viernes, diciembre 12, 2008

Breakfast at hotelaco

Gachas desayunó el otro día en el Riz (no lo escribe bien Gachas el nombre del hotel para que nadie goglee y se encuentre este post. Gachas es cobardona).
¿Que por qué? porque la invitaron a un desayuno-lecture de un comunicador relevante (hasta aquí puede escribir Gachas, siguiendo el refrán "no muerdas la mano que te da de comer"). El plan era llegar a las 9 am, escuchar al ponente mientras se desayunaba y hacerle unas pregunticas si tenías a bien (te daban un papelito para apuntarlas). Y a las 10 y cuarto, hala, pa casa todos.

Tenías que buscar tú misma el sitio que te habían asignado en una de las mesas del salón, que era como de boda, con las sillas cubiertas por una tela con lazos y ese rollo. Para asesorarte en la búsqueda había unas señoritas muy espigadas y dignas, con trajechaqueta. Gachas se acordó entonces de su época universitaria, en la que algunas de sus compis, las resultonas, trabajaban ocasionalmente como "azafatas de congresos" para ganarse unos dinerillos. Gachas, como no era espigada, nunca se molestó ni en echar la solicitud, pero lo que le llamó la atención esta vez fue la edad azafatil: en teoría, la profesión esa es para veinteañeras que la compaginan con otros estudios, pero las mozas que invitaban a los desayunistas a sentarse eran de la edad actual de aquellas compis de facultad gachescas.

Si Gachas acudió al evento fue principalmente para realizar una comprobación: la de si el zumo de naranja era natural o de bote (y, si era de bote, ¿con o sin pulpa?). Pues, como no podía ser menos en tamaño luxurious hotelaco, el zumo era recién exprimido. Gachas contempla la posibilidad de que el Riz hubiese fletado un charter para traer a los mismos niños que fabrican a destajo zapas Nike a exprimir naranjas que te crió para CIENTO VEINTE personas, si no, no se comprende cómo lo hiceron los dos o tres pinches de cocina que debe haber en el hotelaco.

El desayuno en sí, gastronómicamente hablando, fue un poco fiasco. Constaba de café o té, un mini yugur en un vaso como de chupito, el ya citado zumo, un vaso de agua y curasanes pequeños y sandwichitos igualmente pequeños (un rectángulo partido en dos, es decir, un triángulo isósceles o escaleno). A ver, mal-mal no es que estuviera, pero es que había un problema de lógica en la concepción del evento: a las 9 y diez dejaron de servir cafeses y teses para que nada distrajera la atención de los desayunantes que escuchaban al ponente. Gachas no entendía por qué lo llamaban desayuno si nada más empezar el acto dejaban de rellenar la taza de café y por lo tanto le cortaban el rollo al que tenía un interés activo en desayunar.

Gachas se fijó también en que estaba como feo estar continuamente cogiendo curasanes o sándwiches de las bandejas de la mesa: la idea era haber saciado el hambre desayunil antes del comienzo de la ponencia pero Gachas, que llegó por los pelos a las 9.05, no lo hizo, precisamente porque interpretó que durante el evento era pertinente darle a la mandíbula. Y a ello se entregó, pero como con pudor, como si coger un sandwichito de pavo fuera un acto feo y ordinario.
Otro tema que también interesó a Gachas fue la popularidad o carencia de ella del yogurín en vaso. Prácticamente nadie se lo comió: pongamos que sólo un 10% decidió atacarlo con la cucharilla. El zumo fue casi tan impopular como el yogur, quizá para evitar el reflujo chez los desayunantes: sólo un 30% de los zumos fueron bebidos. Gachas estaba ultrapreocupada al respecto: pasaban los minutos y a esos zumos se les iba yendo la vitamina por momentos. Y sobre todo, ¿cuál iba a ser su futuro inmediato? ¿los reciclarían para hacer macedonias de fruta? ¿los tirarían por el vater? Gachas pensó en pedir que le llenaran una garrafa de plástico de zumo para llevársela a casa, pero finalmente no lo hizo.
Nadie parecía consternado/a por estos asuntos: al final, se saludaron entre sí (muac, muac, "Fulano, te presento a Zutana, jefa de redacción....") sin reparar en el futuro de lo no ingerido o bebido. La mente posguerrista y autárquica de Gachas no ha podido quitarse de la cabeza estas cosas desde el jueves. A ver si este post sirve como catarsis.

miércoles, noviembre 19, 2008

Pacífico Barrio

Gachas tiene tirria a algunos barrios de Madriz pero a uno lo tiene de verdad en el punto de mira: el que está entre Conde Casal-Avenida del Mediterráneo y Pacífico, ese barrio de clase media-media y media-alta cuyos habitantes presumen indefectiblemente de vivir "a dos pasos del Retiro". (Gachas también le tiene mazo de manía al fucking Retiro, que no sirve para nada, ni tiene Cortinglés ni FNAC ni nada dentro. Sólo kiojcos de cerveza y patatas aceitosas y malabaristas perroflautas. Puajj).

Si Gachas frecuenta el barrio a pesar del sarpullido que le da es porque desde hace más de VEINTE AÑOS acude allí al dentista, cerca de una plaza cuya fuente central está adornada por unos pajarracos metálicos que, atención, mueven las alas. Gachas volvió el otro día por molestias dentales: se hizo una ortopantomografía (radiografía de todos los piños gachescos) en una clínica cercana y luego le quedó una horeja libre hasta entrar al dentista. Como era entre las 14.30 y las 15.30 por supuesto que no había un mal local, una librería, un Benetton, cualquier lugar para meterse dentro a mirar un poco cuáles son las tendencias y las cosas. Nada: el barrio es de los de toda-la-vida, de no abrir ni a tiros hasta las 5 la tarde.
Gachas pensó entonces en sentarse en un café a leer su propio libro que llevaba ella consigo, pero finalmente convirtió la hora que le quedaba en un peregrinar por bares tan similares entre sí que parecían ser una franquicia: con no una sino DOS máquinas tragaperras y un pantallón de plasma con las noticias a todo trapo y la presencia ineludible de un hombre de 45 bebiéndose un yintonis a esa hora y echando con desgana monedas en la tragaperras (y dándole muy fuerte, con toda la palma de la mano, al botón de "start").

Cuando sólo le quedaban 10 minutos para entrar al dientes, Gachas se dio un garbeo por una calle trasera llamada Reyes Magos donde había una papelería-reprografía que también vendía camisetas chistosas ("alquilo a mi marido" etc.). Más atrás aún había otra clínica dental pero más sofisticada que la del dentista gachesco: hacían todo tipo de implantes de titanio y reconstrucciones de piñatas y para que la clientela potencial viera bien clarito la técnica que empleaban, habían ampliado a tamaño pantalla de sala pequeña de los Renoir fotos de boquetes gingivales con tornillos dentro, implantes de titanio aún sin el diente puesto etc. y las habían colgado como reclamo en la calle.

Tras esta canela fina, Gachas se dirigió asustada a su propio dentista prometiéndose a sí misma que si no tenía nada esta vez, cambiaba de sacamuelas por la gloria de su padre. Y eso va a hacer, jue, jue. Como está sana de la dentadura no pisará Pacífico nunca jamás, ni aunque todos sus amigos se muden allí en masa a un loft diáfano y hagan brunchs los domingos y rastrillos de ropa seminueva.

domingo, noviembre 09, 2008

Gachas ancestral

A Gachas, un amigo suyo ancestral y muy enraizado en las costumbres ibéricas le regaló hace poco una berza o repollón o grelo (¿se puede decir "grelo" así en singular? Véase el desconocimiento de Gachas al respecto). Le dijo que con eso se hacía el archifamoso pote gallego y que iba a soltar mucha sustancia porque era natural, del huerto de un pavo amigo suyo sito en Brunete.

Gachas se dispuso a enraizarse también y fue al mercado a comprar huesos de vaca para saborizar el futuro caldo, y unas patatas y garbanzos para darle un aire de cocido madrileño. El carnicero, rumboso, le regaló los huesos ("¿los quiere frescos o en salazón?" Gachas ahí también se vio falta de reflejos. Al final los pidió frescos " y de espinazo"). Lavó la berza, que al ser de huerto ancestral tenía bichejos, metió todo en la olla gachesca (huelga decir que añadió también un poco de Caldo Aneto de Pollo) y hala, a esperar un par de horas.

Al servirse el caldo y sus complementos en un plato hondo (casi un bol gigante de esos de comer fideos chinos), Gachas, oh, se percató con estupor de que en el invento nadaban pequeños gorgojos negros: el lavado de la berza no había sido lo suficientemente profundo. ¿Y ante esa situación, qué hace una gafapasta criada en el despilfarro? ¿Lo tira todo al váter y si te he visto no me acuerdo? No, Gachas no iba a tirar su tiempo y su dinero así como así: lo que hizo fue una labor entomológica de las gordas: se armó de unas hojas de papel de cocina y las fue introduciendo en el caldo cada vez que veía un bicho (cosa que, lamentablemente, sucedió más de dos y más de tres veces). Cuando eran gordos, se extraían con facilidad, pero en ocasiones (y aquí vino la complicación) eran casi microbianos de tamaño, y se confundían fácilmente con las briznas de sustancia que el hueso de espinazo fresco había aportado al guiso. Así es que Gachas se puso bajo la luz de un flexo y cada cucharada que levantaba, la examinaba y, si era necesario, le quitaba el insectito.
Y así ha sucedido hoy también y sucederá mañana, hasta que se acabe el caldo. Cuando Gachas efectúa esas complejas operaciones se acuerda mucho de sus compatriotas en 1939, que poco asco le harían a un caldo así por más bichos que tuviera. También se acuerda del herborista estadounidense de al lado de su casa, a la sazón obeso mórbido (no es coherente ser obeso mórbido y regentar un herbolario, dicho sea de paso): una vez, Gachas le compró arroz integral, lo metió en un bote transparente y a las 2 semanas se le había llenado de bichos parientes de los del caldo gallego. Gachas fue a reclamar y el tipo le dijo que eran más sanos esos bichos que los pesticidas que le ponen al arroz Nómen. Habráse visto caradura perroflauta. A pesar de ello, Gachas sigue comprándole de vez en cuando, por no buscarse otro herbolario más apartado de su hogar.


sábado, octubre 25, 2008

Buen rotulador será


Situación que Gachas no comprende: se asienta un inmigrante de habla no hispana en Madrid, decide con ilusión abrir un restaurante o negocio cualquiera y por tanto encarga con más ilusión aún (¿o estoy idealizando la cantidad de ilusión que depositan en el negocio?) su rótulo de acrílico para así contribuir a afear un poco más la ciudad, y los rotuleros ("Rótulos Mafer"; "GerviGar señalización" etc) aceptan el encargo sin hacerle ver al señor chino que no se escribe EMBANADILLAS sino empanadillas; al señor marroquí que no se escribe CARNECERÍA sino carnicería, y a los señores libaneses, que en el menú retroiluminado y emplazado en una caja de luz en la puerta no ha de poner BERENGENA sino berenjena.
¿Por qué esa mala fe? Me dirán los avispados lectores de Gachas que, probablemente, el rotulero tampoco sepa cómo se escriben esas palabras. Sí, "berengena" es una clara falta de ortografía propia de rotulistas, pero "embanadillas" no: ahí sí detecto maldad de la gorda.

miércoles, octubre 22, 2008

Gachas at the movies

No va mucho al cinemascope Gachas, ahora que tiene amigos con joum cinema y que ve pelis (y se las duerme) junto a ellos después de cenar, pero este domingo Gachas le propuso a su amiga P. un típico plan de domingo: ir a ver "la de Woody Allen" a los cines de Plaza Cubos y eso hicieron, acompañados de Q., a la sazón hermano de P.

Gachas ama a Woody con un amor ancestral que le impide por completo percatarse de sus múltiples defectos, pero en esta ocasión Gachas se frotó los ojos y pudo ver bien en letra bien grande que su ídolo flaquea un poquillo.

Aclaremos esto: probablemente sean prejuicios gachescos, pero de siempre se ha sabido que, por ejemplo, España no puede hacer cine de terror porque le salen cosas como Tuno negro, sin ir más lejos. Tampoco puede hacer westerns o ciencia-ficción: el objetivo de su cinematografía es rodar películas de diálogos lentos en los que salgan niñas que contemplan con la mirada perdida alguno de los muchos secarrales que poseen península e islas, o en las que salgan mujeres maduras-morenas-guapas tipo Silvia Munt o Charo López hablando de así no podemos seguir.
También puede España generar pelis de chuloplayas sin dos dedos de frente y de expresivas mujeres en jarras que dan gritos y que merecerían el clásico adjetivo de verduleras. España puede, sí, pero no Woody Allen.
Ha sido un gran fallo que Pe y Javier hablen en espanglish en Vicky Cristina, y que Scarlett y su amiga digan la palabra "Ouviedou" varias veces durante la cinta.
La principal acidez estomacal gachesca venía en momentos en los que Pe se ponía salerosa y parecía que iba a arrancar por bulerías de la puritita furia española que le entraba, por ejemplo cuando pronunció el "niñata de mierda". Y además a Gachas los ojillos perrunos caídos de Bardem pues no le gustan, pero ya digo que son meros prejuicios.

Antes de la peli ponían el trailer de Camino, la peli última de Fesser. Gachas confiesa que puede escribir esto porque ahora es de día, pero ese mismo domingo por la noche al llegar a casa, si bien quiso redactar esta crónica, tuvo que prescindir de hacerlo por el puro canguelo que le dio el trailer. Entre el repelús que siente Gachas hacia el Opus (si hubiera un grupo organizado que luchase contra esa institución, Gachas sería al menos tesorera), la grima y tembleque que dan siempre las pelis de hospitales, la niña guapetona doceañera que de repente se pone a lolitear y de repente sale postrada en la cama con collarín, y el gnomo ese verde que sale al fondo columpiándose en una escena (¿no lo vieron en el trailer? es terrorífico a la par que feo), Gachas salió del cine con un dolor de chola que después devino cuerpo revuelto y que concluyó en traumática vomitona una vez en casa. Así fue, amiguitos.

viernes, septiembre 19, 2008

Arte vegetal

Gachas, que está vaguza, se limitará hoy a dejar hablar a las imágenes, que son las principales portavoces de este siglo XXI que nos está matando de a poquito.

Van aquí tres fotos inenarrables tomadas en Mérida y cedidas por la generosa Miss Lejana y Sola. Chavales, lo podéis hacer todos desde casa.

sábado, septiembre 13, 2008

Cachas at Tiffany´s (II)

Gachas, con una fuerza de voluntad impropia de la generación vaguza a la que pertenece, sigue yendo a Pilates con alegría. El otro día incluso fue a una clase extra en la que en vez de monitora, había monitor.
La diferencia básica entre monitoras y monitores de Pilates está en que ellas dicen culete y ombliguín y ellos trasero y ombligo. La alusión al culo es frecuente en las clases de Pilates. Es más, es prácticamente imposible no mencionarlo durante la hora que dura la lección, así es que, desde el principio, Gachas se mantuvo atenta a su profesor que calzaba zapatos como de Julio Iglesias (entre zapatilla de piel y zapato así blandito de cordones para llevar sin calcetines en Puerto Banús), a ver en qué momento se veía obligado a soltar uno u otro sinónimos de culo. A veces, para esquivar esta terrrible palabra malsonantísima, los monitores y gentes del mundo del ejercicio dicen "glúteos", pero todos sabemos que esa es una manera escaqueante de referirse a lo que es el culo en sí. El monitor vespertino dijo con tranquilidad "trasero" cuando tuvo que hacerlo, y todos tan contentos.

viernes, septiembre 12, 2008

Oh, Misantropía


Gachas, que no es de ver tele, hoy mientras cenaba ha decidido poner Cuatro, pensando que el citado canal progresista le daría alguna satisfacción a su cerebrín esnob y gafapasta. Lo que ha pillado ha sido un reportaje sobre Zahara de los Atunes y sus gentes, no tanto sobre el turismo sino más sobre las personas auténticas y verdaderas que allí residen. A los cinco minutos de visionado, Gachas se ha dado cuenta de que ninguno de los participantes en el teledocumental le caía bien.

Como daban mucho juego, los reporteros han estado un buen rato grabando las ocurrencias y chascarrillos tan picantes como ininteligibles (de hecho, los tenían que subtitular) de un grupo de setentonas toscas que hablaban como Chiquito de la Calzada ("por la gloria de mi padre"; "er caló de aquí es máh juerte quel Nolotil", "mi marío es máh feo que la asadura de un perro" etc). Lo curioso es que Gachas , si bien es fan ultrafan de Chiquito, cuando se acerca a las fuentes atávicas de las que él mamó para ser quien es, se incomoda sobremanera y entra un poquito en conflicto gafapastoso.
Luego de ver los bailes y la expresión popular de las buenas señoras batifloreadas (muy de Volver de Almodóvar pero menos enjutas, menos manchegas , y a cambio más extrovertidas, vive Dios que sí), la reportera, siempre amable y conciliadora, nos ha llevado a ver los animales (águilas, perros) que unos muchachos guardan en un secarral de por allí. Los chavales se quejaban de que el Ayuntamiento no pone las pistas de pádel que prometió y en invierno aquello da un tánatos que paqué, de ahí que se vean obligados a practicar la cetrería y la cría de perros. La verdad es que eran bastante más dignos que las señoras mayores, a juicio de Gachas, que prefiere la moderación en la expresión (de hecho, una cantaora con la que tuvo que trabajar Gachas cuando fue gestora cultural le dijo a ésta: "tú es que eres mu entrevertía", queriéndole hacer ver a Gachas lo poco que exteriorizaba sus sentimientos). Pues eso, que uno de los muchachos, con el dedo índice estirado para que sobre él se posara su águila, cariñosamente se dirigía a ella como "putona" ("dónde vas tú, putona, ven pacá") mientras le contaba anécdotas a la periodista.

Después, la reportera charló con una muchacha del extrarradio madrileño que veranea allí desde hace 5 años en un apartamento que le sale a 1500 euritos al mes. A Gachas ni siquiera la chica joven de su ciudad le cayó bien, básicamente porque decía "zotea" ("El gato éste siempre está saltando de zotea en zotea").
Pero el odio acérrimo gachuno se ha focalizado en la reportera, en especial cuando ha invitado a los telespectadores a entrar a la caseta donde vive un extraño ser con su anciana tía. Lo tienen todo revuelto y hecho un asquete, la nevera la usan de armarito (había dentro cepillos de pelo, tubos de crema etc) y, por si alguien quisiera agredirles, el buen señor esconde una especie de fémur de mamut bajo el sofá para desquitarse con los desconocidos. Ni siquiera ahí la répor ha hecho ningún aspaviento: ha seguido hablando en su tonillo conciliador haciéndole ver pedagógicamente al loco del pueblo que no es plan de ir pegando con un palo a todo el que se mee en su parcela ("Oiga, no está bien que haga eso. Tenga cuidado, por favor" o algo así de inútil le ha dicho).

Snif. Qué dañino es para el alma gachesca no poder corear Viva la Gente lo a menudo que una quisiera.

domingo, septiembre 07, 2008

Blackberri Eguna



El día de tener Blackberry les llega a todos, incluida Gachas, que la obtuvo GRATIS merced a la fidelidad que le une a su compañía de telefonía móvil Orange (Gachas es más fiel a Orange que un caballito de mar a su yegüita de mar: se afilió cuando aún se llamaba AMENA y ahí sigue, y no por satisfacción sino por pura pereza de cambiar). A lo que vamos: para cualquier produzto hay ahora planes renove, y Gachas aprovechó el renove orangesco (¿el renove cítrico, debería decir?) para hacerse con un tochaco de blackberry gratis y por ende, con una tarifa para que los mails le lleguen a ésta.
Pues bien: como siempre, Gachas, que debe de irradiar alguna feromona antimicrochípica, ha tenido problemas con la Blasberry. Tan grandes han sido los susodichos que hasta la joven del servicio técnico de Orange ("¿en qué puedo ayudarle, Sta. Gachas?"), tras llamar Gachas por tercera vez el mismo día, le ha sugerido que la devuelva (Gachas está dentro de la semana de prueba) y que se haga con otra rapidito, que esa es como de Tómbola Hnos. Carrasco.

Así entre nosotros, la Blackberry es fea como un demonio, pero a Gachas casi que le daba morbete tener ese parato exageradamente ancho, con esas teclillas que parecen dientes apiñaos, con esa fealdad pantallil (tendrían vds. que ver el block de notas: una mera pantalla blanca con letra courier new y a correr: parece MS-DOS). Y además, a Blackberry regalada, no le mires el diente, pensaba Gachas, pero una cosa es el feismo endógeno blackberriano y otra el que la agenda de contactos de yahoo (unos 300, no todos ultraamigos pero sí contactos) no se cargue y Gachas tenga que meterla a dedo, ¿no les parece?

Mañana será un día doloroso para Gachas: Vendrá un sito de SEUR, recogerá el paquete abierto y Gachas se despedirá de su ni-tan-siquiera-estrenada Blackberry, que no sabemos si será triturada junto a Rolex falsos y otras Blackberries handicapped, o si será endilgada a otro consumidor que no se cosque de la problemática que trae consigo (porque llegar los correos, llegan, pero no se pueden escribir sino tecleando la dirección letrita por letrita).

Y vuelta a llamar al plan renove, a aclarar que le vuelvan a reintegrar los puntos (eufemismo de "Euros") por antigüedad y todo ese rosario de acciones propias de la posmodernidad y de Baudrillard, Zizek y la madre que los parió a todos, que son los verdaderos culpables de que esto suceda.

miércoles, agosto 27, 2008

Tentáculos

Gachas hace trampa: postea estas fotos que no son de su autoría sino de la de su amigo O. A. y además hace creer a sus atentos lectores que las ha tomado en este viaje, cuando en realidad son de 2007.

En cualquier caso, qué más dará, si son dos pedazos de testimonios que valen un potosí. Es Espe desde el más allá, desde ultramar, que trata de conquistar el mundo. Espe es un poco Condoleezza, me temo.
Les dejo con las fotos:


lunes, agosto 25, 2008


Gachas at hoteles con encanto




Había que dedicar en algún momento un post al concepto “hotel boutique” u hotel con encanto, pero para ello, había que probarlos.
Gachas ha estado todo el mes de agosto de hotelaco tocho en hotelaco tocho pagado por la organización, y ahora, en sus últimas 2 noches en Buenos Aires, ya por su cuenta, se ha pillado uno de los boutique. Gachas era consciente de que elegir este hotel y portar la etiqueta de burguesa bohemia era prácticamente simultáneo, pero así lo asumió y aquí está.
El hotelito tiene 10 habitaciones: es una casa porteña con su patio y su canesú y no pone a la entrada ostentosamente “HOTEL”. La idea es que te sientas como en casa, pero más bien como en casa de tus padres: la señorita que atiende por la mañana, a la que llamaremos Graciela para no vulnerar su identidad tiene a Gachas fiscalizadita con sus “No te puedo creer: ¡salís re-pronto!”. “Sos tremenda: no parás ni un minuto”. Lo peor fue el primer día cuando Gachas, recién llegada, ya quería irse con ansias a sus citas con personas y a dar paseos. Graciela, que no comprendía por qué Gachas no prefería pasar l´après-midi en el precioso hotel boutique de sillas todas desiguales y espejos con marco barroquista, le pone las manos en sus hombros gachescos y le dice: “Y ahora te voy a pedir un único favor, Gachas” (Gachas pensó que se trataba de dinero), “Relajate, calmate y disfrutá: estáh de vacasiones”. A Gachas esto le genero tal ansiedad y nerviosismo que salió escopetá de allí cuidándose muy mucho de no volver hasta la noche, cuando hubiera terminado la jornada laboral de la susodicha. Hoy, por fortuna, Graciela libra y Gachas se siente mucho más tranquila desayunando en el saloncito mono con la dueña del hotel (se ve que es la dueña porque anoche trajo a su hijo catorceañero y a un amiguito suyo a dormir a sus dependencias, y les puso de cena (en el mismo saloncito del desayuno) filete empanao con queso). La dueña del hotel no se siente en la obligación de hablar y entretener a Gachas, lo cual no saben cuánto alivia a esta última.
Lo verdaderamente sorprendente de todo esto es que los demás residentes del hotel parecen valorar mucho las atenciones y el trato de Graciela. Gachas ha estado hojeando el libro de firmas del hotel y ha visto lo unánime que resulta la impresión del viajero acerca de aquella: "Great location. Very cozy hotel. Graciela is very nice!" o "Gracias por hacer que nunca olvidemos nuestra maravillosa estadía en Buenos Aires. Y en especial a Graciela por su amabilidad. Saludos de Néstor y Gloria María, Bogotá."

Como observarán, el concepto “pensión” o su modalidad británica, bed and breakfast, sobrevuelan la lectura de este post. Obviamente, los precios son mucho más elevados que los de esos lugares, porque la florsita seca y la jofainita se cotizan altísimo en el mercado de valores de la hotelería. Ahora, eso sí, en la reforma de la casa vieja de barrio con patio, han puesto mal las juntas y por algunas zonas entra una rajca de aquí te espero. Y no hay encimera como Dios manda en el lavabo: no tienen encanto las encimeras pero, y lo prácticas que son, Señor.

martes, agosto 12, 2008

El juego de las tres diferencias



Como el tiempo es elástico, Gachas vuelve atrás y recuerda unas cuantas cositas de las vividas en Córdoba, Argentina. Por ejemplo, juguemos a adivinar dónde se hallan los tres elementos que hacen diferente esta clase o evento en una facultad argentina de Ciencias de la Información del que tendría lugar en su homóloga Complutense, por ejemplo.

(Solución (pero imagínense que está escrita al revés, como en los pasatiempos): Niña, Perro, Equipo de Mate).

Divertido fue asistir a una presentación de libro académico, volver a experimentar las sillas con apoyabrazo, escuchar a la gente hablando de redes de comunicación, de paradigmas y de cosas así con terminología de ciencias sociales. Y el perrito en el aula, paseándose como Perro por su casa; y la niña hija de un ponente también por allí, y el omnipresente mate en un apoyabrazo.

Y ahora otra fotito más de una divertida bebida refrescante argentina:



Así se llama, no porque sea un alegato contra la fiesta nacional ibérica, sino porque hace mención al lugar donde las reses se paran a abrevar. Se arma, como ven, una bonita analogía entre la sed toruna y la humana. Las hay de dos sabores: tónica y pomelo, y la manera de pedirlas es: "Por favor, deme una Paso de los Toros tónica" o "una Paso de los Toros pomelo". Y NO, como creía Gachas: "Una Paso de Pomelo" o "Una tónica de los toros".
La palta no falta

¡Cuánta palta (misma cosa que aguacate) se come en Chile, amiguitos!
Ayer, sin ir más lejos, Gachas, a lo tonto, se metió UNA palta entera para su cuerpo gachesco. La cosa es que cualquier plato viene empaltecido: pides una ensaladita con algo de palta y...zas, te ponen media, bien cortadita en lonjas. Pides un sandwich y, si quieres, también puede llevar su buena dosis de palta (a la que le añaden mayonesa en un alarde de cremosidad a mi juicio excesivo). En fin, que esquivar la palta en Chile es todo un trabajo. Es como pedirse unas tapas de boquerones en vinagre y gambas al ajillo y tratar de retirar el ajo a toda costa.

Gachas se está autoengañando mazo en Chile con respecto a su dieta: cree estar medio a régimen porque a mediodía se pidió un pejcadito plancha (reineta se llamaba, nada que ver con su homónima manzana, pero rico) y una ensalada con, obviamente, media palta; y como se cenó una ensalada de palmito, tomate, judía verde y, de nuevo media palta, su conciencia está tranquila, pero a nada que recuerda el libro de los points de Weight Watchers (Weight Watchers y su sistema de contar las calorías mediante points están pidiendo una entrada en este blog hace siglos), se da cuenta de la cruda reality: un aguacate tiene como 800 calorías. Impídanle a Gachas seguir con su vicio; háganle salir de esta espiral de autoengaño y mantecosidad.

domingo, agosto 10, 2008

Gachas y las variantes dialectales

Gachas, ya en Santi de Chile, se acuerda hoy más que nunca de Guadalupe Enríquez, la presentadora de 300 Millones, aquel programa de la infancia gachesca que pretendía hacernos creer que todos, ejpañoles y latinoamericanos, hablamos la misma lengua: se conoce que Lupe Enríquez no había viajado nunca a este país estrechito y largo que es Chile. Gachas retransmite ahora desde el lobby ( cayó en desuso la palabra "jol") del hotel donde se aloja, a la espera de que le asignen habitación.
Como ha llegado ultrapronto y no le dejaban entrar aún a su chambre, Gachas, muertadambre tras el vuelo (Córdoba-Santiago), ha ido a zamparse un sandwich a un popular lugar llamado Lomit´s. El Lomit´s está decorado con motivos tiroleses (ya saben: listones de maderita barnizada, manteles rojos, sillas de madera tocha oscura, motivos verdes, punto de cruz...) y sirve, entre otras cosas, perritos calientes (Gachas teme que sus propietarios sean ancianos nazis refugiados en Chile tiempo ha, como tantos otros que residen en el Cono Sur).
Bueno, a lo que vamos: el buen camarero así mayor, con solera, le ha dado la carta para que eligiera y ahí Gachas se ha visto en problemas. El menú de sandwiches era admirablemente amplio, sí, y sus microvariantes ("con un ingrediente agregado", "con dos", "completo"...) eran muchas también, pero el problema a la hora de elegir se acrecentaba por el hecho de que Gachas no entendía la terminología sandwichística chilena, y tres cuartos de lo mismo le ocurría con la de las bebidas.


Así, Gachas pudo optar, además de por los ricos "lomitos" que dan nombre (sajonizado) al local, por sandwiches en "frica, molde o marraqueta", y otros modelos de sandwich y platos como "ave chacarera", "Barros Luco en ave", "chimilico", "Barros Jarpa", "aliado" o "machas a la parmesana en paila". Entre las refrescantes (o no, quién sabe), bebidas, Gachas dudaba entre schops y garzas (copón mediano, blanco o negro), socos de manzana, bajativos (parecen ser aguardientes o chupitos) y bebidas desechables, que sí ofrecían una aclaración: se trataba de coca cola, fanta y otros refrescos (¿desechable la bebida porque luego se expulsa por la vejiga? (como todas las demás, en realidad), ¿o desechable el envase que las contiene? (¿y eso qué más le da al cliente de Lomit´s?).
Respecto a los postres, Gachas se ha quedado con ganas de probar la "chirimoya alegre" y la torta de "hojarasca manjar nuez" o de "merengue lúcuma". Finalmente se ha pedido un sangüis de lomo de ternera con tomate en pan bimbo, un zumo de naranja natural ("vitamina de naranja") y listos.

Gachas en realidad sí contaba con un saber al respecto: el Barros Luco es como un pepito de ternera con queso fundido servido en pan de hamburguesa. Y debe su nombre a un antiguo presidente chileno. El Barros Jarpa, tres cuartos de lo mismo: lleva el nombre de un ex ministro. Imaginen el paralelismo: un camarero ibérico gritando "que sean tres Fraga Iribarnes y un Caalvo-Sotelo sin cebollaaa, marchando". Así sonaría.



Tras la ingesta del sandwich, Gachas ha disfrutado de las amenities del hotel que, para compensar la tardanza en entregar las habitaciones, permite a sus clientes tomar café, galletitas y fruta gratis de nuevo en el lobby.
Gachas no está segura de si la bandeja de fruta está ahí de verdad para ser ingerida o si su función es meramente ornamental: hay una piña entera coronándolo todo (dudo que algún cliente empuñe un cuchillo y empiece a cortarle el penacho), unos kiwis y naranjas cortados por la mitad con bordes almenados en zigzag y otras frutas para hacer bulto. Gachas ha sido aguerrida y, en un alarde de "como esto es gratis, yo me lanzo", se ha zampado un higo ex chumbo (le habían quitado los pinchos) cuyas pepitas interiores, de tan duras, se acercaban a la munición, y una fruta cuyo nombre desconoce: ni papaya, ni mango, ni ciruela, ni melón pero todo eso junto más o menos, y un poco más soso que la suma de esos ingredientes. Gachas, en serio, teme haberse comido el típico fruto de adorno que en realidad no se come porque provoca fuertes descomposiciones o similar.

(Información actualizada: un amable camarero le ha contado a Gachas que lo que acaba de ingerir es un pepino dulce, que tranquila, que es perfectamente comestible. Así se llama la cosa, pero forma de pepino les garantizo que no tenía).

jueves, agosto 07, 2008

El paraíso existe

Gachas hace un pequeño inciso en sus crónicas argies para volver al tema por antonomasia: El CALDO ANETO. La simpática D. M. le ha mandado unas fotos desde Artés (¿Barcelona? bueno, Cataluña en cualquier caso) frente a la fábrica del alimento envasado favorito de Gachas y, a este paso, de muchos de ustedes que ya han caído en sus dulces garras.
Por ahora Gachas colgará la foto de la fábrica solamente. Prontamente photoshopeará la foto en la que aparece D. con su amigo también D. para que no se reconozcan sus identidades y la subirá también, a modo de homenaje, a este su blog mío y de ustedes.

El fabuloso universo del mate (cap. 2)

Gachas quiere seguir hablándoles del tema mate y de sus adminículos fascinantes.
El otro día, en el taller que dio Gachas en Rosario, una simpática joven apareció acarreando su llamado "equipo de mate", consistente en un bolso rectangular con cremallera, de interior mullidito, en el que llevaba un termo de litro (importante: el termo ha de tener un pitorrillo para que el agua pueda enchufarse directamente en la zona deseada), un taper con la yerba (importante también: el taper debe tener también un dispositivo para que la yerba pueda enchufarse en el recipiente sin que se salga fuera la mitad), el mate y la bombilla.
Con este cargamento, además de la carpeta, los bolis, el móvil y algún libro, van muchos jóvenes argentinos a clase. Gachas MUERE por pasear por Malasaña o los aledaños de Casa Encendida con su correspondiente equipo de mate, pero Gachas a la vez sabe, sniff, que la impostura se paga cara y que la poca naturalidad con la que ella manejaría todos esos cacharros, la etiquetaría inmediatamente como "payasa" o, peor aún, "la pedorra esa que se hace el mate en la calle" (porque sus compatriotas ibéricos no emplearían la expresión "cebarse el mate"). Como saben, España es cruel con sus habitantes y aprovecharía cualquier error gachesco, cualquier derramamiento de yerba o agua casi hirviendo en el suelo para apuntar con el dedo a Gachas y detectar que ella no es una bebedora auténtica de mate, si es que existe la clasificación anterior. Pero denle tiempo a Gachas: esperen que se haga adicta de verdad y que coja soltura y, cuando vean a una muchacha por Madrid con un bolso gigante lleno de táperes, termos, bombillas y demás recipientes, salúdenla: será, con seguridad, Gachas.

martes, agosto 05, 2008

Gachas chupa




Amiguitos, ya integrada totalmente en el invierno argentino, Gachas vuelve a la carga tras unos problemillas de índole hacheteemeélica. Es decir, que de repente su propio blog, su propia gachedad, no permitía a Gachas postear nada, ni copipastear desde word ni otras variantes de subir texto a este mullido blog: todo se convertía en un documento html al que se le veían las costuras (los "strong" y todo eso).

Pero parece que ya pasó, aunque de repente el sitio se ha convertido en un lugar básico y sin recursos tipográficos ni nada nadita nada. En fin, al menos el contenido es el gachesco de siempre, para bien y para mal.

El título de este post tiene que ver con ese pedazo de icono de la argentinidad que todos conocen: el MATE. Gachas lleva dos, 2, dos sesiones de mate invitada por lugareños rosarinos (el mate es como la heroína o los porros: "solo no; con amigos sí"). En esa especie conosureña de ceremonia del té sin kimono, Gachas se ha mostrado sueltísima: cebar el mate lo que se dice cebarlo sólo lo ha hecho bajo atenta supervisión ("¿así?, ¿sigo mojando la yerba?, ¿debo echar el agua cerca de la bombilla?"), pero beber hasta que suena churrp churrp, eso lo ha hecho más de una vez y se le da megabien. Trucos que ha aprendido: a no agarrar con la mano la bombilla (amiguitos extramateros: la bombilla es la pajita metálica que se usa para chupar del bote), a dejar en el medio el recipiente (o mate) cuando ya no se puede chupar más porque no hay agua y suena churrp churrp.

Gachas fue obsequiada hace unos años por sus queridos S y J.C. con un mate de porongo (calabaza seca, ¿o es que voy a tener que explicarlo todo?) que ponía su nombre y que estaba decorado con motivos folklóricos latinoamericanos, si es que este adjetivo aporta algo a su imaginario. Gachas agradece mucho el regalo y tal, pero ahora que ya no es más una advenediza, se ve en la obligación de cambiar de recipiente y usar uno feote, o de madera tosca o de aluminio por fuera y madera por dentro. Adios a los recubiertos de piel de potro o cuero bruñido. Adios a los de culo de plata repujada. Eso es tremendamente para turistas que, una vez en sus casas de Heidelberg o Lille, lo colocarán en una vitrina hasta nueva orden. Gachas no: Gachas va a llegar a Madrid y, nada más depositar las flamantes maletas de cuatro ruedas (cada una) que ahora posee, va a poner la kettle para cebarse unos mates (ojo: que el agua nunca rompa a hervir). ¿Que con qué yerba? con la Rosamonte que tiene en casa desde el año del picor y que probablemente esté seca y no sirva.
Estamos en el aire

Aunque este post será colgado horas más tarde y ya desde Argentina, Gachas quiere cumplir el fuerte deseo de postear en directo desde Barajas. Ya parece que va a salir el vión, 26 horas más tarde de lo previsto. Gachas ve a la misma gente de ayer, casi todos repiten ropa. No es de extrañar: facturaron sus maletas y se quedaron sólo con el neceser en el hotel ese periférico donde los alojaron. No comprende bien Gachas los atuendos que la gente elige para pasar 12.40 horas en una aeronave con fuerte aire acondicionado: havaianas, trajes de sedilla babosa con caida, tops palabra de honor… ni una mala rebeca para cubrirse los hombros si hace frío.
Gachas ahora siente un poco de envidia de no haber compartido con ellos la cena de ayer y el desayuno, la comida y la cena de hoy. Gachas ve que han hecho pandi unos con otros: parejas de mediana edad con parejas de treintañeros; familias argentinas con enfermeras de Logroño que van conocer los glaciares y las cataratas etc. Se nota claramente en la sala de embarque (“Ché, los extrañé hoy en la cena; había un pescado muy rico”). A estas horas, si Gachas se hubiese quedado en el hotel Auditorium con el rebaño, se habría hecho con los mails de un montón de Marcelas, Hernanes y Gracielas. Dita sea.

Real time, 23.57: una gente canta la versión argentina del Cumpleaños feliz, que es, básicamente, “Que loh cuumpla fee-lis, que loh cuumpla fee-lis… etc”. Y la gente está de buen humor y ha aplaudido cuando la tripulación, toda vestida en navy blue, se ha dirigido a la aeronave.
Ya embarcamos las personas también. Hasta el siguiente post, amiguitos.

domingo, julio 27, 2008

El no-día de Gachas



El gobierno español ha enviado a Gachas en misión cultural especial a rular por Argentina y Chile este verano de aquí/invierno de allí. Gachas se las prometía muy felices llenando ayer por la mañana su maletita de jerseys que pican y de leotardos, pensando que hoy domingo a las 6 am hora argentina estaría en Buenos Aires, Aerolíneas Argentinas mediante.

Ilusa Gachas: el vuelo se postpuso para esta tarde, y probablemente salga más bien de madrugada, según tímidamente informan los teleoperatas porteños que la atienden desde el call-center aeroliniano (me confirman que a las 23.55, sniff). Pero Gachas no quiere entrar en lo indignante y tanático que resultó todo ayer y que sigue resultando hoy: hordas de personas esperando, escasa o nula información etc. Ayer Gachas, haciendo su hermosa cola de tres horacas para facturar en Barajas unas maletas que irán dentro de un vuelo que aún no ha salido (eso sí que es "early check-in"), pensaba que, por primera vez, se sentía participante de esos telediarios veraniegos donde aparece gente en terminales variadas de aeropuertos con el cutis cetrino y aquejado de deshidratación a punto de darle una guantá al personal de tierra de la compañía aérea que les quita impunemente días de jolideis. Sí, Gachas ha estado casi 3 horas rodeada de esas personas, en su mayoría argentinas; Gachas ha oido por doquier "puta que lo parió" y "la concha de su madre" como modalidad de queja oral, y bastantes "no hay derecho", "esto es una vergüenza", proferidos por compatriotas gachescos.

La opción era "reubicar" a los pasajeros en un hotel de esos finos pero en medio de la nada, casi moteles, donde suelen pernoctar los que ponen stands en la Feria Internacional de la Bisutería de IFEMA. Gachas, que es gafapasta, ha leído no pocos escritos de arquitectos y urbanistas contemporáneos que hablan de este tipo de no-lugares del mundo de hoy, tanto aeropuertos como hoteles periféricos, autopistas o superficies comerciales anodinas. Como a Gachas le daba un tánatos soberano estarse ahí encerrada hasta hoy por la tarde, ha optado por venirse al sí-lugar por antonomasia: su casita gachesca, pero ha pagado un alto precio por ello: al no estar con el rebaño de pasajeros y necesitar comprobar cíclicamente información sobre la hora verdadera de salida del vuelo, su día ha quedado convertido en un no-día que ha incluido levantarse a las 5. am, estar hora y media al teléfono por ver si Aerolíneas o AENA sabían decirle algo, una excursioncita a Barajas por si acaso y una comida compuesta por espinacas congeladas y posteriormente hervidas, que era lo único que Gachas tenía en el frigorífico para echarse a la boca.
Si algún día el vuelo sale, Gachas hará su bonita crónica conosureña desde este su blog, que es también el blog de ustedes.

viernes, julio 25, 2008

Gachas y la monitora

Gachas, que está en sus late thirties, ha empezado, como tantas mujercillas en sus late thirties, a ir a Pilates. Inmediatamente ha quedado abducida por la gran profesionalidad de la monitora y se ha apuntado ya para septiembre con la misma (eh, a no pensar que Gachas entiende y tal: que no pasaría nada, en el clima de tolerancia en que vivimos, pero que no es el caso).

La monitora tiene voz de monitora, ademanes de monitora y vocabulario de monitora. Emplea giros con el verbo en primera de plural y quitando el artículo cuando se refiere a partes del cuerpo: "flexionamos rodillas" o "contraemos glúteos". Esa primera de plural hace que las alugnas se sientan como que pertenecen a algo, como cercanas y similares a la cachas monitora, a la sazón bronceadita pero no a una intensidad ordinaria y chusca.
Gachas ha aprendido que la especie de camilla con adminículos extraños (muelles, agarrador como de trapecio circense, etc) se llama "el reformer", y contiene elementos como los manerales, el cajón, la plataforma y muchos otros. Además y por primera vez en su vida, Gachas ha interactuado con un balón gigante como los de Nivea que tiraban los aviones en Playa San Juan-Alicante, pero más clarito de color y más boing-boing. Gachas se sintió , aunque sólo por unos instantes, como el simpático animalillo que se sube encima, hace equilibrios y su domador le tira unos pejcaditos crudos cuando lo hace bien.
La modalidad de Pilates que hace Gachas se llama "pilates máquina con cardio". La sección cardio implica subirse a una zona del jinasio donde hay bicis, máquinas como de esquí, steps y cosas así. Allí pasan las alumnas unos 20 minutos sudando como gallináceas hasta que la majérrima y paciente monitora les dice que estiren cuádriceps, que suban la espalda formando un arco y que cada una a su casa, y así prosigue su vida hora tras hora (la de la monitora, no la de Gachas, que sólo va 2 días por semana).

Gachas se juega su cuello gachesco de 7 vértebras ("relajamos cuello") a que más de una persona con chalés espacioso se ha comprado la maquinota esa por Navidad, como quien se compró la ciclostatic en su día, y la ha usado una media de 2 veces por cuatrimestre, aunque asegure que la encuentra utilísima y aún no le haya dado por pensar que en qué mala hora se compró ese cacharro, que parece primo hermano de la licuadora moulinex y de la yogurtera braun en lo que se refiere a utilidad.