidelidad que le une a su compañía de telefonía móvil Orange (Gachas es más fiel a Orange que un caballito de mar a su yegüita de mar: se afilió cuando aún se llamaba AMENA y ahí sigue, y no por satisfacción sino por pura pereza de cambiar). A lo que vamos: para cualquier produzto hay ahora planes renove, y Gachas aprovechó el renove orangesco (¿el renove cítrico, debería decir?) para hacerse con un tochaco de blackberry gratis y por ende, con una tarifa para que los mails le lleguen a ésta.
Pues bien: como siempre, Gachas, que debe de irradiar alguna feromona antimicrochípica, ha tenido problemas con la Blasberry. Tan grandes han sido los susodichos que hasta la joven del servicio técnico de Orange ("¿en qué puedo ayudarle, Sta. Gachas?"), tras llamar Gachas por tercera vez el mismo día, le ha sugerido que la devuelva (Gachas está dentro de la semana de prueba) y que se haga con otra rapidito, que esa es como de Tómbola Hnos. Carrasco.

Así entre nosotros, la Blackberry es fea como un demonio, pero a Gachas casi que le daba morbete tener ese parato exageradamente ancho, con esas teclillas que parecen dientes apiñaos, con esa fealdad pantallil (tendrían vds. que ver el block de notas: una mera pantalla blanca con letra courier new y a correr: parece MS-DOS). Y además, a Blackberry regalada, no le mires el diente, pensaba Gachas, pero una cosa es el feismo endógeno blackberriano y otra el que la agenda de contactos de yahoo (unos 300, no todos ultraamigos pero sí contactos) no se cargue y Gachas tenga que meterla a dedo, ¿no les parece?

Mañana será un día doloroso para Gachas: Vendrá un sito de SEUR, recogerá el paquete abierto y Gachas se despedirá de su ni-tan-siquiera-estrenada Blackberry, que no sabemos si será triturada junto a Rolex falsos y otras Blackberries handicapped, o si será endilgada a otro consumidor que no se cosque de la problemática que trae consigo (porque llegar los correos, llegan, pero no se pueden escribir sino tecleando la dirección letrita por letrita).

Y vuelta a llamar al plan renove, a aclarar que le vuelvan a reintegrar los puntos (eufemismo de "Euros") por antigüedad y todo ese rosario de acciones propias de la posmodernidad y de Baudrillard, Zizek y la madre que los parió a todos, que son los verdaderos culpables de que esto suceda.

miércoles, agosto 27, 2008

Tentáculos

Gachas hace trampa: postea estas fotos que no son de su autoría sino de la de su amigo O. A. y además hace creer a sus atentos lectores que las ha tomado en este viaje, cuando en realidad son de 2007.

En cualquier caso, qué más dará, si son dos pedazos de testimonios que valen un potosí. Es Espe desde el más allá, desde ultramar, que trata de conquistar el mundo. Espe es un poco Condoleezza, me temo.
Les dejo con las fotos:


lunes, agosto 25, 2008


Gachas at hoteles con encanto




Había que dedicar en algún momento un post al concepto “hotel boutique” u hotel con encanto, pero para ello, había que probarlos.
Gachas ha estado todo el mes de agosto de hotelaco tocho en hotelaco tocho pagado por la organización, y ahora, en sus últimas 2 noches en Buenos Aires, ya por su cuenta, se ha pillado uno de los boutique. Gachas era consciente de que elegir este hotel y portar la etiqueta de burguesa bohemia era prácticamente simultáneo, pero así lo asumió y aquí está.
El hotelito tiene 10 habitaciones: es una casa porteña con su patio y su canesú y no pone a la entrada ostentosamente “HOTEL”. La idea es que te sientas como en casa, pero más bien como en casa de tus padres: la señorita que atiende por la mañana, a la que llamaremos Graciela para no vulnerar su identidad tiene a Gachas fiscalizadita con sus “No te puedo creer: ¡salís re-pronto!”. “Sos tremenda: no parás ni un minuto”. Lo peor fue el primer día cuando Gachas, recién llegada, ya quería irse con ansias a sus citas con personas y a dar paseos. Graciela, que no comprendía por qué Gachas no prefería pasar l´après-midi en el precioso hotel boutique de sillas todas desiguales y espejos con marco barroquista, le pone las manos en sus hombros gachescos y le dice: “Y ahora te voy a pedir un único favor, Gachas” (Gachas pensó que se trataba de dinero), “Relajate, calmate y disfrutá: estáh de vacasiones”. A Gachas esto le genero tal ansiedad y nerviosismo que salió escopetá de allí cuidándose muy mucho de no volver hasta la noche, cuando hubiera terminado la jornada laboral de la susodicha. Hoy, por fortuna, Graciela libra y Gachas se siente mucho más tranquila desayunando en el saloncito mono con la dueña del hotel (se ve que es la dueña porque anoche trajo a su hijo catorceañero y a un amiguito suyo a dormir a sus dependencias, y les puso de cena (en el mismo saloncito del desayuno) filete empanao con queso). La dueña del hotel no se siente en la obligación de hablar y entretener a Gachas, lo cual no saben cuánto alivia a esta última.
Lo verdaderamente sorprendente de todo esto es que los demás residentes del hotel parecen valorar mucho las atenciones y el trato de Graciela. Gachas ha estado hojeando el libro de firmas del hotel y ha visto lo unánime que resulta la impresión del viajero acerca de aquella: "Great location. Very cozy hotel. Graciela is very nice!" o "Gracias por hacer que nunca olvidemos nuestra maravillosa estadía en Buenos Aires. Y en especial a Graciela por su amabilidad. Saludos de Néstor y Gloria María, Bogotá."

Como observarán, el concepto “pensión” o su modalidad británica, bed and breakfast, sobrevuelan la lectura de este post. Obviamente, los precios son mucho más elevados que los de esos lugares, porque la florsita seca y la jofainita se cotizan altísimo en el mercado de valores de la hotelería. Ahora, eso sí, en la reforma de la casa vieja de barrio con patio, han puesto mal las juntas y por algunas zonas entra una rajca de aquí te espero. Y no hay encimera como Dios manda en el lavabo: no tienen encanto las encimeras pero, y lo prácticas que son, Señor.

martes, agosto 12, 2008

El juego de las tres diferencias



Como el tiempo es elástico, Gachas vuelve atrás y recuerda unas cuantas cositas de las vividas en Córdoba, Argentina. Por ejemplo, juguemos a adivinar dónde se hallan los tres elementos que hacen diferente esta clase o evento en una facultad argentina de Ciencias de la Información del que tendría lugar en su homóloga Complutense, por ejemplo.

(Solución (pero imagínense que está escrita al revés, como en los pasatiempos): Niña, Perro, Equipo de Mate).

Divertido fue asistir a una presentación de libro académico, volver a experimentar las sillas con apoyabrazo, escuchar a la gente hablando de redes de comunicación, de paradigmas y de cosas así con terminología de ciencias sociales. Y el perrito en el aula, paseándose como Perro por su casa; y la niña hija de un ponente también por allí, y el omnipresente mate en un apoyabrazo.

Y ahora otra fotito más de una divertida bebida refrescante argentina:



Así se llama, no porque sea un alegato contra la fiesta nacional ibérica, sino porque hace mención al lugar donde las reses se paran a abrevar. Se arma, como ven, una bonita analogía entre la sed toruna y la humana. Las hay de dos sabores: tónica y pomelo, y la manera de pedirlas es: "Por favor, deme una Paso de los Toros tónica" o "una Paso de los Toros pomelo". Y NO, como creía Gachas: "Una Paso de Pomelo" o "Una tónica de los toros".
La palta no falta

¡Cuánta palta (misma cosa que aguacate) se come en Chile, amiguitos!
Ayer, sin ir más lejos, Gachas, a lo tonto, se metió UNA palta entera para su cuerpo gachesco. La cosa es que cualquier plato viene empaltecido: pides una ensaladita con algo de palta y...zas, te ponen media, bien cortadita en lonjas. Pides un sandwich y, si quieres, también puede llevar su buena dosis de palta (a la que le añaden mayonesa en un alarde de cremosidad a mi juicio excesivo). En fin, que esquivar la palta en Chile es todo un trabajo. Es como pedirse unas tapas de boquerones en vinagre y gambas al ajillo y tratar de retirar el ajo a toda costa.

Gachas se está autoengañando mazo en Chile con respecto a su dieta: cree estar medio a régimen porque a mediodía se pidió un pejcadito plancha (reineta se llamaba, nada que ver con su homónima manzana, pero rico) y una ensalada con, obviamente, media palta; y como se cenó una ensalada de palmito, tomate, judía verde y, de nuevo media palta, su conciencia está tranquila, pero a nada que recuerda el libro de los points de Weight Watchers (Weight Watchers y su sistema de contar las calorías mediante points están pidiendo una entrada en este blog hace siglos), se da cuenta de la cruda reality: un aguacate tiene como 800 calorías. Impídanle a Gachas seguir con su vicio; háganle salir de esta espiral de autoengaño y mantecosidad.

domingo, agosto 10, 2008

Gachas y las variantes dialectales

Gachas, ya en Santi de Chile, se acuerda hoy más que nunca de Guadalupe Enríquez, la presentadora de 300 Millones, aquel programa de la infancia gachesca que pretendía hacernos creer que todos, ejpañoles y latinoamericanos, hablamos la misma lengua: se conoce que Lupe Enríquez no había viajado nunca a este país estrechito y largo que es Chile. Gachas retransmite ahora desde el lobby ( cayó en desuso la palabra "jol") del hotel donde se aloja, a la espera de que le asignen habitación.
Como ha llegado ultrapronto y no le dejaban entrar aún a su chambre, Gachas, muertadambre tras el vuelo (Córdoba-Santiago), ha ido a zamparse un sandwich a un popular lugar llamado Lomit´s. El Lomit´s está decorado con motivos tiroleses (ya saben: listones de maderita barnizada, manteles rojos, sillas de madera tocha oscura, motivos verdes, punto de cruz...) y sirve, entre otras cosas, perritos calientes (Gachas teme que sus propietarios sean ancianos nazis refugiados en Chile tiempo ha, como tantos otros que residen en el Cono Sur).
Bueno, a lo que vamos: el buen camarero así mayor, con solera, le ha dado la carta para que eligiera y ahí Gachas se ha visto en problemas. El menú de sandwiches era admirablemente amplio, sí, y sus microvariantes ("con un ingrediente agregado", "con dos", "completo"...) eran muchas también, pero el problema a la hora de elegir se acrecentaba por el hecho de que Gachas no entendía la terminología sandwichística chilena, y tres cuartos de lo mismo le ocurría con la de las bebidas.


Así, Gachas pudo optar, además de por los ricos "lomitos" que dan nombre (sajonizado) al local, por sandwiches en "frica, molde o marraqueta", y otros modelos de sandwich y platos como "ave chacarera", "Barros Luco en ave", "chimilico", "Barros Jarpa", "aliado" o "machas a la parmesana en paila". Entre las refrescantes (o no, quién sabe), bebidas, Gachas dudaba entre schops y garzas (copón mediano, blanco o negro), socos de manzana, bajativos (parecen ser aguardientes o chupitos) y bebidas desechables, que sí ofrecían una aclaración: se trataba de coca cola, fanta y otros refrescos (¿desechable la bebida porque luego se expulsa por la vejiga? (como todas las demás, en realidad), ¿o desechable el envase que las contiene? (¿y eso qué más le da al cliente de Lomit´s?).
Respecto a los postres, Gachas se ha quedado con ganas de probar la "chirimoya alegre" y la torta de "hojarasca manjar nuez" o de "merengue lúcuma". Finalmente se ha pedido un sangüis de lomo de ternera con tomate en pan bimbo, un zumo de naranja natural ("vitamina de naranja") y listos.

Gachas en realidad sí contaba con un saber al respecto: el Barros Luco es como un pepito de ternera con queso fundido servido en pan de hamburguesa. Y debe su nombre a un antiguo presidente chileno. El Barros Jarpa, tres cuartos de lo mismo: lleva el nombre de un ex ministro. Imaginen el paralelismo: un camarero ibérico gritando "que sean tres Fraga Iribarnes y un Caalvo-Sotelo sin cebollaaa, marchando". Así sonaría.



Tras la ingesta del sandwich, Gachas ha disfrutado de las amenities del hotel que, para compensar la tardanza en entregar las habitaciones, permite a sus clientes tomar café, galletitas y fruta gratis de nuevo en el lobby.
Gachas no está segura de si la bandeja de fruta está ahí de verdad para ser ingerida o si su función es meramente ornamental: hay una piña entera coronándolo todo (dudo que algún cliente empuñe un cuchillo y empiece a cortarle el penacho), unos kiwis y naranjas cortados por la mitad con bordes almenados en zigzag y otras frutas para hacer bulto. Gachas ha sido aguerrida y, en un alarde de "como esto es gratis, yo me lanzo", se ha zampado un higo ex chumbo (le habían quitado los pinchos) cuyas pepitas interiores, de tan duras, se acercaban a la munición, y una fruta cuyo nombre desconoce: ni papaya, ni mango, ni ciruela, ni melón pero todo eso junto más o menos, y un poco más soso que la suma de esos ingredientes. Gachas, en serio, teme haberse comido el típico fruto de adorno que en realidad no se come porque provoca fuertes descomposiciones o similar.

(Información actualizada: un amable camarero le ha contado a Gachas que lo que acaba de ingerir es un pepino dulce, que tranquila, que es perfectamente comestible. Así se llama la cosa, pero forma de pepino les garantizo que no tenía).

jueves, agosto 07, 2008

El paraíso existe

Gachas hace un pequeño inciso en sus crónicas argies para volver al tema por antonomasia: El CALDO ANETO. La simpática D. M. le ha mandado unas fotos desde Artés (¿Barcelona? bueno, Cataluña en cualquier caso) frente a la fábrica del alimento envasado favorito de Gachas y, a este paso, de muchos de ustedes que ya han caído en sus dulces garras.
Por ahora Gachas colgará la foto de la fábrica solamente. Prontamente photoshopeará la foto en la que aparece D. con su amigo también D. para que no se reconozcan sus identidades y la subirá también, a modo de homenaje, a este su blog mío y de ustedes.

El fabuloso universo del mate (cap. 2)

Gachas quiere seguir hablándoles del tema mate y de sus adminículos fascinantes.
El otro día, en el taller que dio Gachas en Rosario, una simpática joven apareció acarreando su llamado "equipo de mate", consistente en un bolso rectangular con cremallera, de interior mullidito, en el que llevaba un termo de litro (importante: el termo ha de tener un pitorrillo para que el agua pueda enchufarse directamente en la zona deseada), un taper con la yerba (importante también: el taper debe tener también un dispositivo para que la yerba pueda enchufarse en el recipiente sin que se salga fuera la mitad), el mate y la bombilla.
Con este cargamento, además de la carpeta, los bolis, el móvil y algún libro, van muchos jóvenes argentinos a clase. Gachas MUERE por pasear por Malasaña o los aledaños de Casa Encendida con su correspondiente equipo de mate, pero Gachas a la vez sabe, sniff, que la impostura se paga cara y que la poca naturalidad con la que ella manejaría todos esos cacharros, la etiquetaría inmediatamente como "payasa" o, peor aún, "la pedorra esa que se hace el mate en la calle" (porque sus compatriotas ibéricos no emplearían la expresión "cebarse el mate"). Como saben, España es cruel con sus habitantes y aprovecharía cualquier error gachesco, cualquier derramamiento de yerba o agua casi hirviendo en el suelo para apuntar con el dedo a Gachas y detectar que ella no es una bebedora auténtica de mate, si es que existe la clasificación anterior. Pero denle tiempo a Gachas: esperen que se haga adicta de verdad y que coja soltura y, cuando vean a una muchacha por Madrid con un bolso gigante lleno de táperes, termos, bombillas y demás recipientes, salúdenla: será, con seguridad, Gachas.

martes, agosto 05, 2008

Gachas chupa




Amiguitos, ya integrada totalmente en el invierno argentino, Gachas vuelve a la carga tras unos problemillas de índole hacheteemeélica. Es decir, que de repente su propio blog, su propia gachedad, no permitía a Gachas postear nada, ni copipastear desde word ni otras variantes de subir texto a este mullido blog: todo se convertía en un documento html al que se le veían las costuras (los "strong" y todo eso).

Pero parece que ya pasó, aunque de repente el sitio se ha convertido en un lugar básico y sin recursos tipográficos ni nada nadita nada. En fin, al menos el contenido es el gachesco de siempre, para bien y para mal.

El título de este post tiene que ver con ese pedazo de icono de la argentinidad que todos conocen: el MATE. Gachas lleva dos, 2, dos sesiones de mate invitada por lugareños rosarinos (el mate es como la heroína o los porros: "solo no; con amigos sí"). En esa especie conosureña de ceremonia del té sin kimono, Gachas se ha mostrado sueltísima: cebar el mate lo que se dice cebarlo sólo lo ha hecho bajo atenta supervisión ("¿así?, ¿sigo mojando la yerba?, ¿debo echar el agua cerca de la bombilla?"), pero beber hasta que suena churrp churrp, eso lo ha hecho más de una vez y se le da megabien. Trucos que ha aprendido: a no agarrar con la mano la bombilla (amiguitos extramateros: la bombilla es la pajita metálica que se usa para chupar del bote), a dejar en el medio el recipiente (o mate) cuando ya no se puede chupar más porque no hay agua y suena churrp churrp.

Gachas fue obsequiada hace unos años por sus queridos S y J.C. con un mate de porongo (calabaza seca, ¿o es que voy a tener que explicarlo todo?) que ponía su nombre y que estaba decorado con motivos folklóricos latinoamericanos, si es que este adjetivo aporta algo a su imaginario. Gachas agradece mucho el regalo y tal, pero ahora que ya no es más una advenediza, se ve en la obligación de cambiar de recipiente y usar uno feote, o de madera tosca o de aluminio por fuera y madera por dentro. Adios a los recubiertos de piel de potro o cuero bruñido. Adios a los de culo de plata repujada. Eso es tremendamente para turistas que, una vez en sus casas de Heidelberg o Lille, lo colocarán en una vitrina hasta nueva orden. Gachas no: Gachas va a llegar a Madrid y, nada más depositar las flamantes maletas de cuatro ruedas (cada una) que ahora posee, va a poner la kettle para cebarse unos mates (ojo: que el agua nunca rompa a hervir). ¿Que con qué yerba? con la Rosamonte que tiene en casa desde el año del picor y que probablemente esté seca y no sirva.
Estamos en el aire

Aunque este post será colgado horas más tarde y ya desde Argentina, Gachas quiere cumplir el fuerte deseo de postear en directo desde Barajas. Ya parece que va a salir el vión, 26 horas más tarde de lo previsto. Gachas ve a la misma gente de ayer, casi todos repiten ropa. No es de extrañar: facturaron sus maletas y se quedaron sólo con el neceser en el hotel ese periférico donde los alojaron. No comprende bien Gachas los atuendos que la gente elige para pasar 12.40 horas en una aeronave con fuerte aire acondicionado: havaianas, trajes de sedilla babosa con caida, tops palabra de honor… ni una mala rebeca para cubrirse los hombros si hace frío.
Gachas ahora siente un poco de envidia de no haber compartido con ellos la cena de ayer y el desayuno, la comida y la cena de hoy. Gachas ve que han hecho pandi unos con otros: parejas de mediana edad con parejas de treintañeros; familias argentinas con enfermeras de Logroño que van conocer los glaciares y las cataratas etc. Se nota claramente en la sala de embarque (“Ché, los extrañé hoy en la cena; había un pescado muy rico”). A estas horas, si Gachas se hubiese quedado en el hotel Auditorium con el rebaño, se habría hecho con los mails de un montón de Marcelas, Hernanes y Gracielas. Dita sea.

Real time, 23.57: una gente canta la versión argentina del Cumpleaños feliz, que es, básicamente, “Que loh cuumpla fee-lis, que loh cuumpla fee-lis… etc”. Y la gente está de buen humor y ha aplaudido cuando la tripulación, toda vestida en navy blue, se ha dirigido a la aeronave.
Ya embarcamos las personas también. Hasta el siguiente post, amiguitos.

domingo, julio 27, 2008

El no-día de Gachas



El gobierno español ha enviado a Gachas en misión cultural especial a rular por Argentina y Chile este verano de aquí/invierno de allí. Gachas se las prometía muy felices llenando ayer por la mañana su maletita de jerseys que pican y de leotardos, pensando que hoy domingo a las 6 am hora argentina estaría en Buenos Aires, Aerolíneas Argentinas mediante.

Ilusa Gachas: el vuelo se postpuso para esta tarde, y probablemente salga más bien de madrugada, según tímidamente informan los teleoperatas porteños que la atienden desde el call-center aeroliniano (me confirman que a las 23.55, sniff). Pero Gachas no quiere entrar en lo indignante y tanático que resultó todo ayer y que sigue resultando hoy: hordas de personas esperando, escasa o nula información etc. Ayer Gachas, haciendo su hermosa cola de tres horacas para facturar en Barajas unas maletas que irán dentro de un vuelo que aún no ha salido (eso sí que es "early check-in"), pensaba que, por primera vez, se sentía participante de esos telediarios veraniegos donde aparece gente en terminales variadas de aeropuertos con el cutis cetrino y aquejado de deshidratación a punto de darle una guantá al personal de tierra de la compañía aérea que les quita impunemente días de jolideis. Sí, Gachas ha estado casi 3 horas rodeada de esas personas, en su mayoría argentinas; Gachas ha oido por doquier "puta que lo parió" y "la concha de su madre" como modalidad de queja oral, y bastantes "no hay derecho", "esto es una vergüenza", proferidos por compatriotas gachescos.

La opción era "reubicar" a los pasajeros en un hotel de esos finos pero en medio de la nada, casi moteles, donde suelen pernoctar los que ponen stands en la Feria Internacional de la Bisutería de IFEMA. Gachas, que es gafapasta, ha leído no pocos escritos de arquitectos y urbanistas contemporáneos que hablan de este tipo de no-lugares del mundo de hoy, tanto aeropuertos como hoteles periféricos, autopistas o superficies comerciales anodinas. Como a Gachas le daba un tánatos soberano estarse ahí encerrada hasta hoy por la tarde, ha optado por venirse al sí-lugar por antonomasia: su casita gachesca, pero ha pagado un alto precio por ello: al no estar con el rebaño de pasajeros y necesitar comprobar cíclicamente información sobre la hora verdadera de salida del vuelo, su día ha quedado convertido en un no-día que ha incluido levantarse a las 5. am, estar hora y media al teléfono por ver si Aerolíneas o AENA sabían decirle algo, una excursioncita a Barajas por si acaso y una comida compuesta por espinacas congeladas y posteriormente hervidas, que era lo único que Gachas tenía en el frigorífico para echarse a la boca.
Si algún día el vuelo sale, Gachas hará su bonita crónica conosureña desde este su blog, que es también el blog de ustedes.

viernes, julio 25, 2008

Gachas y la monitora

Gachas, que está en sus late thirties, ha empezado, como tantas mujercillas en sus late thirties, a ir a Pilates. Inmediatamente ha quedado abducida por la gran profesionalidad de la monitora y se ha apuntado ya para septiembre con la misma (eh, a no pensar que Gachas entiende y tal: que no pasaría nada, en el clima de tolerancia en que vivimos, pero que no es el caso).

La monitora tiene voz de monitora, ademanes de monitora y vocabulario de monitora. Emplea giros con el verbo en primera de plural y quitando el artículo cuando se refiere a partes del cuerpo: "flexionamos rodillas" o "contraemos glúteos". Esa primera de plural hace que las alugnas se sientan como que pertenecen a algo, como cercanas y similares a la cachas monitora, a la sazón bronceadita pero no a una intensidad ordinaria y chusca.
Gachas ha aprendido que la especie de camilla con adminículos extraños (muelles, agarrador como de trapecio circense, etc) se llama "el reformer", y contiene elementos como los manerales, el cajón, la plataforma y muchos otros. Además y por primera vez en su vida, Gachas ha interactuado con un balón gigante como los de Nivea que tiraban los aviones en Playa San Juan-Alicante, pero más clarito de color y más boing-boing. Gachas se sintió , aunque sólo por unos instantes, como el simpático animalillo que se sube encima, hace equilibrios y su domador le tira unos pejcaditos crudos cuando lo hace bien.
La modalidad de Pilates que hace Gachas se llama "pilates máquina con cardio". La sección cardio implica subirse a una zona del jinasio donde hay bicis, máquinas como de esquí, steps y cosas así. Allí pasan las alumnas unos 20 minutos sudando como gallináceas hasta que la majérrima y paciente monitora les dice que estiren cuádriceps, que suban la espalda formando un arco y que cada una a su casa, y así prosigue su vida hora tras hora (la de la monitora, no la de Gachas, que sólo va 2 días por semana).

Gachas se juega su cuello gachesco de 7 vértebras ("relajamos cuello") a que más de una persona con chalés espacioso se ha comprado la maquinota esa por Navidad, como quien se compró la ciclostatic en su día, y la ha usado una media de 2 veces por cuatrimestre, aunque asegure que la encuentra utilísima y aún no le haya dado por pensar que en qué mala hora se compró ese cacharro, que parece primo hermano de la licuadora moulinex y de la yogurtera braun en lo que se refiere a utilidad.

miércoles, julio 09, 2008

GACHAS CON FLUVI



Amiguitos, por si no lo saben, Gachas lleva luchando para que no se despilfarre agua desde que estaba en primero de carrera, hace unos dieciocho añazos. Esta anézdota ya la ha contado en el blog, pero vuelve a hacerlo para entroncarla con una reciente: resulta que el Canal de Isa the Second ya en aquel momento estaba preocupado por el tema sequía; el ABC ya sacaba sus portadas de suelos yermos y agrietados con calaveras de vaca sobre ellos... en fin, que aunque no había Expo de Zaragoza, la angustia ya se cernía sobre nosotros.

Dicho Canal instaba a los madrileños a llamar por teléfono a sus oficinas para denunciar cualquier fuga o despilfarro de agua en la vía pública (no valía por aquel entonces llamarlos porque la vecina Mari Luz dejara corriendo el grifo mucho rato, por ejemplo). Gachas, que hace todo de modo compulsivo si nadie se lo impide (sí, todo, todo), llamaba cada dos por tres desde las cabinas de telefónica (recuerden: el móvil era un objeto infrecuente) en las que se quedaban atascados los duros de Franco y las de veinticinco día sí día también para avisar de cosas tipo: "oiga, Canal, que en la esquina de las calles Guzmán el Bueno y Andrés Mellado (¿son perpendiculares?) hay una boca de riego que no hace más que soltar agua".
Por esta acción, Gachas lo más que recibió fue una serie de cartas agradeciéndole su alto nivel de ciudadanía, nada de una cantimplora de regalo o similar, con la ilusión que le hubiese hecho.

A lo que vamos: Gachas no ejcarmienta y sigue, hoy más que nunca, con su preocupación por la falta de agua y con su compulsión hacia la protesta y la denuncia. Esto le ha llevado a escribir al mismísimo Ayuntamiento de Lanjarón, provincia de Granada, donde además de producir agua embotellada, despilfarran litros y litros de la misma en las fiestas patronales sin que nadie haga nada al respecto (aquí la lógica ibérica seguro que impera: "vale, hay que ahorrar agua, pero esta agua de las fiestas es de nuestro pueblo y hacemos con ella lo que nos da la gana" o similar). Gachas siente que esos SEIS MILLONES de litros de agua tirada así a lo tonto son como las cabras que antaño se arrojaban desde los campanarios.
En cualquier caso, Gachas ha recibido la respuesta de uno de los trabajadores del ayuntamiento (o de la web del ayuntamiento), y aquí abajo la pega y ya se va a dormir dicho esto, porque más no puede hacer (lo que querría de verdad hacer la llevaría directa al talego, básicamente):

Ésa es una preocupación permanente de muchas personas. Pero creo que no es problema, ya que el agua se toma de las acequias que pasan por encima del pueblo y acaba volviendo a las mismas acequias pero por debajo del pueblo (el agua se va por los sumideros de las calles). La única agua que se desperdicia será la equivalente a regar la calle, como se hace periódicamente en muchos sitios. Yo no soy fanático de esa fiesta (hace más de 10 años que no salgo), pero sinceramente creo que no hay tal derroche de agua como muchos dicen. El agua que no se gasta de esa forma acaba en dos sitios: en las mismas acequias o en las botellas de Aguas de Lanjaron (propiedad de Fonvella), así es que personalmente prefiero que vaya a las acequias. No sé si aporto algo a lo que comentas.

(Señor de la web de Lanjarón dixit)

sábado, julio 05, 2008

Gachas fuera de la ley


Tres años, tres, llevaba Gachas de retraso en el cambio reglamentario de la goma de su cocina de gas. Recibía constantes cartas de Gas Natural afeándole su conduzta y cosas así, hasta que en este tonto mes de julio decidió ponerse manos a la obra y llamar a un Monsieur Fontanero o similar: un operario de la tienda de saneamientos cercana al domicilio gachesco. Hoy vino el susodicho con su tradicional actitud fontaneril: ponía pegas a todo, hacía ver que la operación de cambio de goma podría ser tan compleja y larga como un trasplante de hígado, agitaba la mano de arriba a abajo mientras emitia un "fiuii" que indicaba lo complicado del asunto y demás lindezas. Imagínense un cirujano que hiciese lo propio delante del paciente: asustaditos los tendría a todos.

Pero como Gachas se conoce a los fontaneros y a los fumigadores-que-echan-produzto como si los hubiera parido, sabía que tanto aspaviento no implicaba verdaderas complicaciones y que en menos de 20 minutos la goma estaría cambiada. Y eso que el hombre tuvo que soldar para meter la tetina y unir el machón (??????) y todo.

El comienzo de la tarea del buen señor coincidió con el de una melodía tipo OT. Gachas quiso creer que era el móvil del fontanata, pero al prolongarse en exceso la canción tuvo que ir asumiendo lo peor: Mr. Plumber se había traído el transistor para amenizar sus tareas, y por ende Gachas tuvo banda sonora de Kiss FM durante el rato que duró la soldadura. Allí tan a gusto estuvieron los dos por la mañana, Mr. Plumber soldando, quitando tetinas y machones y Gachas, en la habitación contigua, dándole al procesador de textos con musiquita alegre y democrática de fondo.

lunes, junio 30, 2008

De lo pastoso en todas sus variantes

No sé si a ustedes les pasa pero Gachas acaba combinando siempre tecnología + inframundo pastoso lo quiera o no. Es decir: está Gachas escaneando una hoja a la que a mano le añade un comentario y se da cuenta de que dicho comentario está tójcamente manuscrito y hay que pasarlo a limpio. Momento EGB: abre Gachas el cajón donde tiene los productos añejos de papelería y elige la cinta borradora Pritt (sí hombre, la que lleva como un sistema que parece un cinexín para ir tirando de cinta). En teoría dicha cinta blanca funcionaba como un TippEx más sofisticado: se evitaban de este modo los grumos y el documento corregido no parecía pintado con gotelé. A raíz de eso Gachas ha aprendido hoy que ese tipo de producto también es perecedero: aquello está amojamao como él solo y no pinta ni borra ni nada similar.
Gachas ha probado después con el TippEx de toda la vida y, en efecto, se ha producido lo del gotelé que citaba más arriba. Como buenamente ha podido, Gachas se ha abierto camino con la punta de su boli entre la masa blanquecina para escribir las cuatro palabricas que quería y punto.

viernes, junio 20, 2008

Gachas y las aguas divertidas


Amics y amigues: que sí, que ya le vale a Gachas, mes y pico sin postear, pero todo tiene una explicación. En este caso la explicación es que Gachas estuvo, tras su retiro rural gringo, unos díitas en Nuevallorca, como era predecible, y no sé a ustedes, pero a Gachas le parece insufrible la típica crónica de madrileña/o en Nuevallorca, que parece siempre que son los únicos que han hecho las américas y tratan al personal con una sobradez que dan asquete.
Para no caer en eso, Gachas se mordió la lengua y se abstuvo de comentarles aquí lo que vio y dejó de ver, por el bien de todos y de ella misma. Pero Gachas vuelve por enésima vez y esta vez con un tema de interés general: las aguas saborizadas, en concreto las nuevas Font Vella.

Va Gachas, hace la compra tocha por internet (la típica que incluye 16 rollos de papel higiénico en envase con asa) y el supermercao la premia (o la castiga, según se mire), con 3 Font Vellas de litroymedio saborizadas.
Gachas abrió la de té verde con grandes esperanzas, tal que haría Dickens en su tiempo. Una vez más, la decepción fue más que absoluta (atención, gente de ciencia, ¿es posible algo superior al absoluto?). Fatalérrima el agua sabor té verde porque, básicamente, NO SABE a té verde sino a ambientador de manzana. ¿Por qué lo llaman té verde cuando quieren decir ambi pur de manzana? ¿Y por qué la hacen con el tapón verde y todo, que parece más bien una botella de fregasuelos? (así lee siempre Gachas que se escribe el nombre de ese producto, ergo así lo escribe ella). Gachas lleva una semana tratando de acabarse el líquido verde sin sentir, tratando de no sacarle el parecido con un burman flash líquido (nacidos más allá del 80 y antes del 60, ¿conocen ese producto?).

La otra agua (así se dice, no "el otro agua";de veras: hagan caso a Gachas) que probó Gachas era la de melocotón con naranja y, una vez más, el alma gachuna se le cayó a los pies: sabe a aspirina infantil disuelta en agua, ni más ni menos. No hay duda posible: pruébenla ustedes y me dirán si no les recuerda a sus tiempos de dolores de muelas y catarros infantiles.

A Gachas le quedan aún 2 aguas saborizadas sin abrir (eh, que las cuentas le salen: le regalaron 3 pero la de melocotón y naranja la probó en otro lugar, en casa de amiguitos, y no entra en el pack promoción). Las que faltan son Roiboos con no sé qué y limón. Gachas ya visualiza papilarmente la analogía: la de limón será de nuevo un burman flash o una gominola de las que no llevan granos de azúcar por encima, y la de roiboos sabrá a frambuesa o a mora, porque los señores Fontvellos temen mucho cualquier sabor inusual: parecen arriesgados con su té verde y su roiboos pero en realidad es sólo de boquilla y el aroma artificial es el mismo del frigo dedo y del calippo. No somos ná.

Y Gachas se pregunta: ¿cuál es el problema del sabor del agua sin saborizar? ¿De dónde viene ese horror vacui gustativo repentino ante la humilde agua, que toda la vida ha cumplido con gusto su función de saciar la sed y nadie se ha quejado de ella nunca? Se abre aquí un espacio para la reflexión.

sábado, mayo 03, 2008

DISCOVERY GACHAS

Gachas sigue descubriendo pequeñas cosillas estadounidenses y sorprendiéndose ante ellas. Véase:

- El estampado pixelado de los uniformes de camuflaje del ejército de tierra de los EE.UU.: es, de lejos, el típico estampado así de distintos verdes, pardos, grises y tal, pero te acercas más y lo ves como Enjuto Mojamuto cuando está en GIF, todo pixelado. ¿Será mero diseño, o estrategia sofisticada?

Aquí el artículo detallado de la wikipedia sobre dicho uniforme:


- La insalubre mezcla que desayunó hoy un señor invitado unos días en la gran casa donde vive Gachas en el campo: yogur con cereales y el zumo de naranja de tetrabrick también dentro del bol, mejclao todo, con lo cual el mejunje resultaba aparte de nocivo para la salud (¿no ve usté que el yogur se corta ante la presencia del cítrico?), visualmente repugnante.

- Los injertos de Conguito-Smartie pero rellenos no de cacahuete sino de pipas de cine de verano peladas. Es decir: pipa de girasol+chocolate del peor+capa de laca de colores. Ahora, bonitos son un rato, los condenaos: colores vivísimos y bien conseguidos.

- Lo de la banderita de los buzones campestres (sí, hombre, los típicos buzones pinchados en un palo de madera): Gachas será ignorante pero no sabía que si les subes la banderita roja que poseen, eso le indica al cartero que has dejado dentro una carta para que se la lleve y la reparta.



Sonó la campana

... y la clase de Gachas en la jesuítica universidad de Fordham se terminó. Todo fue muy bien, he de decirles. Las instalaciones, estupendas. Las pizarras (no blackboards sino whiteboards porque eran Welleda) se borraban bien y no quedaban marcas de retu desvaídas sobre ellas. Vendían en la limpísima cafetería cafés sabor vainilla, que Gachas aprovechó para probar, obviamente.
El amigo Professor de Gachas avisó a ésta de que la clase no era obligatoria, con lo cual había un fuerte riesgo de deserción (¡como en el país natal de Gachas!). Finalmente no fue así: de 25 vinieron como 14, un número muy apropiado para que Gachas no se sintiera ni hablándole a un pasmarote ni agobiada ante el grupo humano juvenil estadounidense (también había en el aula la típica señora mayor que se apunta a estudiar cosas de letras al jubilarse: maja, con acento entre latinoamericano y ultrayanqui).

Todo se desarrolló en un correcto castellano (más correcto el de Gachas que el de los chiquillos, a decir verdad), y, para decepción de algunos de ustedes (de Sallanworld, sobre todo), Gachas confiesa aquí que NO escribió su nombre en la pizarra para presentarse y después lo subrayó. No lo hizo porque no venía a cuento (su amigo y professor la presentaba), pero sí aprovechó para escribir un par de nombres de escritores y también la palabra "Flâneur" (se fueron a dormir esos chiquillos anoche con un término nuevo en la cabeza, esencial para su formación ) , y para dibujar una especie de máquina como esas de los tebeos donde entraba la carne picada por un lado y por el otro salían ristras de chorizos. Pues esa misma imaginaria máquina, muy del Profesor Franz de Copenhague, dibujó Gachas en la pizarra (sin los chorizos) para explicar cosas relacionadas con el input, el output, con cómo se procesa en el cerebrín literario la realidad que entra. Luego Gachas, una vez que acabó la clase, vio su propio dibujo y quedó un poco avergonzada ante lo rústico de aquel.

Tema ingesta del alumnado: nada, apenas unas patatillas de bolsa (pero ya los estertores de la bolsa, no es que la alumna se abriera las Ruffles sabor jamón allí en medio. Sólo rebañó unas cuantas escamillas y ya) y los consabidos cafés en vaso de cartón (eso Gachas lo daba por sentadísimo). Y muchos Macs y Toshibas en el aula, claro (quizá esto lo haya hoy en día hasta en la Universidad de Teruel: es que Gachas hace mucho que dejó las aulas y en sus tiempos lo más sofisticado que se llevaba era el clasificador Saro con gomas).

Salió Gachas contenta de la universidad, sita al lado del Lincoln Center, con sensación de haber cumplido una misión y de haber contribuido al progreso de América.

miércoles, abril 30, 2008

Professor Ms. Gachas en acción

Amiguitos: grandes nervios ante la inminente clase o lecture que Gachas ha de dar en una Universidad de Nuevallorca el viernes. Cuando un amigo de Gachas, que es profe en la sección de literatura española en dicho centro le propuso a Gachas participar en una clase (en castellano), Gachas dudó: sabía que le iba a estar doliendo el estómago durante los 3 días previos al evento; sabía que iba a tener que tomarse un tranxilium esa mañana, pero a la vez no podía decir no a la experiencia de ver en acción a los alumnos de un college yanqui en clase, con sus grandes vasos de cartón, con sus gorras de beisbol, comiendo patatas fritas de bolsa en medio de la lección y arrugando el envase al terminar...

Por lo visto, como es costumbre del lugar (Gachas hace tiempo dedicó un post a este tema de la ingesta de comida en clase como algo frecuente en el mundo universitario norteamericano), pues Gachas no va a poder decir ni esta boca es mía al respecto. Se limitará a mirar todo lo friendlymente que pueda a las Megan y Rachels de turno cuando estas estén dando buena cuenta de sus patatas chips sabor quesadilla. Lo que Gachas se pregunta es: ¿tiene derecho el docente (Professor Gachas, en este caso) a hacer lo mismo? Parece como que no, porque como tiene que rajar más que ellos, pues tener la boca llena para eso es un lío.
Ahora bien, como parece que el sistema es tan participativo, a lo mejor a Gachas le daría tiempo a meterse un pinchotortilla en su cuerpo ibérico mientras los alumnos veinteañeros ejercen su derecho a la opinión y la participación. Lástima no poder comprobarlo.
IMAGINAOS QUE ESTA TIZA ES UN DIENTE

Gachas en estos últimos posts está pasando un poco de cronicar sobre América. Enseguida volverá a hacerlo, pero antes, un tema de interés, si no general, al menos gachesco: la insoportable fragilidad de los dientes.
A Gachas le pasa día sí día no que se da golpes con las tazas en los dientes, justo en el momento de ir a beber, o que muerde tenedores con la misma furía con la que mordería un chuletón Villagodio. A ver, no imaginen a la pobre Gachas sonriendo toda mellada, que no es para tanto, pero sí con microrroturas apenas perceptibles en algunas "piezas", como diría un dentista, debido a estos accidentes.

Y es que los dientes, por si no lo sabían, son huesos ahí puestos, a la buena de Dios, sin protección ninguna de músculos o piel, cómo no se van a romper en cualquier momento. Si todos llevásemos los fémures y las tibias al aire, ya verían cómo los tendríamos hechos un asquete, astillados, con parches pegados... fatal.

Como Gachas tiene un talante abierto y propenso al diálogo y al intercambio cultural les quiere preguntar por medio de este post si ustedes padecen también, física y mentalmente, esa fragilidad dental de la que hablo más arriba y que sólo parece solucionable si nos decidimos de una vez por todas a llevar protectores bucales como los de los boxeadores.

Y luego está todo el tema de los sueños con dientes, que parece que indican cosas sexuales (¿qué sueño no las indica?) y que a Gachas le han dado más de un quebradero nocturno de cabeza (ej: un sueño en el que los dientes de arriba se pegaban a los de abajo como si estuviesen hechos de chicle).

sábado, abril 26, 2008

GACHAS Y LA FRANCMASONERÍA

Hagamos un alto en el camino en relación con la experiencia yanqui gachesca: este post será lo que llaman "un espacio para la reflexión", sin relación alguna con los EEUU.

De repente Gachas, ansiosa por formar parte de una élite secreta que gobierne el mundo desde lo oscuro, ha pensado que por qué no hacerse masona, que a ella le gustan las comunidades de personas hacia las que siente alguna afinidad.

Gachas se da cuenta de que el fenómeno masón en España ya no es lo que era: nada de complots, nada de clandestinidad. Hay más webs del Gran Oriente Español en internet que páginas de tetas, amiguitos. Sin ningún pudor se anuncian y animan a las personas a integrar sus logias. Gachas, que es inculta en este tema y que asocia la masonería con Francia (por aquello de "franc"+masonería), con Viena (por La Flauta Mágica) y con la Mitteleuropa, no se imaginaba una logia en Castellón, ni una en Cáceres, ni una en Fuengirola. Pues las hay, vive Dios que sí, y sus miembros se llamarán Vicente, Joaquín Ángel o Asunción (si es que dejan entrar a mujeres, los muy rancios).

Gachas ha entrado en la página de una logia sevillana y, claro, los sevillanos, por masones que sean, no pierden su sevillanez. Parecía un poco la página de una cofradía de Jesús el Pobre o similar. Y había una sección de curiosidades relacionada con los típicos símbolos masones que son, por si a estas alturas aún lo desconocen, el compás y la escuadra así abiertos el uno para la otra. Un señor hermano masón comentaba capiteles y portones blasonados de distintos edificios y les sacaba el jugo francmasón que pudiesen esconder, y que a ojos de los demás mortales carecían de simbología y de recao.

Lo que se pregunta Gachas tras todo esto es: ¿conocerá ella a algún masón sin saberlo? ¿Cómo puede reconocerse a un masón? Gachas tiene un par de amigos escurridizos que no acaban de dar mucha información sobre qué hicieron tal o cuál fin de semana, ¿significa ello que son miembros del Gran Oriente o significa algo de contenido más sessuarl? (Hasta ahora, Gachas siempre ha pensado en lo segundo).

A todo esto, Gachas ha desistido de ser masona: la idea de "ascender" no le interesa mucho, pues implica que hay unos mandamases que te van indicando cómo hacerlo. Además, ponía bien clarito en todas las páginas que para ser masón hay que creer en la existencia de un ser supremo, y Gachas, a día de hoy, no lo ve muy claro.

lunes, abril 21, 2008

La garrapata. El desenlace



Gachas volvió al Memorial Hospital a dejarse los billetes verdes alargados y estrechos, sí, volvió. Tenía sus dolores articulares, sus flu symptoms (típicos, parece, de la infección por garrapata nociva), tenía su poquita de ansiedad, así es que volvió a que le recetaran antibióticos (lo que quita la posible infección, vaya), y eso hicieron, no sin antes preguntarle cómo y cuánto le dolían las joints o articulaciones. Como Gachas no es muy precisa adjetivando y adverbiando en inglés, le mostraron una serie de 6 smileys con expresiones que iban de cero dolor a un dolor insufrible. Gachas tampoco quería exagerar y elegir la cara 5 (eran 6, pero iban numeradas de 0 a 5), a la que parecía que le estaban seccionando un miembro sin anestesia. Le dijo Gachas a la enfermera de paisano que los primeros días tuvo dolor número 2 (cara como de "la verdad, me podrían ir mejor las cosas") y que después pasó al nivel 3 (cara de tomarse un gelocatil). No sabe Gachas si la creyeron o no, el caso es que el Dr. Michael le dijo que, para tranquilizarse todos (Gachas y el sistema sanitario estadounidense), y ya que Gachas iba a abandonar la zona contaminada en unas semanas y después se quedaría errante con su posible mal, pues le daban un lote de antibióticos y listo.

En la farmacia pudo comprobar lo estricta que es América en lo que respecta al antibiótico (como debe ser, qué coño): te dan las pildoritas que te ha mandado el médico, ni una más, ni una menos, en un tarrito con tu nombre que te explica cuándo y cómo has de tomar tu medicación. Nada de marcas: ahí figura el principio activo de la midicina y listos. En eso de repente América pierde todas sus facultades marketinianas y se convierte en un país con botica en vez de farmacia y con fórmulas magistrales en vez de productos de multinacionales del sector (a ver, no nos engañemos: los productos que se venden sin receta son todos de libre acceso y parecen, todos ellos por su packaging, vitaminas para body-builders).

No debería extrañarles, amiguitos, la aprensión que Gachas ha desarrollado en USA: es América quien la fomenta. El otro día, que fue a Nuevallorca (pero esas historias son para más adelante: ahora estamos con la ruralidad yanqui), Gachas vio en el metro una valla publicitaria con la foto de una asiática como tristona y perjudicada. El texto decía algo tipo: "1 de cada 10 asian-americans padece hepatitis B. Hágase un análisis si usted tiene los ojos achinaos, haga el favor. Y vacúnese".

¿No les parece terrorífico sembrar el pánico de ese modo? Ya no sólo entre la población asioamericana, sino entre el white-caucasian que se haya echado una churri de Chinatown y quiera compartir su vaso de milk shake con ella, sin ir más lejos.

América nos mete miedo, ergo es su obligación quitárnoslo también. Digo.


martes, abril 15, 2008

La mano tota pulcra

Cosas que se quedaron fuera del post anterior: la obsesión estadounidense por llevar las manos limpitas permanentemente. Es IMPOSIBLE mantener un estado perpetuo de plena higiene manual si uno realiza cualquier actividad distinta a dormir: que si te agarras a la barra del metro para no caerte, que si buscas monedas para dar propina (o billetacos de dólar: aún más sucios), que si se te caen las llaves al suelo.. Bien, pues el mundo norteamericano pretende lograr esta del todo imposible higiene permanente de las manos mediante unos productos llamados "hand sanitizer wipes" o towels o jabones que se anuncian por todas partes. La frase de captación es algo tipo: "Después de tocar el asiento del taxi; después de manejar billetes, ¿cómo vas a tocar tu rostro para maquillarte? Usa sanitizer towels marca tal y tal: mucho más eficaces que el agua y el jabón".
Mentira, amiguitos: mentira podrida. Hoy Gachas, que ha vuelto al Memorial Hospital a ver a Marcia para que le diera el recibo, mientras esperaba ha visto por ahí en el pasillo un dispensador de hand sanitizer, una especie de jabón líquido, vaya. La diferencia con el jabón líquido es que el hand sanitizer se seca él solo al frotar, no ha de ir asociado a agua ni a toallas o aparato ruidoso secamanos. Gachas lo ha probado y, sí, en efecto se seca o la piel lo absorbe milagrosamente; lo que ocurre es que la textura y el olor que quedan después dan más asco aún que pasar la mano por los cabezales de los asientos de un autocar Greyhound: el resultado es una higiene falsa no conseguida. Además, ¿qué es eso de que un producto líquido, incluso pastoso, desaparezca sin necesidad de agua? Es un poco como los puntos de sutura que se reabsorben: ¿qué es esa guarrería? Donde esté la enfermera con el betadine sacándote las costuras que se quite la nueva cirugía.
Al llegar a casa, Gachas se ha lavado las manos con agua y jabón, siguiendo las costumbres de su atrasado y rusticote país, y, como era previsible, toda la mugre que llevaba en ellas se ha dejado ver en el agua.

La obsesión del pueblo americano por la aseptización no tiene límites: lleva Gachas comprados dos paquetes de "mints" para refrescar su aliento y ambas, aunque de marcas distintas, saben en realidad al desinfectante ese de baño de guardería, como a Zotal, como a una higiene agresiva y antigua.
Gachas y la sanidad estadounidense

Amiguitos: de verdad gracias por su interés y apoyo hacia el issue de la garrapata. Aquí va la cruda realidad que subyace detrás de todo ello: la región ésta, llamada Columbia County (dentro del estado de NY), es la que presenta la incidencia más alta del planeta de una enfermedad asociada a la garrapata del ciervo. Hay folletos por la zona ilustrando el tema y tal. Va Gachas, llega a este lugar y ve los folletos con miedo (aparecen las típicas fotos de libro de naturales de BUP, con el parásito visto al microscopio y los síntomas terribles si se desarrolla la disease) y pregunta: "oiga, esto de los ticks qué es lo qués". Y le dicen que no se preocupe, que es cuando llega el calor y si retozas por la hierba y vas en sandalias. Como no hacía clima para nada de eso, Gachas ni se preocupó: salió como 5 o 6 veces a pasear por el parque ese de las esculturas con su Creative Zen (¿por qué negarlo? Gachas no tiene iPoz sino Creative Zen) para gozar de banda sonora y volvió tan tranquila de sus paseos. Y zas, aún con calcetín alto, pantalón chandalero y zapato cerrao, ocurrió lo que ya saben. Después Gachas ha encuestado a todos los lugareños que ha podido y se ha dado cuenta de que ellos siguen unas normas antigarrapatiles con mucha constancia: cada vez que vuelven de un paseo se autoexploran a ver si tienen picaduras y cosas así. Además, le enseñaron un cacharro especial para sacar las cabezas de los bichos, que son lo más peligrosito si se queda incrustado (como la cabeza de la gamba: guarda todo el sabor). Es como una cucharica de plástico blanca con una subcuchara adosada o similar. Y también le enseñaron un spray antigarrapatas. Es decir, que estas personas tienen su arsenal preparado para combatir el garrapatismo, pero al extranjero, para no alarmarlo y sobre todo para que su adorada Améeeruica no quede de puertas para fuera como un lugar endémico y parasitario, pues no le dicen ni esta boca es mía hasta que le ocurre la sorpresita.
Imagínense, amiguitos, que in Spain tuviésemos la garrapata esa específica por doquier: se correría la voz entre ellos y no vendría ni un mal turista gringo por temor a contraer cualquier cosa. Con esto ve Gachas, pobre y naïf Gachas, que hay países que no tienen derecho a esconder sus miserias (ej: Costa Rica y su dengue; varios países africanos y su paludismo) y otros que sí. Este sencillo aprendizaje lo acaba de obtener Gachas a su avanzada y treintañera edad.
Bueno, pero a lo que vamos: ayer tuvo lugar la visita al Memorial Hospital jiustoneño, a la sección no de urgencias pero sí de atención rápida o similar. La verdad es que majos fueron. Hubo toma de pulso, de tensión, de temperatura; hubo auscultación (las 3 primeras cosas con una especie de enfermera vestida de paisano; la segunda con otra vestida de enfermera oficial) y hubo observación de picadura con magnifying glass (lupa, vaya) por parte del doctor Michael. Que la picadura no estaba infectada; que la extracción del bicho había resultado exitosa y que nada, a esperar a las ronchas y a los síntomas tipo resfriado en los próximos 10 días, o a olvidarme del tema si estos no llegan. Tras esto llegó también una especie de administrativo con un PC portátil rodante (lo llevaba en un carrito como de repartir las medicinas a los enfermos) que le preguntó a Gachas cuál era su religión, caso de profesar una (por aquello de administrar una extremaunción coherente con el estilo de cada quien), y datos tipo pasaporte, etc.
Tras esto, le dieron un diagnóstico en un papel, escrito en un tono amigable y de fácil lectura y además dirigido específicamente al paciente, que comenzaba así: "You have a tick bite. This is very common and...". Nada de la frialdad tipo: "el paciente presenta síntomas de picadura de...". Por último le dijeron que pasara por la discharge area para salir. Es decir, que pasara por caja. Allí estaba la amable Marcia, que le pidió 50 dolarcitos de nada como depósito y le dijo que hasta la medianoche no se podía calcular por cuánto le iba a salir la broma ("for how much the joke will go out") a Gachas. Pero , América, la fundadora del consumo, no podía dejar de lado esta sabiduría ni siquiera en el sector sanitario, y le ofreció a Gachas la oportunidad de un 40% de descuento si pagaba en un plazo inferior a 30 días. Gachas aceptó el trato (parece que llegó en la semana fantástica de las picaduras de garrapata, suertuda Gachas) y al día siguiente (hoy) llamó a Marcia para informarse de cuál era el precio final, darle los datos de su tarjeta y pagar con su correspondiente descuento. Marcia le dijo que the joke salía por 230 $, ya con el 40% descuento incluido. A eso se le restó el depósito, pero aún así Gachas hubo de pagar hoy sus 180 dolarcitos de Vellón. Afortunadamente, su seguro español le pagará back este dinero o parte de él.
Ya ven que aquí la hipocondria tiene un precio: la próxima vez, Gachas irá a un Memorial de estos sólo en caso de seccionarse un miembro o similar.

domingo, abril 13, 2008

Ocurrió

Amiguitos: tantas risitas con el post anterior y con el parásito de los cervatillos y ahora resulta que a Gachas le picó uno ayer. Probablemente cuando estaba escribiendo su anterior post ya lo tenía chupando bien de la pierna gachuna, porque lo descubrió ya por la noche, al quitarse el pantalón. Y tienen razón, comentaristas, ese "parásito" lleva el tradicional y postguerrista nombre de GARRAPATA. Y no se puede hacer nada salvo quitarlo con unas pinzas (eso hice ayer, aguerridísima) y esperar a ver si venía cargadito de una fea enfermedad cuyos primeros síntomas empezaría a notar la semana que viene. Si es así, la tetraciclina me salvará.

A Gachas le ha entrado un poquito de susto por la pata abajo y ha desplegado unidades móviles y todo para que le aconsejaran qué hacer al respecto: la opinión de todos los doctores y picados alguna vez por garrapatas es unánime: esperar. Parece tan frecuente en la zona que las mujeres hudsonianas deben de llevar en su neceser, además del espejito y del lipstick, unas pinzas para espulgarse.

Gachas ve en el baño las pinzas empleadas para desgarrapatearse y no sabe si tirarlas inmediatamente a la basura o qué. En cualquier caso, usarlas no las va a usar más: el martes irá al pueblo a comprar unas nuevas, o quizá una bolsa entera, como las maquinillas gillette, que se venden en packs de 10. El gran temor es que uno de los efectos colaterales de la picadura sea el crecimiento repentino y desaforado de un temible entrecejo y hasta el martes no pueda combatirlo.

Gachas y el parásito de los cervatillos

Parece que la campiña hudsoniana es zona endémica para la "tick disease" o parásito de los cervatillos. Han editado folletos a todo color ilustrando el asunto y previniendo a la población: es como un bichito negro, tipo chinche o pulga que se te queda a gusto acurrucado bajo la piel chupando la sustancia que pueda y que, si no te lo tratas, te puede provocar bonitas enfermedades como artrosis o alteraciones del sistema nervioso.

Bastante tiene Gachas ya con su sistema nervioso y su oído medio taponado como para más dolencias, así es que toma todas las precauciones posibles para no pillar el bicho. Por lo que ha preguntado a los lugareños, parece que muchos en algún momento de su vida aquí fueron picados una vez al menos por un tick de esos: nada, se lo quitaron aguerridamente con unas pinzas (se queda ahí pegado y se ve) y ya. O, si no se dieron cuenta al momento, fueron al médico rural que de su maletín con cierre que chirría sacó un antibiotis y se lo administró (primero te sale una ronchona para avisarte de que el tick obró en ti), y ni artrosis ni daños ulteriores.


Los lugareños han tratado de quitarle el miedo a Gachas diciéndole que el bichito sólo actúa en momentos de mucho calor y que las precauciones consisten en no sentarse sobre la hierba directamente y cubrirse un poco el cuerpo al salir de paseo. Entre que no ha hecho tiempo de ir en tirantes y que Gachas ha sido informada de la tick disease, cada vez que sale a dar una vuelta por el cercano parque de esculturas (una especie de Chillida-Leku pero de artistas varios), se pone casi armadura. Aún así, su hipocondria hace que sienta que los ticks se la han comido a picotazos, atravesando las varias capas de telas que Gachas lleva encima de su piel gachesca.

Y hablando del parque de esculturas: como América es una tierra adinerada, las esculturas están muy bien cuidaditas: siempre hay algún operario dándoles lustre, arreglándoles un tornillico, fijándoles una pieza o lo que sea (abajo van 2 fotos para que se hagan a la idea). Una pareja de arquitectos se hacen cargo de supervisar el lugar durante todo el año, y por ende viven en una super casa rollo Frank Lloyd Wright entre los árboles.

Ayer precisamente, el arquitecto varón de la pareja se encontró a Gachas por el campo y, como ya la conoce, le dijo que si quería ver su hermosa casa diseñada por él mismo y su wife. Gachas aceptó gustosa, pero el buen señor sólo le enseñó finalmente el salón, nada del baño ni del cuartolaplancha ni otras dependencias. Se le veía al hombre orgulloso de su creación: en su mirada se le detectaba un "a que mola el cacho casoplón que me he construído, eh, Gachas". Y sí, molaba: todo blanco, techos altérrimos, esculturas pequeñitas de cubos de madera colgadas de muy arriba, fluorescentes semiempotrados en el techo, ventanal inmenso... Lo que no le gustó mucho a Gachas, y además le sorprendió encontrárselo ahí, fue el suelo, a base de baldosas cuadradas blancas jaspeadillas en negro, vulgares y corrientes. Le dieron ganas de decirle al tipo que in Spain esa era la baldosa por antonomasia de los apartamentos de Cullera, que cuidadito con marcarse streetlamps. Pero no se lo dijo: sólo le comentó que esa baldosa se debe de fregar bien, que sólo con pasar la mopa y darle fregasuelos (así lo pone en la botella) de pino, ya brilla de lo lindo.

viernes, abril 11, 2008

Hablemos de fisiología. Hoy: el paladar


¿Cuántos tipos de paladar existen, amiguitos? ¿Tantos como personas? ¿Tantos como etapas en la vida del individuo? ¿Tantos como naciones?

Gachas se pregunta esto tras reparar en que gran parte de los alimentos que ingiere con agrado el adulto americano medio serían etiquetados como "guarrerías" por parte de las madres ibéricas de más de 60 años.

El ejemplo lo tiene Gachas en la casa donde vive, sin ir más lejos: viene todas las tardes la cocinera canadiense-portuguesa R., que lleva más años aquí que Carracuca y que está por ende acostumbrada a la comida de este país. De ahí que, sin inmutarse, nos diga: "de postre hay estas cookies de chocolate blanco y frambuesa", o "de postre hay estas jelly rolls" (como Filipinos de chocolate negro por fuera y oso de goma por dentro). Y tan ancha se queda. ¿Dónde están ese yugur, ese plátano que alimenta porque tiene potasio, esa cuajada con miel, esas dos mondarinas que se pelan fácil aunque luego por dentro sean pellejeras, dónde? La gochería de postre es pa niños y sólo con motivos tipo cumpleaños, navidad y poco más, no para adultos de entre 36 y 60 años y de lunes a viernes. Pero Gachas no sabe de qué se queja, si ayer se metió en el buche como 4 jelly rolls de esas.


Pero este ejemplo es muy extremo: hay otros más sutiles con los que no sé si estarán ustedes de acuerdo con Gachas. Por ejemplo, la pasta. La pasta y la pizza se consideran pa niños por los adultos españoles de más de 55. Ahora, como la población entera de España se está gurmetizando, ya se puede dar el caso de que la tía abuela pida unos tagliatelle con funghi, o una pizza con rucola de masa fina, pero en general cuando la España meno y andropáusica va al restorán, lo que pide es un arroz de los que tardan y son para 2 personas, un guiso o un pescado o carne vuelta y vuelta, y el pan con queso fundido y cosas por encima se lo dejan a los ñetos. ¿No les parece que es así? Es que aquí, y en muchos lugares del mundo no, por eso lo digo.

jueves, abril 10, 2008

Qué se ve por Hudson un martes tipo 6.15 de la tarde

Hudson es un pueblico pintoresco que equivaldría a un San Lorenzo del Escorial madrileño o a una Cercedilla. Aquí veranean y pasan el finde muchos neoyorquinos hastiados del Soho, del Village, de Williamsburg... (sí, hay personas hastiadas de todo eso sobre el planeta).

Tiene su calle mayor, Warren Street, y casi que no mucho más. Miento: hermosas casas de listones de madera con su porche y sus mecedoras a la entrada. Pero como está concebido para el fin de semana, un martes a las 6.15 pm, a plena luz del día, se hace realidad eso que el español ha recibido como uno de los clichés de la vida yanqui: que los únicos que pasean por la calle son los lúmpenes, y que los demás o están en sus casas, o en el mall, o montados en el coche.

Pues va a ser verdad: ayer Gachas paseó calle-arriba-calle-abajo y sólo se cruzó con adolescencia pandillera (quizá la estética fuera pandillera y el interior pijo, no lo descarto), whitetrashismo del bueno (treintañeros sin los piños de abajo y con latas muy altas de cerveza, ese rollo) y poco más. Bueno, también vio a una joven (que trabaja en una tienda de ropa grunge cercana) leyendo sentada en el quiciolapuerta de su casa, como hacen las abuelas en La Alberca, mismamente. Huelga decir que la joven estaba descalza (en Celsius haría como 15 grados, pero al hacer sol, ya se sabe, el anglosajón tiene mucha facilidad para descalzarse en cualesquiera situaciones) y que tenía los pies negros y curtidos como si su vida transcurriera en las misiones jesuíticas del Paraguay.
Esto vio Gachas al ponerse el sol en Hudson, NY.