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martes, agosto 05, 2008

Estamos en el aire

Aunque este post será colgado horas más tarde y ya desde Argentina, Gachas quiere cumplir el fuerte deseo de postear en directo desde Barajas. Ya parece que va a salir el vión, 26 horas más tarde de lo previsto. Gachas ve a la misma gente de ayer, casi todos repiten ropa. No es de extrañar: facturaron sus maletas y se quedaron sólo con el neceser en el hotel ese periférico donde los alojaron. No comprende bien Gachas los atuendos que la gente elige para pasar 12.40 horas en una aeronave con fuerte aire acondicionado: havaianas, trajes de sedilla babosa con caida, tops palabra de honor… ni una mala rebeca para cubrirse los hombros si hace frío.
Gachas ahora siente un poco de envidia de no haber compartido con ellos la cena de ayer y el desayuno, la comida y la cena de hoy. Gachas ve que han hecho pandi unos con otros: parejas de mediana edad con parejas de treintañeros; familias argentinas con enfermeras de Logroño que van conocer los glaciares y las cataratas etc. Se nota claramente en la sala de embarque (“Ché, los extrañé hoy en la cena; había un pescado muy rico”). A estas horas, si Gachas se hubiese quedado en el hotel Auditorium con el rebaño, se habría hecho con los mails de un montón de Marcelas, Hernanes y Gracielas. Dita sea.

Real time, 23.57: una gente canta la versión argentina del Cumpleaños feliz, que es, básicamente, “Que loh cuumpla fee-lis, que loh cuumpla fee-lis… etc”. Y la gente está de buen humor y ha aplaudido cuando la tripulación, toda vestida en navy blue, se ha dirigido a la aeronave.
Ya embarcamos las personas también. Hasta el siguiente post, amiguitos.

domingo, julio 27, 2008

El no-día de Gachas



El gobierno español ha enviado a Gachas en misión cultural especial a rular por Argentina y Chile este verano de aquí/invierno de allí. Gachas se las prometía muy felices llenando ayer por la mañana su maletita de jerseys que pican y de leotardos, pensando que hoy domingo a las 6 am hora argentina estaría en Buenos Aires, Aerolíneas Argentinas mediante.

Ilusa Gachas: el vuelo se postpuso para esta tarde, y probablemente salga más bien de madrugada, según tímidamente informan los teleoperatas porteños que la atienden desde el call-center aeroliniano (me confirman que a las 23.55, sniff). Pero Gachas no quiere entrar en lo indignante y tanático que resultó todo ayer y que sigue resultando hoy: hordas de personas esperando, escasa o nula información etc. Ayer Gachas, haciendo su hermosa cola de tres horacas para facturar en Barajas unas maletas que irán dentro de un vuelo que aún no ha salido (eso sí que es "early check-in"), pensaba que, por primera vez, se sentía participante de esos telediarios veraniegos donde aparece gente en terminales variadas de aeropuertos con el cutis cetrino y aquejado de deshidratación a punto de darle una guantá al personal de tierra de la compañía aérea que les quita impunemente días de jolideis. Sí, Gachas ha estado casi 3 horas rodeada de esas personas, en su mayoría argentinas; Gachas ha oido por doquier "puta que lo parió" y "la concha de su madre" como modalidad de queja oral, y bastantes "no hay derecho", "esto es una vergüenza", proferidos por compatriotas gachescos.

La opción era "reubicar" a los pasajeros en un hotel de esos finos pero en medio de la nada, casi moteles, donde suelen pernoctar los que ponen stands en la Feria Internacional de la Bisutería de IFEMA. Gachas, que es gafapasta, ha leído no pocos escritos de arquitectos y urbanistas contemporáneos que hablan de este tipo de no-lugares del mundo de hoy, tanto aeropuertos como hoteles periféricos, autopistas o superficies comerciales anodinas. Como a Gachas le daba un tánatos soberano estarse ahí encerrada hasta hoy por la tarde, ha optado por venirse al sí-lugar por antonomasia: su casita gachesca, pero ha pagado un alto precio por ello: al no estar con el rebaño de pasajeros y necesitar comprobar cíclicamente información sobre la hora verdadera de salida del vuelo, su día ha quedado convertido en un no-día que ha incluido levantarse a las 5. am, estar hora y media al teléfono por ver si Aerolíneas o AENA sabían decirle algo, una excursioncita a Barajas por si acaso y una comida compuesta por espinacas congeladas y posteriormente hervidas, que era lo único que Gachas tenía en el frigorífico para echarse a la boca.
Si algún día el vuelo sale, Gachas hará su bonita crónica conosureña desde este su blog, que es también el blog de ustedes.

miércoles, noviembre 02, 2005

Cuando se apague la señal luminosa

Ayer Gachas, en una conversación que mantuvo sobre el mundo de los auxiliares de vuelo, recordó el glamour que sentía de pequeña ante la profesión de azafata (de hecho, Gachas tenía la Nancy con el traje de azafata de Iberia diseñado por Elio Berhanyer, azul marino con motivos en verde y amarillo).
De pequeña, Gachas tenía miedo de no poder acceder a las pruebas de azafatismo de Iberia debido a su miopía (se comentaba-se rumoreaba que las azas no podían llevar gafas y Gachas llevaba gafas ya en la infancia). Otro rumor estaba relacionado con la altura del personal de cabina: las chaparras ya se podían ir olvidando de mostrarle al mundo cómo se inflaba el chalequillo, pero eso no le preocupaba mucho a Gachas, que canija, lo que se dice canija, nunca fue.

Cuando a los 16 años Gachas se puso lentillas dedicó bastante energía a urdir maneras de poder quitárselas un rato en los vuelos transatlánticos y así descansar un poco las córneas. Es decir: que aún a los 16 Gachas pensaba que el azafatismo del aire podía ser una profesión molona. En realidad, lo que más idealizaba Gachas de la profesión de hostess era la idea de llegar al hotel de, pongamos, Chicago, pedir la llave de la habitación, atravesar el pasillo feamente enmoquetado y dormirse como una ceporra en la cama king-size, no sin antes haber puesto en la puerta el "do not disturb" correspondiente.

Gachas ha cambiado mucho: cuando va en avión y ve a las azafatas y azafatos con esos feísimos uniformes sirviendo zumosoles se le cae el alma a los pies. Pero por alguna razón (y esto lo comentaba Gachas en su conversación de ayer ), la aeronáutica sigue conservando un glamour que otras profesiones no tienen ni patrás. El rollo torre de control-tripulación-pilotaje etc. sigue fascinando a chicos y grandes, y sigue generando urbanizaciones enteras pobladas por profesionales de la aeronáutica como la madrileña Alameda de Osuna (para más información sobre este barrio, lean el blog del Yogourth rancio linkeado más a la derecha).