Ah del castilloAmiguitos, Gachas vuelve y de qué manera: de castellana vieja, con un cono puesto en la cabeza a modo de tocado y una rueca para tejer y tejer entre la hora del rezo y la del refrigerio. Y con sábanas anudadas para tirárselas por el torreón a los caballeros y facilitarles la subida a su ventana, faltaría más. Así vuelve Gachas y les cuenta que hasta principios de junio estará viviendo aquí junto a otras personas de partes del mundo diversas, especialmente de la obameña América.

El castillo es alquilado, al haberse retirado las ayudas para la compra de primera vivienda. El casero es un conde que fisionómicamente podría muy bien estar emparentado con Luis Escobar, el difunto actor a la sazón Marqués de las Marismas del Guadalquivir (inciso: quien es Conde de una marisma, ¿disfruta de un terreno pantanoso en la misma para construirse su casoplón? ¿y no se le enfangan los cimientos? prefiero entonces ser duquesa de un secarral, más práctico a la hora inmobiliaria). El susodicho conde lleva jersey de cuellopico (Gachas lo ha visto) y fuma tabaco de liar, pero no en la oficina del castillo, que la empleada no le deja si lo hace ("é vietato fumare qui dentro, signor Conte"). Así tratan los siervos de la gleba contemporáneos a sus condes, con ese poco respeto y ese prohibicionismo.
El castillo, como pueden ver en la foto, es modelo Exín Castillos, almenado y noblote. Tiene, como todo castillo del XV, sus bombillas de bajo consumo en las farolas y, además de las zonas más nobles, unas cuantas algo más humildes que invitan al recogimiento y a la meditación, rollo celda de Fray Luis o similar.
