Gachas at the moviesNo va mucho al cinemascope Gachas, ahora que tiene amigos con joum cinema y que ve pelis (y se las duerme) junto a ellos después de cenar, pero este domingo Gachas le propuso a su amiga P. un típico plan de domingo: ir a ver "la de Woody Allen" a los cines de Plaza Cubos y eso hicieron, acompañados de Q., a la sazón hermano de P.
Gachas ama a Woody con un amor ancestral que le impide por completo percatarse de sus múltiples defectos, pero en esta ocasión Gachas se frotó los ojos y pudo ver bien en letra bien grande que su ídolo flaquea un poquillo.
Aclaremos esto: probablemente sean prejuicios gachescos, pero de siempre se ha sabido que, por ejemplo, España no puede hacer cine de terror porque le salen cosas como
Tuno negro, sin ir más lejos. Tampoco puede hacer westerns o ciencia-ficción: el objetivo de su cinematografía es rodar películas de diálogos lentos en los que salgan niñas que contemplan con la mirada perdida alguno de los muchos secarrales que poseen península e islas, o en las que salgan mujeres maduras-morenas-guapas tipo Silvia Munt o Charo López hablando de
así no podemos seguir.
También puede España generar pelis de chuloplayas sin dos dedos de frente y de expresivas mujeres en jarras que dan gritos y que merecerían el clásico adjetivo de verduleras. España puede, sí, pero no Woody Allen.
Ha sido un gran fallo que Pe y Javier hablen en espanglish en V
icky Cristina, y que Scarlett y su amiga digan la palabra "Ouviedou" varias veces durante la cinta.
La principal acidez estomacal gachesca venía en momentos en los que Pe se ponía salerosa y parecía que iba a arrancar por bulerías de la puritita furia española que le entraba, por ejemplo cuando pronunció el "niñata de mierda". Y además a Gachas los ojillos perrunos caídos de Bardem pues no le gustan, pero ya digo que son meros prejuicios.
Antes de la peli ponían el trailer de
Camino, la peli última de Fesser. Gachas confiesa que puede escribir esto porque ahora es de día, pero ese mismo domingo por la noche al llegar a casa, si bien quiso redactar esta crónica, tuvo que prescindir de hacerlo por el puro canguelo que le dio el trailer. Entre el repelús que siente Gachas hacia el Opus (si hubiera un grupo organizado que luchase contra esa institución, Gachas sería al menos tesorera), la grima y tembleque que dan siempre las pelis de hospitales, la niña guapetona doceañera que de repente se pone a lolitear y de repente sale postrada en la cama con collarín, y el gnomo ese verde que sale al fondo columpiándose en una escena (¿no lo vieron en el trailer? es terrorífico a la par que feo), Gachas salió del cine con un dolor de chola que después devino cuerpo revuelto y que concluyó en traumática vomitona una vez en casa. Así fue, amiguitos.