Gachas llega tarde
...a las modas y las tendencias. La constatación de esto ha tenido lugar tras el encargo de unas flamantes gafas graduadísimas financiadas por la sociedad de gestión de derechos que le corresponde por su profesión liberal. Resulta que Gachas ha comprado, tras resistirse mucho durante años, las típicas y caricaturizables gafas de pasta negras.
A ver, que Gachas era gafapasta, que no lo niega, pero más bien gafapasta de otros colores ,para no caer en la antonomasia del gafapastismo. Pues bien, ahora que ya ha caído la última pieza del dominó de tendencias en gafas y la negra de pasta la lleva hasta la lotera Doña Manolita, va Gachas y se compra las suyas, no muy grandes encima (es que ahora se llevan de nerd, gigantonas, y de montura de carey, como de estudiante de algún prestigioso centro de la Ivy League o similar).
Algo parecido le pasó en su día con los zapatos y botas de punta como tejana. O en realidad no es un ejemplo que sirva como analogía porque a Gachas no le gustaban esas puntas ni a tiros, y no es que cayera en esa tendencia tarde: directamente la esquivó con más o menos esfuerzo y punto.
Pero lo que se está tratando aquí es la tristeza de llegar la última a la sala de las tendencias. Llamar al timbre del mundo de las gafas y que todos los que ya entraron en él en su día lleven las mismas gafas que tú.
Otra desventaja de esto es que a esas gafas les quedan dos telediarios para ser vistas como espantosas, sin pasar aún a ser "retro" ni "vintage" ni nada similar hasta que no transcurra al menos una década (y dónde estará Gachas dentro de una década, señor mío).
Estas moñerías le preocupaban a Gachas ayer. Hoy menos que mañana, supone.
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martes, febrero 26, 2008
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domingo, julio 09, 2006
Viaje al centro del gafapastismo
Hoy Gachas asistió a un espectáculo que incluía música+un poquito de cosa visual. Era un homenaje a Samuel Beckett con música de Morton Feldman y dirección (de la cosa visual) de Archim Freyer. Por si aún no se han percatado, el espectáculo era 100% gafapastista: una hora de música llamémosla mínimal y de visualidad a cargo de cuatro actores de blanco que hacían leves movimientos y que portaban figuras geométricas negras, simples y bidimensionales, a modo de cabezas. Un espectáculo inasible, en palabras (muy precisas) de un asistente al evento.
Gachas y su amigo J. O. han salido contentos del evento: golía a vanguardia clásica, a Mitteleuropa que tiraba patrás. También un poco a Malevich, aunque el montaje en sí fuese del 85.
Gachas ha visto cómo parte del público iba yéndose a medida que avanzaba el espectáculo, pero discretamente, como avergonzados de su no comprender nada. Eso le ha hecho pensar a Gachas que el respetable puede tomar hasta cuatro actitudes posibles ante ese tipo de espectáculos:
1) Salirse a los 10 minutos, no sin antes haber proferido unos cuantos gritos tipo "¡Sinvergüenzas!, ¡payasos!", "¡Esto ni es teatro ni es ná!".
2) Salirse discretamente a los 20 ó 25 minutos.
3) Aguantar hasta el final para intentar aprehender algo, aunque por dentro se piense que vaya truñete.
4) Captar el discurso de la obra. Comprender los distintos lenguajes que conviven en ella y, en definitiva, lo que está en juego en el espectáculo. Ser capaz de relacionar todo lo percibido con otras obras de artistas o pensadores y tener ganas de charlar al respecto a la salida del teatro.
Normalmente Gachas fluctúa entre los estadíos 3 y 4 ante un espectáculo así: se le ocurren comentarios que hacer; cree distinguir cosas que puede relacionar con otras ya vistas o leidas o escuchadas, pero todo a un nivel muy pobrecito y no sin pensar a ratos para sus adentros: uff, se está haciendo un poco larguito esto.
Lo bueno de lo de hoy es que Gachas lograba sentirse en el Estocolmo de los 70: todo tan blanco (la escenografía), tanta precisión, tanta seriedad y ausencia de chusquez y vocinglerío. Y de verdad lo más bueno, buenísimo de lo de hoy es que entre el público se encontraba Javi de Verano Azul (Juanjo Artero). ¡Quién lo diría: del barco de Chank a una instalación teatral de Feldman y Freyer!
Hoy Gachas asistió a un espectáculo que incluía música+un poquito de cosa visual. Era un homenaje a Samuel Beckett con música de Morton Feldman y dirección (de la cosa visual) de Archim Freyer. Por si aún no se han percatado, el espectáculo era 100% gafapastista: una hora de música llamémosla mínimal y de visualidad a cargo de cuatro actores de blanco que hacían leves movimientos y que portaban figuras geométricas negras, simples y bidimensionales, a modo de cabezas. Un espectáculo inasible, en palabras (muy precisas) de un asistente al evento.
Gachas y su amigo J. O. han salido contentos del evento: golía a vanguardia clásica, a Mitteleuropa que tiraba patrás. También un poco a Malevich, aunque el montaje en sí fuese del 85.
Gachas ha visto cómo parte del público iba yéndose a medida que avanzaba el espectáculo, pero discretamente, como avergonzados de su no comprender nada. Eso le ha hecho pensar a Gachas que el respetable puede tomar hasta cuatro actitudes posibles ante ese tipo de espectáculos:
1) Salirse a los 10 minutos, no sin antes haber proferido unos cuantos gritos tipo "¡Sinvergüenzas!, ¡payasos!", "¡Esto ni es teatro ni es ná!".
2) Salirse discretamente a los 20 ó 25 minutos.
3) Aguantar hasta el final para intentar aprehender algo, aunque por dentro se piense que vaya truñete.
4) Captar el discurso de la obra. Comprender los distintos lenguajes que conviven en ella y, en definitiva, lo que está en juego en el espectáculo. Ser capaz de relacionar todo lo percibido con otras obras de artistas o pensadores y tener ganas de charlar al respecto a la salida del teatro.
Normalmente Gachas fluctúa entre los estadíos 3 y 4 ante un espectáculo así: se le ocurren comentarios que hacer; cree distinguir cosas que puede relacionar con otras ya vistas o leidas o escuchadas, pero todo a un nivel muy pobrecito y no sin pensar a ratos para sus adentros: uff, se está haciendo un poco larguito esto.
Lo bueno de lo de hoy es que Gachas lograba sentirse en el Estocolmo de los 70: todo tan blanco (la escenografía), tanta precisión, tanta seriedad y ausencia de chusquez y vocinglerío. Y de verdad lo más bueno, buenísimo de lo de hoy es que entre el público se encontraba Javi de Verano Azul (Juanjo Artero). ¡Quién lo diría: del barco de Chank a una instalación teatral de Feldman y Freyer!
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viernes, enero 07, 2005
Aclaraciones sobre la gafa de pasta
Sí, qué pasa, Gachas aún es gafapasta. Hay muy pocas posibilidades de no serlo. No hablo de la gafapasta negra, hablo de cualquier otra menos de esa y de las de montura tan compleja que te distrae de la conversación del portador de la gafa. Tengo un amigo (Juan Carlos, lo digo sin pudor) que se pasó al estilo Díaz Miguel: montura grandota y dorada. Yo no soy tan rebelde, voy por la cañada con las demás ovejillas. Pienso cambiar de montura este año: de gafa pasta a gafa pasta con total naturalidad.
Sí, qué pasa, Gachas aún es gafapasta. Hay muy pocas posibilidades de no serlo. No hablo de la gafapasta negra, hablo de cualquier otra menos de esa y de las de montura tan compleja que te distrae de la conversación del portador de la gafa. Tengo un amigo (Juan Carlos, lo digo sin pudor) que se pasó al estilo Díaz Miguel: montura grandota y dorada. Yo no soy tan rebelde, voy por la cañada con las demás ovejillas. Pienso cambiar de montura este año: de gafa pasta a gafa pasta con total naturalidad.
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