
El gobierno español ha enviado a Gachas en misión cultural especial a rular por Argentina y Chile este verano de aquí/invierno de allí. Gachas se las prometía muy felices llenando ayer por la mañana su maletita de jerseys que pican y de leotardos, pensando que hoy domingo a las 6 am hora argentina estaría en Buenos Aires, Aerolíneas Argentinas mediante.
Ilusa Gachas: el vuelo se postpuso para esta tarde, y probablemente salga más bien de madrugada, según tímidamente informan los teleoperatas porteños que la atienden desde el call-center aeroliniano (me confirman que a las 23.55, sniff). Pero Gachas no quiere entrar en lo indignante y tanático que resultó todo ayer y que sigue resultando hoy: hordas de personas esperando, escasa o nula información etc. Ayer Gachas, haciendo su hermosa cola de tres horacas para facturar en Barajas unas maletas que irán dentro de un vuelo que aún no ha salido (eso sí que es "early check-in"), pensaba que, por primera vez, se sentía participante de esos telediarios veraniegos donde aparece gente en terminales variadas de aeropuertos con el cutis cetrino y aquejado de deshidratación a punto de darle una guantá al personal de tierra de la compañía aérea que les quita impunemente días de jolideis. Sí, Gachas ha estado casi 3 horas rodeada de esas personas, en su mayoría argentinas; Gachas ha oido por doquier "puta que lo parió" y "la concha de su madre" como modalidad de queja oral, y bastantes "no hay derecho", "esto es una vergüenza", proferidos por compatriotas gachescos.
La opción era "reubicar" a los pasajeros en un hotel de esos finos pero en medio de la nada, casi moteles, donde suelen pernoctar los que ponen stands en la Feria Internacional de la Bisutería de IFEMA. Gachas, que es gafapasta, ha leído no pocos escritos de arquitectos y urbanistas contemporáneos que hablan de este tipo de no-lugares del mundo de hoy, tanto aeropuertos como hoteles periféricos, autopistas o superficies comerciales anodinas. Como a Gachas le daba un tánatos soberano estarse ahí encerrada hasta hoy por la tarde, ha optado por venirse al sí-lugar por antonomasia: su casita gachesca, pero ha pagado un alto precio por ello: al no estar con el rebaño de pasajeros y necesitar comprobar cíclicamente información sobre la hora verdadera de salida del vuelo, su día ha quedado convertido en un no-día que ha incluido levantarse a las 5. am, estar hora y media al teléfono por ver si Aerolíneas o AENA sabían decirle algo, una excursioncita a Barajas por si acaso y una comida compuesta por espinacas congeladas y posteriormente hervidas, que era lo único que Gachas tenía en el frigorífico para echarse a la boca.
Si algún día el vuelo sale, Gachas hará su bonita crónica conosureña desde este su blog, que es también el blog de ustedes.