sábado, mayo 03, 2008

Sonó la campana

... y la clase de Gachas en la jesuítica universidad de Fordham se terminó. Todo fue muy bien, he de decirles. Las instalaciones, estupendas. Las pizarras (no blackboards sino whiteboards porque eran Welleda) se borraban bien y no quedaban marcas de retu desvaídas sobre ellas. Vendían en la limpísima cafetería cafés sabor vainilla, que Gachas aprovechó para probar, obviamente.
El amigo Professor de Gachas avisó a ésta de que la clase no era obligatoria, con lo cual había un fuerte riesgo de deserción (¡como en el país natal de Gachas!). Finalmente no fue así: de 25 vinieron como 14, un número muy apropiado para que Gachas no se sintiera ni hablándole a un pasmarote ni agobiada ante el grupo humano juvenil estadounidense (también había en el aula la típica señora mayor que se apunta a estudiar cosas de letras al jubilarse: maja, con acento entre latinoamericano y ultrayanqui).

Todo se desarrolló en un correcto castellano (más correcto el de Gachas que el de los chiquillos, a decir verdad), y, para decepción de algunos de ustedes (de Sallanworld, sobre todo), Gachas confiesa aquí que NO escribió su nombre en la pizarra para presentarse y después lo subrayó. No lo hizo porque no venía a cuento (su amigo y professor la presentaba), pero sí aprovechó para escribir un par de nombres de escritores y también la palabra "Flâneur" (se fueron a dormir esos chiquillos anoche con un término nuevo en la cabeza, esencial para su formación ) , y para dibujar una especie de máquina como esas de los tebeos donde entraba la carne picada por un lado y por el otro salían ristras de chorizos. Pues esa misma imaginaria máquina, muy del Profesor Franz de Copenhague, dibujó Gachas en la pizarra (sin los chorizos) para explicar cosas relacionadas con el input, el output, con cómo se procesa en el cerebrín literario la realidad que entra. Luego Gachas, una vez que acabó la clase, vio su propio dibujo y quedó un poco avergonzada ante lo rústico de aquel.

Tema ingesta del alumnado: nada, apenas unas patatillas de bolsa (pero ya los estertores de la bolsa, no es que la alumna se abriera las Ruffles sabor jamón allí en medio. Sólo rebañó unas cuantas escamillas y ya) y los consabidos cafés en vaso de cartón (eso Gachas lo daba por sentadísimo). Y muchos Macs y Toshibas en el aula, claro (quizá esto lo haya hoy en día hasta en la Universidad de Teruel: es que Gachas hace mucho que dejó las aulas y en sus tiempos lo más sofisticado que se llevaba era el clasificador Saro con gomas).

Salió Gachas contenta de la universidad, sita al lado del Lincoln Center, con sensación de haber cumplido una misión y de haber contribuido al progreso de América.

2 comentarios:

Pablo Gamo dijo...

A mí lo de hacer dibujos chorras en las pizarras me fascina. Muchas veces estoy dibujando 'cuttlas' y maquinaria bidimensional non stop en mi blackborad eso y tengo que dejarlo a medias preguntándome qué diablos querría explicar.

SallanWorld dijo...

Una lástima que no pudiera escribir su nombre en la pizarra, Gachas (aunque he de confesar que si la pizarra no es un encerado de los de toda la vida, como que no es lo mismo). Pero lo de escribir, en letras bien grandes, Flâneur, me compensa con creces. Celebro que todo haya ido bien, y que no ha acabado como Sidney Poitier en Rebelión en las aulas.

Por la península ibérica no se estila demasiado aún lo de llevarse el laptop. Si acaso lo he visto en ese imcomprensible ejemplar de ser humano que es el estudiante francés.