Deletreando una vez más
Ocurrió lo que Gachas había intuido que sucedería en algún momento: ha tenido que deletrear en italiano un localizador aéreo y, al no entenderla bien el señorito teleoperador, él mismo ha recurrido al "B de Barcelona" pero en su versión italiana.
Casualmente había varias Bes en el localizador de Gachas, y el teleoperatore ha dicho "alora, Bi come Bari?" Gachas, patriota, enseguida ha corregido: "No, Bi come Barchelona". La B siempre es de Barcelona, nunca de Bari, Boston o Birmingham.
Después se ha topado con una L que el teleoperata ha decidido que era "L come Livorno", ciudad anodina donde las haya (anodina en el campo del deletreo, digo. Quizá sea una bella localidad, no lo descarto). Gachas ha tenido que echar mano rápida de sus conocimientos de geografía italiana para decidir que la N, en vez de ser de Navarra era de Napoli y la T de Torino y no de Tarragona.
Ha sido una experiencia adrenalínica de las que crean su poquita adicción. Ahora Gachas se muere por deletrear usando nombres de localidades italianas, pero también de ríos, accidentes geográficos etc.
martes, febrero 13, 2007
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Idiomas
sábado, febrero 03, 2007
Mondo Carbonara
Gachas salió hace un par de años de su caverna de percepción errónea y ascendió al mundo de las ideas correctas y verdaderas en relación con la pasta alla carbonara: resulta que la versión española, compuesta como sabrán de cucharadas soperas de nata, panceta cocida y champiñones, no tiene nadísima que ver con su homóloga italiana (y a la sazón receta original), que sólo lleva pasta, huevo crudo, pimienta, panceta bien frita y queso rallado. Ni rastro del grumo natoso y repugnante de la Carbonara ibérica.
Gachas aprendió esto hace tiempo, como señaló más arriba, pero no lo había puesto en práctica hasta hoy, que es cuando se ha marcado una cazuela compuesta de una especie de pasta formato cañería-cortada-en-trocitos a la que le ha añadido queso recién rallado, beicon refritillo en su propia grasa, bastante (quizá demasiada, ejem) pimienta negra y, por encima, dos huevos batidos crudos.
La experiencia es placentera, pero hay que estar preparado para ella: una compañera de pisazo se ha dejado la mitad del plato alegando que le daba asquillo y reparo el huevo semicuajado. Gachas se ha sentido profundamente consternada ya que juraría haber probado ese mismo rico plato (así, con el huevo haciendo blob, blob) en una trattoria de esas de camarero anciano antipático, que por lo visto era la mejor de Roma en lo que a la Carbonara se refiere. Perilli se llama el sitio. Cierra los miércoles.
Gachas se pregunta si cada país ha desarrollado su propia receta de Carbonara (en Alemania, por ejemplo, quizá lleve gambas y perejil el plato) según su visión estereotipada de Italia y, en concreto, quién transmitió mal la información sobre la Carbonara que llegó a España desde el país en forma de bota campera.
Gachas salió hace un par de años de su caverna de percepción errónea y ascendió al mundo de las ideas correctas y verdaderas en relación con la pasta alla carbonara: resulta que la versión española, compuesta como sabrán de cucharadas soperas de nata, panceta cocida y champiñones, no tiene nadísima que ver con su homóloga italiana (y a la sazón receta original), que sólo lleva pasta, huevo crudo, pimienta, panceta bien frita y queso rallado. Ni rastro del grumo natoso y repugnante de la Carbonara ibérica.
Gachas aprendió esto hace tiempo, como señaló más arriba, pero no lo había puesto en práctica hasta hoy, que es cuando se ha marcado una cazuela compuesta de una especie de pasta formato cañería-cortada-en-trocitos a la que le ha añadido queso recién rallado, beicon refritillo en su propia grasa, bastante (quizá demasiada, ejem) pimienta negra y, por encima, dos huevos batidos crudos.
La experiencia es placentera, pero hay que estar preparado para ella: una compañera de pisazo se ha dejado la mitad del plato alegando que le daba asquillo y reparo el huevo semicuajado. Gachas se ha sentido profundamente consternada ya que juraría haber probado ese mismo rico plato (así, con el huevo haciendo blob, blob) en una trattoria de esas de camarero anciano antipático, que por lo visto era la mejor de Roma en lo que a la Carbonara se refiere. Perilli se llama el sitio. Cierra los miércoles.
Gachas se pregunta si cada país ha desarrollado su propia receta de Carbonara (en Alemania, por ejemplo, quizá lleve gambas y perejil el plato) según su visión estereotipada de Italia y, en concreto, quién transmitió mal la información sobre la Carbonara que llegó a España desde el país en forma de bota campera.
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Roma
miércoles, enero 24, 2007
Honestidad Web
Gachas se topa a menudo con un problema propio de la contemporaneidad: el hecho de que las páginas web autopromocionales no se correspondan con la realidad física del lugar o producto que anuncian y, al toparse con este último se produzca una dolorosísima e irreparable decepción. Gachas no se refiere a la inclusión de fotografías trucadas o similar, sino al mero diseño engañoso de la página ―de su tipografía, animación, disposición de la información― que puede hacer pensar (a una miembra de la tribu gafapastista como Gachas) en una realidad afín a MOMAs o berlines o lóndrenes y que después resulta ser pequeñuja y anodina.
Eso le pasó el otro día con un lugar llamado Art Container en Roma: parecía que iba a ser el oro y el magrebí, según su página, y al final era como un armario ropero blanco con una pequeña expo de fotos colgadas.
El vacío legal al respecto impide que Gachas reclame o denuncie esta situación a los carabinieri de turno porque, ¿cómo se verbalizaría esta infracción legal? ¿Se diría: “señor Policía, vengo a denunciar a unos que usaban java y flash y de todo en su web pero luego lo que tenían era un bar pequeñujo? ¿Acaso a los propietarios de bar feo y pequeñujo (qué manía con los sitios pequeños le ha entrado a Gachas) las autoridades les pueden impedir el uso de java, de flash y de otros programas más modernos aún para crear sus webs? Obviamente no, que vivimos en unas democracias y en el libre mercado.
Gachas aprovecha la asociación libre que le ha generado el término “libre mercado” para contar una anécdota acaecida en Roma: va ella a comprar una esponja a la típica perfumería pequeña regentada por un matrimoño ya mayor y, cuando ya estaba a punto de adquirir una cutronga esponja de esas que son como redecillas de naranjas unidas con una cuerda para colgar en la pared, va la dueña y le dice que eso vale CINCO eurazos. Gachas dice que niente, que ahí te quedas tu spugna, maja (Esponja en italiano se dice parecido a la marca de salchichones Espuña). La señora, en actitud regateante, le dice: eh, Gachas, non ti credi que esta esponja es como las del mercadillo de ahí enfrente; anda, te la dejo por 3 euros. Gachas salió de ahí indignada y sin esponja. Su indignación radica sobre todo en el caos que debe de suponer regentar un negocio en el que no se sabe cuánto valen las cosas porque cada día cambian de precio a capricho de sus propios dueños. Gachas está segura de que si su “buona sera, vorrei una spugna” hubiese sido más firme y con mejor acento desde el principio, ahora tendría una espuña para colgar en la pared por el módico precio de un euro y medio o máximo dos.
domingo, enero 07, 2007
Ya está aquí otra vez Gachas
La iluminación navideña y el panettonismo han mantenido a Gachas alejada del suo blog durante demasiado tiempo. Con ilusión espera, una vez más, que le quede algún lectorcillo que llevarse a la boca.
La semana próxima todo recomienza: Gachas volverá a sus clases de italiano y de arqueología itinerante con sus professoresas vagas redomadas (irritatingly-laid-back-teachers); volverá a reencontrarse con la desgana característica de l@s profesionales italianos, con sus tradicionales caras de aquí iba a estar yo si me tocara la lotería (qué fea generalización por parte de Gachas, ni que viniera ella de un país escandinavo donde todo funcionase a la perfección).
Gachas está siendo mazo injusta en concreto con su professoresa de italiano, que en la última sesión prenavideña, quizá por la alegría que tenía ante las vacaciones ―de nuevo Gachas malmetiendo―, se marcó un binguito (en Italia se llama “Tómbola”) allí mismo en la clase.
La mujer se trajo el bingo que le habían echado los Reyes en tiempos de Sandro Pertini, con un dibujo del oso Yogui en la caja pero con incoherentes cartones de un Pato Donald medio mal dibujado dentro (Hannah Barbera y fake Disney en un mismo producto ¡!), y unas lentejitas para marcar en el cartón los números que iban saliendo. La gran novedad respecto al bingo español es que con que rellenes 2 números de una misma línea, ya puedes cantar “ambo”; si son tres “terna”; si cuatro “cuaterna” y si cinco (es decir, línea), “cinquina”, con lo cual se ganan pequeños premios permanentemente, aunque en detrimento de la emoción ante el anhelado canto de línea.
También la professoresa se explayó ese día y nos contó algunas anécdotas sobre Italia y sus cositas, que parece que los otros días había que sacárselas con calzador (¿es correcto decir “sacárselas con calzador”? la verdad, no visualizo la imagen. Quizá sea más bien “sacárselas con forceps” o “con tenazas”). Bueno, a lo que voy: que nos contó cosillas tipo que durante la etapa del Duce no se podían usar términos extranjeros en público, y en el fútbol, en vez de gritarse “gooool”, que es del inglés “goal”, se instaba (por la fuerza) a las personas a decir “rete” (red) que fue el término italiano creado para la ocasión. Estas y otras curiosidades llenaron de alegría y, por qué no decirlo, también de esperanza ante un futuro mejor, a Gachas, tan acostumbrada como estaba a la pasividad zen anodina della sua fistra profesora, que no te devuelve corregido un ejercicio ni a tiros. Más noticias sobre esta última a partir del jueves. Más noticias sobre otras cosas, probablemente antes.
La iluminación navideña y el panettonismo han mantenido a Gachas alejada del suo blog durante demasiado tiempo. Con ilusión espera, una vez más, que le quede algún lectorcillo que llevarse a la boca.
La semana próxima todo recomienza: Gachas volverá a sus clases de italiano y de arqueología itinerante con sus professoresas vagas redomadas (irritatingly-laid-back-teachers); volverá a reencontrarse con la desgana característica de l@s profesionales italianos, con sus tradicionales caras de aquí iba a estar yo si me tocara la lotería (qué fea generalización por parte de Gachas, ni que viniera ella de un país escandinavo donde todo funcionase a la perfección).
Gachas está siendo mazo injusta en concreto con su professoresa de italiano, que en la última sesión prenavideña, quizá por la alegría que tenía ante las vacaciones ―de nuevo Gachas malmetiendo―, se marcó un binguito (en Italia se llama “Tómbola”) allí mismo en la clase.
La mujer se trajo el bingo que le habían echado los Reyes en tiempos de Sandro Pertini, con un dibujo del oso Yogui en la caja pero con incoherentes cartones de un Pato Donald medio mal dibujado dentro (Hannah Barbera y fake Disney en un mismo producto ¡!), y unas lentejitas para marcar en el cartón los números que iban saliendo. La gran novedad respecto al bingo español es que con que rellenes 2 números de una misma línea, ya puedes cantar “ambo”; si son tres “terna”; si cuatro “cuaterna” y si cinco (es decir, línea), “cinquina”, con lo cual se ganan pequeños premios permanentemente, aunque en detrimento de la emoción ante el anhelado canto de línea.
También la professoresa se explayó ese día y nos contó algunas anécdotas sobre Italia y sus cositas, que parece que los otros días había que sacárselas con calzador (¿es correcto decir “sacárselas con calzador”? la verdad, no visualizo la imagen. Quizá sea más bien “sacárselas con forceps” o “con tenazas”). Bueno, a lo que voy: que nos contó cosillas tipo que durante la etapa del Duce no se podían usar términos extranjeros en público, y en el fútbol, en vez de gritarse “gooool”, que es del inglés “goal”, se instaba (por la fuerza) a las personas a decir “rete” (red) que fue el término italiano creado para la ocasión. Estas y otras curiosidades llenaron de alegría y, por qué no decirlo, también de esperanza ante un futuro mejor, a Gachas, tan acostumbrada como estaba a la pasividad zen anodina della sua fistra profesora, que no te devuelve corregido un ejercicio ni a tiros. Más noticias sobre esta última a partir del jueves. Más noticias sobre otras cosas, probablemente antes.
lunes, diciembre 18, 2006
Miscelánea romano-madrileña
Gachas tuvo que ir de nuevo a Madrid a unos recaos y se encontró con novedades tan grandiosas como el hecho de que la línea 5 de metro ya llega a Alameda de Osuna y al parque El Capricho. Pensarán ustedes que Gachas es frecuentadora de esa zona y de ahí su alegría pero no, nada más lejos de la realidad gachesca. A Gachas no la saquen del downtown, que se brota la pobre. Paradójicamente, va a una dottoresa a Tres Cantos, pero es porque le parece muy buena y muy rollo equipo humano ("Estupendo, parece que esta vez lo hemos conseguido": palabras de aliento como éstas le dice a Gachas cuando le erradica problemáticas que no van a detallarse aquí).
A lo que vamos: otra novedad metril que encontró Gachas en su fugaz visita a Madrid es la apertura de nuevas paradas en la línea 11 de metro. Una de ellas lleva el bonito nombre de La Peseta, pero puestos a encontrar bonitos nombres para cosas que nacen o se fundan, la propietaria de un nuevo puesto del mercado de la Cebada se lleva el primer premio (y la estación La Peseta el accesit). Resulta que Gachas baja el viernes al mercau a comprar unas frutas y unas latas de atún y unas cosas y ve un puesto insólito de tés a granel e infusiones (y se congratula por ello) llamado -atención-: Té y mi Gordy. Y al lado de este críptico nombre, la foto-dibujo de un perrillo tipo Fox Terrier. Es decir: la buena mujer emprendedora (Gachas la vió despachando) que ha decidido abrir tan arriesgado negocio (Gachas piensa comprar ahí sus tes para echarle un cable), en vez de darle un nombre que haga mención a las Indias o las plantaciones lejanas del Sudeste asiático (tipo "Compañía infusionera de las Indias"; "La ruta del té" etc.), o uno que juegue con la palabra "té" ("Té para ti"; "DeleitarTé" y demás), va la señora y mete ahí a su pobre pet sin venir a cuento, y encima nos desvela el horrendo nombre que le ha puesto al can, y para más Henry (versión anglo de "para más Inri"), nos hace ver la estrechísima relación que ambos tienen. Éste es mi Madriz, sí señor.
Y haciéndo honor al título de este post, aquí va un precioso descubrimiento romano hecho hoy mismo por Gachas (ya en Roma): resulta que hay un arquitecto del XVII que fue quien diseñó el hospital de San Giovanni in Laterano y más cositas romanas que se llama Giacomo Mola. Parece talmente idea de Javier Fesser el nombre pero no, era un hombrecillo real de mil seiscientos y pico. Mírenlo en Google si no me creen.
Gachas tuvo que ir de nuevo a Madrid a unos recaos y se encontró con novedades tan grandiosas como el hecho de que la línea 5 de metro ya llega a Alameda de Osuna y al parque El Capricho. Pensarán ustedes que Gachas es frecuentadora de esa zona y de ahí su alegría pero no, nada más lejos de la realidad gachesca. A Gachas no la saquen del downtown, que se brota la pobre. Paradójicamente, va a una dottoresa a Tres Cantos, pero es porque le parece muy buena y muy rollo equipo humano ("Estupendo, parece que esta vez lo hemos conseguido": palabras de aliento como éstas le dice a Gachas cuando le erradica problemáticas que no van a detallarse aquí).
A lo que vamos: otra novedad metril que encontró Gachas en su fugaz visita a Madrid es la apertura de nuevas paradas en la línea 11 de metro. Una de ellas lleva el bonito nombre de La Peseta, pero puestos a encontrar bonitos nombres para cosas que nacen o se fundan, la propietaria de un nuevo puesto del mercado de la Cebada se lleva el primer premio (y la estación La Peseta el accesit). Resulta que Gachas baja el viernes al mercau a comprar unas frutas y unas latas de atún y unas cosas y ve un puesto insólito de tés a granel e infusiones (y se congratula por ello) llamado -atención-: Té y mi Gordy. Y al lado de este críptico nombre, la foto-dibujo de un perrillo tipo Fox Terrier. Es decir: la buena mujer emprendedora (Gachas la vió despachando) que ha decidido abrir tan arriesgado negocio (Gachas piensa comprar ahí sus tes para echarle un cable), en vez de darle un nombre que haga mención a las Indias o las plantaciones lejanas del Sudeste asiático (tipo "Compañía infusionera de las Indias"; "La ruta del té" etc.), o uno que juegue con la palabra "té" ("Té para ti"; "DeleitarTé" y demás), va la señora y mete ahí a su pobre pet sin venir a cuento, y encima nos desvela el horrendo nombre que le ha puesto al can, y para más Henry (versión anglo de "para más Inri"), nos hace ver la estrechísima relación que ambos tienen. Éste es mi Madriz, sí señor.
Y haciéndo honor al título de este post, aquí va un precioso descubrimiento romano hecho hoy mismo por Gachas (ya en Roma): resulta que hay un arquitecto del XVII que fue quien diseñó el hospital de San Giovanni in Laterano y más cositas romanas que se llama Giacomo Mola. Parece talmente idea de Javier Fesser el nombre pero no, era un hombrecillo real de mil seiscientos y pico. Mírenlo en Google si no me creen.
sábado, diciembre 09, 2006
Gachas zopenca
Gachas ya reconoció públicamente en este blog su ignorancia acerca de la cultura italiana. Como Woody en Granujas de medio pelo, Gachas intenta a toda costa recuperar el tiempo perdido y meterse italianismo a cucharadas soperas. El otro día vio Caro Diario (sí, Gachas no la había visto: si tuviese que confesar esto de cara al público pediría que la pixelizaran para no ser reconocida) y Mamma Roma (primera peli de Pasolini que ve Gachas en su vida. Pedazo de ignorante es Gachas, ¿a que sí?).
Pues bien, un compañero de casa de Gachas aquí en Roma le comentó que Moretti (Nani) leía fragmentos de su (caro) diario en un cine de su propiedad, el Nuovo Sacher, tras la proyección de una de sus primeras pelis (la titulada Ecce Bombo). Gachas, en su avidez de avistar compulsivamente a la intelectualidad italiana, lamentó mucho no haber acudido y se comprometió consigo misma a no perderse más actos de ese tipo.
Se las prometía felices Gachas hace una hora al leer en La Reppublica que el lunes próximo homenajean a Mastroianni en un teatro del centro de Roma y la cosa es ingresso libero. Gachas se dijo: ¡tate! (Modern), ahí voy a estar yo sí o sí para ver en directo al maestro Marcello (a cuya filmografía nunca ha prestado atención, la verdad sea dicha). Hace diez minutos Gachas se ha puesto a buscar en la web del teatro más información sobre el espectáculo y, glups, se ha dado dolorosa cuenta de que el evento era un homenaje a Mastroianni en tanto que finado que descansa desde hace 10 años en el romano cementerio de Campo Verano.
Gachas ya reconoció públicamente en este blog su ignorancia acerca de la cultura italiana. Como Woody en Granujas de medio pelo, Gachas intenta a toda costa recuperar el tiempo perdido y meterse italianismo a cucharadas soperas. El otro día vio Caro Diario (sí, Gachas no la había visto: si tuviese que confesar esto de cara al público pediría que la pixelizaran para no ser reconocida) y Mamma Roma (primera peli de Pasolini que ve Gachas en su vida. Pedazo de ignorante es Gachas, ¿a que sí?).
Pues bien, un compañero de casa de Gachas aquí en Roma le comentó que Moretti (Nani) leía fragmentos de su (caro) diario en un cine de su propiedad, el Nuovo Sacher, tras la proyección de una de sus primeras pelis (la titulada Ecce Bombo). Gachas, en su avidez de avistar compulsivamente a la intelectualidad italiana, lamentó mucho no haber acudido y se comprometió consigo misma a no perderse más actos de ese tipo.
Se las prometía felices Gachas hace una hora al leer en La Reppublica que el lunes próximo homenajean a Mastroianni en un teatro del centro de Roma y la cosa es ingresso libero. Gachas se dijo: ¡tate! (Modern), ahí voy a estar yo sí o sí para ver en directo al maestro Marcello (a cuya filmografía nunca ha prestado atención, la verdad sea dicha). Hace diez minutos Gachas se ha puesto a buscar en la web del teatro más información sobre el espectáculo y, glups, se ha dado dolorosa cuenta de que el evento era un homenaje a Mastroianni en tanto que finado que descansa desde hace 10 años en el romano cementerio de Campo Verano.
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Roma
viernes, diciembre 08, 2006
Ponte della Purissima
Gachas se ha quedado aquí en el puentelapurísima porque, básicamente, en Italia no hay tal puente largo, sólo el día 8 es fiesta, que ellos su Constitución la tienen otro día. Gachas se siente estos días un poco Mahoma: si ella no va a España, España viene a ella, como se ha podido comprobar desde el día 6 por la mañana. Hordas de ejpañoles ocupan el centro de Roma estos días y Gachas, que ya de por sí se sentía como en casa (para bien y para mal) en esta ciudad caótica y catolicota, pues ahora con más razón.
A la Gachas-rematadamente-snob le gusta mucho escuchar las conversaciones de sus compatriotas cuando va subida en un bus, y más le gusta esbozar una sonrisilla interna como diciendo Ay, qué infelices y que mainstream son todos viendo su Coliseo, su Vaticano y su monumento tocho a Vittorio Emmanuele.
Pero lo que más le gustó ayer a Gachas es presenciar en directo un caso flagrante de pickpocketismo en un concurrido bus y, mediante su mirada acusadora silenciosa, impedir que el delincuente llevara del todo a cabo su mala acción. Gachas vio cómo un pavo abría alegremente la mochila de otro e intentaba sacarle la cartera. Tan alegremente lo hacía que Gachas en un principio pensó que era amigo del incauto mochilista y Dios le librara a ella de meterse en algo que sucedía entre dos amigos. Pero fue quedárselo mirando y el tipo dejó de cometer su hurto a sabiendas de estar siendo pillado en pleno marrón. Como era final de trayecto, todos se bajaron y santas pascuas.
Gachas hizo su buena acción del día sólo con la fuerza justiciera de su mirada, ¿cómo lo ven, amiguitos?
En otro orden de cosas, Gachas sabe que lamentará toda su vida no haber asistido hoy al siguiente evento: su Santidad Benedicto XVI y Mr. Fco. (no "Fiumicino" sino Francisco) Vázquez en un mano a mano en la puerta de la Embajada de España en la Santa Sede. Tonta ha sido Gachas de no ir, y mira que ha estado a un tris porque estaba en el lugar de los hechos 20 minutos antes de que diera comienzo, pero había tanto turista y tanto despliegue de polis (y de guardias civiles, sí, en la Embajada de España vive una pequeña comunidad de parejas de la Benemérita para servir a la patria en el exilio) que al final ha optado por irse a su keli.
Gachas se ha quedado aquí en el puentelapurísima porque, básicamente, en Italia no hay tal puente largo, sólo el día 8 es fiesta, que ellos su Constitución la tienen otro día. Gachas se siente estos días un poco Mahoma: si ella no va a España, España viene a ella, como se ha podido comprobar desde el día 6 por la mañana. Hordas de ejpañoles ocupan el centro de Roma estos días y Gachas, que ya de por sí se sentía como en casa (para bien y para mal) en esta ciudad caótica y catolicota, pues ahora con más razón.
A la Gachas-rematadamente-snob le gusta mucho escuchar las conversaciones de sus compatriotas cuando va subida en un bus, y más le gusta esbozar una sonrisilla interna como diciendo Ay, qué infelices y que mainstream son todos viendo su Coliseo, su Vaticano y su monumento tocho a Vittorio Emmanuele.
Pero lo que más le gustó ayer a Gachas es presenciar en directo un caso flagrante de pickpocketismo en un concurrido bus y, mediante su mirada acusadora silenciosa, impedir que el delincuente llevara del todo a cabo su mala acción. Gachas vio cómo un pavo abría alegremente la mochila de otro e intentaba sacarle la cartera. Tan alegremente lo hacía que Gachas en un principio pensó que era amigo del incauto mochilista y Dios le librara a ella de meterse en algo que sucedía entre dos amigos. Pero fue quedárselo mirando y el tipo dejó de cometer su hurto a sabiendas de estar siendo pillado en pleno marrón. Como era final de trayecto, todos se bajaron y santas pascuas.
Gachas hizo su buena acción del día sólo con la fuerza justiciera de su mirada, ¿cómo lo ven, amiguitos?
En otro orden de cosas, Gachas sabe que lamentará toda su vida no haber asistido hoy al siguiente evento: su Santidad Benedicto XVI y Mr. Fco. (no "Fiumicino" sino Francisco) Vázquez en un mano a mano en la puerta de la Embajada de España en la Santa Sede. Tonta ha sido Gachas de no ir, y mira que ha estado a un tris porque estaba en el lugar de los hechos 20 minutos antes de que diera comienzo, pero había tanto turista y tanto despliegue de polis (y de guardias civiles, sí, en la Embajada de España vive una pequeña comunidad de parejas de la Benemérita para servir a la patria en el exilio) que al final ha optado por irse a su keli.
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Roma
lunes, diciembre 04, 2006
Parole, parole, parole
Gachas va aprendiendo a trompicones la lengua italiana a fuerza de usarla mal. El gran descubrimiento que marcó un verdadero punto de inflexión en su comunicación con los lugareños fue darse cuenta de que alora NO quiere decir "ahora". Gachas venga a usarlo mal al preguntar cosas, al realizar transacciones comerciales etc., hasta que alguien la sacó de su falsefriendsmo y le hizo ver que a lo que ella se refería era a adesso. Gran alivio.
Otras palabras 100% lugareñas que Gachas ni de coña sabe introducir en su pobretona conversación en italiano son quindi (léase "cuindi"), que es la típica muletilla traducible por 30 cosas, y proprio, así, tan llena de erres, que se usa tanto o más que la mozzarella. Pero ya quedamos un día en este blog que hay palabras y modismos que uno no logra emplear ni a tiros en su propia lengua. En castellano mismamente, Gachas no sabe emplear "a tenor de", ni tampoco "vehemencia" o "expeditivo".
Qué flojo post éste. Es por el catarro ("Ma hai moltissimo catarro!").
Gachas va aprendiendo a trompicones la lengua italiana a fuerza de usarla mal. El gran descubrimiento que marcó un verdadero punto de inflexión en su comunicación con los lugareños fue darse cuenta de que alora NO quiere decir "ahora". Gachas venga a usarlo mal al preguntar cosas, al realizar transacciones comerciales etc., hasta que alguien la sacó de su falsefriendsmo y le hizo ver que a lo que ella se refería era a adesso. Gran alivio.
Otras palabras 100% lugareñas que Gachas ni de coña sabe introducir en su pobretona conversación en italiano son quindi (léase "cuindi"), que es la típica muletilla traducible por 30 cosas, y proprio, así, tan llena de erres, que se usa tanto o más que la mozzarella. Pero ya quedamos un día en este blog que hay palabras y modismos que uno no logra emplear ni a tiros en su propia lengua. En castellano mismamente, Gachas no sabe emplear "a tenor de", ni tampoco "vehemencia" o "expeditivo".
Qué flojo post éste. Es por el catarro ("Ma hai moltissimo catarro!").
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Roma
miércoles, noviembre 29, 2006
Dica trentatrè
Tras demasiados días a pastillica efervescente y jarabe (que en italiano se dice "sciroppo") para expectorar y sólo haber experimentado una profunda empeoría, Gachas se ha decidido a llamar al seguro médico para ver si le recetaban algo más potente.
Ha venido a verla la Dottoresa Rausa: le ha dicho (Rausa a Gacce) que tenía molto pero molto catarro (por lo visto "catarro" en italiano, y quizá en español, no es todo el conjunto de síntomas sino sólo la guarrería de la mucosidad bronquial) y, al auscultarla, le pedido el tan famosísimo y parodiado "dica trentatrè". Es fucking REAL que esto ha ocurrido y que Gachas se ha visto diciendo trentatrè, trentatrè mientras la dottoresa la oia con el fonendo o con la oreja, ahora no recuerda bien. Durante el momento 33, a Gachas le ha dado un primer acceso de risotada que ha medio logrado camuflar con unas toses esputantes. El segundo ya no ha podido disimularlo, y la dottoresa Rausa se ha medio reido un poco también con ella, pero como pensando qué pagliaccia questa spagnola. Gachas se pregunta si la fórmula 33 para oir el mecanismo del pulmón funciona también en alemán (Dreiunddreissig, me extraña) o en cualquier otra lengua, sea o no indoeuropea.
La dottoressa le ha preguntado a Gachas que de dónde es (ah, di Madrid. Io sono andata a Madrid), que hasta cuándo estará en Roma y que para qué. Ella le ha contado que una beca (Gachas é borsista) y tal y cual, y Rausa le ha dicho ahí algo muy feo (versión doblada): Ah, qué bien: estarás contenta, Roma es mucho mejor que Madrid. Gachas, a pesar de ser militante de la causa antimadrid hace ya años, casi le clava sus roidas uñas. Habráse visto.
En cualquier caso, Dottoressa Rausa parecía muy eficiente y Gachas está satisfecha por la preocupación que por ella ha mostrado (¡"ma, hai moltíssimo catarro"!) y por los antibiotics y antiinflamatorio bronquial (sí, sí, así de mala está Gachas) que le ha recetado. Por lo visto, si no los toma ya mismo, pronto le dará il febbrone. Así se lo ha dicho.
Tras demasiados días a pastillica efervescente y jarabe (que en italiano se dice "sciroppo") para expectorar y sólo haber experimentado una profunda empeoría, Gachas se ha decidido a llamar al seguro médico para ver si le recetaban algo más potente.
Ha venido a verla la Dottoresa Rausa: le ha dicho (Rausa a Gacce) que tenía molto pero molto catarro (por lo visto "catarro" en italiano, y quizá en español, no es todo el conjunto de síntomas sino sólo la guarrería de la mucosidad bronquial) y, al auscultarla, le pedido el tan famosísimo y parodiado "dica trentatrè". Es fucking REAL que esto ha ocurrido y que Gachas se ha visto diciendo trentatrè, trentatrè mientras la dottoresa la oia con el fonendo o con la oreja, ahora no recuerda bien. Durante el momento 33, a Gachas le ha dado un primer acceso de risotada que ha medio logrado camuflar con unas toses esputantes. El segundo ya no ha podido disimularlo, y la dottoresa Rausa se ha medio reido un poco también con ella, pero como pensando qué pagliaccia questa spagnola. Gachas se pregunta si la fórmula 33 para oir el mecanismo del pulmón funciona también en alemán (Dreiunddreissig, me extraña) o en cualquier otra lengua, sea o no indoeuropea.
La dottoressa le ha preguntado a Gachas que de dónde es (ah, di Madrid. Io sono andata a Madrid), que hasta cuándo estará en Roma y que para qué. Ella le ha contado que una beca (Gachas é borsista) y tal y cual, y Rausa le ha dicho ahí algo muy feo (versión doblada): Ah, qué bien: estarás contenta, Roma es mucho mejor que Madrid. Gachas, a pesar de ser militante de la causa antimadrid hace ya años, casi le clava sus roidas uñas. Habráse visto.
En cualquier caso, Dottoressa Rausa parecía muy eficiente y Gachas está satisfecha por la preocupación que por ella ha mostrado (¡"ma, hai moltíssimo catarro"!) y por los antibiotics y antiinflamatorio bronquial (sí, sí, así de mala está Gachas) que le ha recetado. Por lo visto, si no los toma ya mismo, pronto le dará il febbrone. Así se lo ha dicho.
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sábado, noviembre 25, 2006
Italia acaba en E
Gachas ha notado que Italia tiene una fuerte necesidad de añadir es finales a cualquier palabra que acabe en consonante. Así, cuando el mundo de habla italiana ha de pronunciar parole como Hot Dog (porque ellos no dicen "piccolo cane caldo" ni nada por el estilo) lo que dicen de verdad es Ote Dogue (la hache se la tragan), y cuando hablan de palomitas de maíz, pues Pope Corne, y se quedan más anchos que largos.
Cambiando de tema, Gachas ha tenido la oportunidad (dolorosa) de probar la mala ensalada de pasta italiana y desde aquí les dice abiertamente que el nivel es como de tercero de BUP español. O de COU (Gachas duda). La vieja receta de espirales de pasta + lata maíz + dados de queso fresco + aceitunas negras + atún ha llegado hasta estas tierras e incluso se comercializa en algunos cáterings de la región del Lazio. Otras recetas, más sofisticadas, cambian la lata maíz por pimiento asado amarillo y rojo (la enseña nacional de Spain y de la corona de Aragón, by the way).
Gachas ha notado que Italia tiene una fuerte necesidad de añadir es finales a cualquier palabra que acabe en consonante. Así, cuando el mundo de habla italiana ha de pronunciar parole como Hot Dog (porque ellos no dicen "piccolo cane caldo" ni nada por el estilo) lo que dicen de verdad es Ote Dogue (la hache se la tragan), y cuando hablan de palomitas de maíz, pues Pope Corne, y se quedan más anchos que largos.
Cambiando de tema, Gachas ha tenido la oportunidad (dolorosa) de probar la mala ensalada de pasta italiana y desde aquí les dice abiertamente que el nivel es como de tercero de BUP español. O de COU (Gachas duda). La vieja receta de espirales de pasta + lata maíz + dados de queso fresco + aceitunas negras + atún ha llegado hasta estas tierras e incluso se comercializa en algunos cáterings de la región del Lazio. Otras recetas, más sofisticadas, cambian la lata maíz por pimiento asado amarillo y rojo (la enseña nacional de Spain y de la corona de Aragón, by the way).
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Roma
lunes, noviembre 20, 2006
Gachas lo vio
Ayer por la noche nocturna romana, Gachas tuvo que coger un taxi porque iba cargada de maletón etc. (¡increible!: Gachas, dueña y señora de su blog, y aquí la tienen justificándose por pillar un pelas, como si fuese la prima volta). Bueno, centrémonos: que Gachas cogió un taxi romano y se dio cuenta de que no conoce aún los códigos relativos al taxi que aquí se trabajan: ella, venga a buscar lucecillas verdes sobre coches, y ni una a la vista. Finalmente, vio uno sin luz verde pero vacío y se subió. En su pobretón italiano intentó dialogar con el taxista y preguntarle cuál era la señal visual que Gachas debía buscar cuando precisara un taxi libre. Él sito le dijo que cuando el indicativo "TAXI" (o "tásis", en dialecto de Madrid) estuviese encendido, ahí se puede alzar el brazo y pillarlo. Gachas le explicó que en su ciudad natal rige el código "luz verde" y que ella perseguía en vano lucecillas verdes también en Roma. El tipo (aquí viene la anécdota) le dijo con sorna "luce verde, luce verde" (pero pronunciado "Luche" en italiano) y, atención, hizo ASÍ con la mano. El así al que se refiere Gachas es el gesto ese típico que se usa para imitar a los italianos mientras se dice alguna frase piloto como "ma, che cosa" o "cosa fai?" o similar. Sí, el gesto del pulgar opuesto a los otros dedos que, juntos, es como si sujetaran un sandwich mixto inexistente y lo movieran. ¿Pillan qué gesto es? Seguro que todos ustedes, miembros o no de países Schengen, lo han practicado alguna vez para imitar a un italiano, no lo nieguen.
Gachas no daba crédito a lo que veía; finalmente era REAL: los estereotipos se crean porque EXISTEN los ademanes previos para crearlos. Una epifanía similar sólo la había vivido tras probar unas fresas dulcísimas en su vida adulta (lo cual indica que, normalmente, Gachas come fresón del que es muy rojo pero más bien insípido). Fue probarlas y pensar inmediatamente en el Frigo-dedo, en cómo la naturaleza había obrado sobre esas fresas y había conseguido que supieran tan intensamente a Frigo-dedo. Al final, la obra mejora el modelo, ¿o no están de acuerdo? (si no lo están, digan "ma, cosa dice", moviendo los dedos como si sujetasen un sandwich mixto invisible entre ellos).
Ayer por la noche nocturna romana, Gachas tuvo que coger un taxi porque iba cargada de maletón etc. (¡increible!: Gachas, dueña y señora de su blog, y aquí la tienen justificándose por pillar un pelas, como si fuese la prima volta). Bueno, centrémonos: que Gachas cogió un taxi romano y se dio cuenta de que no conoce aún los códigos relativos al taxi que aquí se trabajan: ella, venga a buscar lucecillas verdes sobre coches, y ni una a la vista. Finalmente, vio uno sin luz verde pero vacío y se subió. En su pobretón italiano intentó dialogar con el taxista y preguntarle cuál era la señal visual que Gachas debía buscar cuando precisara un taxi libre. Él sito le dijo que cuando el indicativo "TAXI" (o "tásis", en dialecto de Madrid) estuviese encendido, ahí se puede alzar el brazo y pillarlo. Gachas le explicó que en su ciudad natal rige el código "luz verde" y que ella perseguía en vano lucecillas verdes también en Roma. El tipo (aquí viene la anécdota) le dijo con sorna "luce verde, luce verde" (pero pronunciado "Luche" en italiano) y, atención, hizo ASÍ con la mano. El así al que se refiere Gachas es el gesto ese típico que se usa para imitar a los italianos mientras se dice alguna frase piloto como "ma, che cosa" o "cosa fai?" o similar. Sí, el gesto del pulgar opuesto a los otros dedos que, juntos, es como si sujetaran un sandwich mixto inexistente y lo movieran. ¿Pillan qué gesto es? Seguro que todos ustedes, miembros o no de países Schengen, lo han practicado alguna vez para imitar a un italiano, no lo nieguen.
Gachas no daba crédito a lo que veía; finalmente era REAL: los estereotipos se crean porque EXISTEN los ademanes previos para crearlos. Una epifanía similar sólo la había vivido tras probar unas fresas dulcísimas en su vida adulta (lo cual indica que, normalmente, Gachas come fresón del que es muy rojo pero más bien insípido). Fue probarlas y pensar inmediatamente en el Frigo-dedo, en cómo la naturaleza había obrado sobre esas fresas y había conseguido que supieran tan intensamente a Frigo-dedo. Al final, la obra mejora el modelo, ¿o no están de acuerdo? (si no lo están, digan "ma, cosa dice", moviendo los dedos como si sujetasen un sandwich mixto invisible entre ellos).
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lunes, noviembre 13, 2006
Arqueología pop
Roma es lo que tiene, que enseguida te pone en contacto con el pasado. Ejemplos de pasado: Paloma Gómez Borrero, nombrada en este blog más de una vez porque Gachas fue fiel seguidora de sus crónicas en el telediario de TVE-1 cuando niña (Gachas en algún momento fue niña). Bueno, pues va Gachas y se la encuentra AYER sábado en un fiestorrón hispano-italiano así de postín. Como comprenderán, no cabía en sí de gozo gachesco Gachas, que enseguida que pudo se acercó a saludarla empleando el modo convencional de saludar a famosos: "hola, Paloma, nada, que sólo quería saludarte y decirte que me acompañaron tus crónicas en mi infancia y bla bla". La mujer fue educada, pero poco juego daban para responder unos comentarios tan insulsos. Después Gachas le mencionó la joya de libro del que Ms. Borrero es autora y que su Sra. madre tiene en los estantes de su biblioteca: Huracán Wojtyla. El libro debe de ser de cuando el Mundial 82 más o menos, si no anterior, de ahí que al citárselo, su propia autora dijese algo así como: ufff, pues no tiene años eso, casi con autodesprecio. Ahí Gachas se dio cuenta de que, en fin, ella también va haciéndose mujer mayor lentamente.
Otro caso de recuperación de la memoria histórica ha tenido lugar hoy en un cine del Trastevere: Gachas ha ido con unos friends a ver Scoop, la de Woody Allen (por si alguien no sigue la cartelera) que, como no podía ser menos en Italia, era en versión doblada. Antes de elegir cine para Scoop, Gachas ha buscado durante casi media hora en google cómo descubrir en qué cine romano la ponían en versión original (empleando palabras clave como "versione inglese" o "sottotitolata in italiano" o similar), pero parece que esa información, que no figuraba por ningún lado, es completamente irrelevante para el espectador italiano, que prefiere saber si las butacas son o no numeradas antes que conocer en qué idioma hablarán los actores.
Bueno, a lo que vamos: están Gachas & Friends en el cine, asumiendo ya a una Scarlett Johansson hablando en italiano cuando, a mitad de la peli, ¡zas!, se para la acción y proyectan la palabra INTERVALLO tan ricamente. Y ahí ha entrado en escena ese prototipo sainetero que es el vendedor de bombonhelao, palomitas y agua que lleva su bandejota colgada del cuello. Después de cambiar la bobina o lo que hubiera que hacer, la peli, ese pedazo de larguisimometraje de escasos 90 minutos, ha continuado sin interrupciones.
Gachas no daba crédito a lo que veía, despues de tantos años. Se ha tenido que pellizcar y mirarse bien la ropa, no fuera a ser que de nuevo llevara el uniforme de su colegio privado como quien no quiere la cosa. Algún chiste de UCD y alguna pegatina de Alianza Popular ha creido escuchar/ver a la salida, pero no está muy segura de esto último.
Roma es lo que tiene, que enseguida te pone en contacto con el pasado. Ejemplos de pasado: Paloma Gómez Borrero, nombrada en este blog más de una vez porque Gachas fue fiel seguidora de sus crónicas en el telediario de TVE-1 cuando niña (Gachas en algún momento fue niña). Bueno, pues va Gachas y se la encuentra AYER sábado en un fiestorrón hispano-italiano así de postín. Como comprenderán, no cabía en sí de gozo gachesco Gachas, que enseguida que pudo se acercó a saludarla empleando el modo convencional de saludar a famosos: "hola, Paloma, nada, que sólo quería saludarte y decirte que me acompañaron tus crónicas en mi infancia y bla bla". La mujer fue educada, pero poco juego daban para responder unos comentarios tan insulsos. Después Gachas le mencionó la joya de libro del que Ms. Borrero es autora y que su Sra. madre tiene en los estantes de su biblioteca: Huracán Wojtyla. El libro debe de ser de cuando el Mundial 82 más o menos, si no anterior, de ahí que al citárselo, su propia autora dijese algo así como: ufff, pues no tiene años eso, casi con autodesprecio. Ahí Gachas se dio cuenta de que, en fin, ella también va haciéndose mujer mayor lentamente.
Otro caso de recuperación de la memoria histórica ha tenido lugar hoy en un cine del Trastevere: Gachas ha ido con unos friends a ver Scoop, la de Woody Allen (por si alguien no sigue la cartelera) que, como no podía ser menos en Italia, era en versión doblada. Antes de elegir cine para Scoop, Gachas ha buscado durante casi media hora en google cómo descubrir en qué cine romano la ponían en versión original (empleando palabras clave como "versione inglese" o "sottotitolata in italiano" o similar), pero parece que esa información, que no figuraba por ningún lado, es completamente irrelevante para el espectador italiano, que prefiere saber si las butacas son o no numeradas antes que conocer en qué idioma hablarán los actores.
Bueno, a lo que vamos: están Gachas & Friends en el cine, asumiendo ya a una Scarlett Johansson hablando en italiano cuando, a mitad de la peli, ¡zas!, se para la acción y proyectan la palabra INTERVALLO tan ricamente. Y ahí ha entrado en escena ese prototipo sainetero que es el vendedor de bombonhelao, palomitas y agua que lleva su bandejota colgada del cuello. Después de cambiar la bobina o lo que hubiera que hacer, la peli, ese pedazo de larguisimometraje de escasos 90 minutos, ha continuado sin interrupciones.
Gachas no daba crédito a lo que veía, despues de tantos años. Se ha tenido que pellizcar y mirarse bien la ropa, no fuera a ser que de nuevo llevara el uniforme de su colegio privado como quien no quiere la cosa. Algún chiste de UCD y alguna pegatina de Alianza Popular ha creido escuchar/ver a la salida, pero no está muy segura de esto último.
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Roma
jueves, noviembre 09, 2006
Super taglia me
Gachas, tras unos días en Madrid debido a unos asuntillos, ha vuelto a Roma con una triste realidad sobre sus espaldas: ha engordado kilo y pico, casi dos. Esto se debe a la falta de control alimentario ejercida en sus primeras semanas en Roma. Como vive con otras quince personas (¡¡¿¿quince personas??!! ¿Pero dónde on earth vive Gachas?) pues que si uno saca galletas, la otra biscotti (que Gachas ha aprendido hoy que son dulces, al pedir errónamente biscottes de pan diciendo "per favore, vorrei dei biscotti"), el de más allá chocolate alla nocciola y ya la tenemos montada.
Eso aparte de la omnipresencia de la pasta (con especial atención a los gnocchi -en lo sucesivo, ñoquis- por los que Gachas siente una predilección rayana en lo obsesivo) y de la ineludible pizza.
Dicho esto, Gachas puede prometer y promete (esa frase es de Adolfo Suárez, ¿recuerdan? O de Calvo Sotelo, o de Abril Martorell, de repente los mejclo a todos los transicionales) que comienza la era de la verdura y el pescado hervidos, y de sólo pedir contorni en los restaurantes (verduras de guarnición, que las hay bien ricas: radiccio, achicoria, berenjenas, calabacín...). Anoche Gachas clausuró en Madrid su larga participación en el Festival de la Grasa y el Carbohidrato con un postre cenado en un lugar bastante apañado. Cuajada de sobao manchego se llamaba el postre (claro y craso error de los nombradores de platos: que es sobao pasiego, so mantas), y nada, con eso se cierra una etapa y hoy (mentira, mañana) se abre otra.
Gachas, tras unos días en Madrid debido a unos asuntillos, ha vuelto a Roma con una triste realidad sobre sus espaldas: ha engordado kilo y pico, casi dos. Esto se debe a la falta de control alimentario ejercida en sus primeras semanas en Roma. Como vive con otras quince personas (¡¡¿¿quince personas??!! ¿Pero dónde on earth vive Gachas?) pues que si uno saca galletas, la otra biscotti (que Gachas ha aprendido hoy que son dulces, al pedir errónamente biscottes de pan diciendo "per favore, vorrei dei biscotti"), el de más allá chocolate alla nocciola y ya la tenemos montada.
Eso aparte de la omnipresencia de la pasta (con especial atención a los gnocchi -en lo sucesivo, ñoquis- por los que Gachas siente una predilección rayana en lo obsesivo) y de la ineludible pizza.
Dicho esto, Gachas puede prometer y promete (esa frase es de Adolfo Suárez, ¿recuerdan? O de Calvo Sotelo, o de Abril Martorell, de repente los mejclo a todos los transicionales) que comienza la era de la verdura y el pescado hervidos, y de sólo pedir contorni en los restaurantes (verduras de guarnición, que las hay bien ricas: radiccio, achicoria, berenjenas, calabacín...). Anoche Gachas clausuró en Madrid su larga participación en el Festival de la Grasa y el Carbohidrato con un postre cenado en un lugar bastante apañado. Cuajada de sobao manchego se llamaba el postre (claro y craso error de los nombradores de platos: que es sobao pasiego, so mantas), y nada, con eso se cierra una etapa y hoy (mentira, mañana) se abre otra.
viernes, noviembre 03, 2006
Polenta at Tiffany´s
Gachas está contenta esta semana porque el buen Macarrones, comentarista ilustre de este blog y antiguo ocupante del cuarto de Gachas en Roma, está aquí estos días y, como connaisseur de la ciudad, lleva a Gachas and friends a sitios peculiares a comer y/o cenar. En uno de ellos, llamado Da Paino, Gachas probó por vez primera a su homóloga la pastosa polenta el otro día. Era como una papilla de ¿maíz? cubierta de salsa de tomate, aceitazo rojo y trozos de panceta y champiñón, especialidad de la casa. Gachas no veía por dónde meterle mano a aquello pero finalmente dejó el plato como los chorros del oro de limpio y de minimal. Pero este no es el tema de este post (entonces, ¿por qué titularlo Polenta at Tiffany´s?), lo que le ocupa a Gachas realmente es la idea snob que ella misma padece que se resume en algo así como "los sitios más feos y más cutres esconden los más sabrosos productos gastronómicos".
Esta política, Gachas no la sigue mucho en su ciudad natal. En Madrid, Gachas es más rollo nueva rica y busca sitios "bonitos", según el criterio gachesco de bonitez. Son sus amigos los que, en busca de la autenticidad, la llevan a sitios como el Palentino de la calle del Pez; un barucho de la calle Santa Isabel cerca de la filmoteca y el restaurante "Isla" o similar, cerca de la plaza de los Mostenses. Gachas no entraría a esos sitios por su propio pie: ha sufrido durante años los estragos de la patata brava harinosa y refrita con cachup picante por encima y no le parece eso nada pintoresco. Pero no nos distraigamos: lo que Gachas ve que le ocurre en Roma es que aquí sí busca esa Ur-comida, el alimento ancestral de los nativos romanos, y cree que la va a encontrar en lugares con platos descascarillados y camareros con uña del meñique larga, iluminados ellos y sus clientes por tubos fluorescentes que hacen clin-clin.
Gachas duda: ¿no estará actuando como una mera snob de la tribu BoBo a la que le dan permanentemente gato por liebre en esos sitios y no se entera? Por el momento está muy satisfecha con la cicoria all´agro, los gnocchi vongole e rughetta y un estofado rico de ternera de nombre como strezzetti o strazzatti o similar.
Gachas está contenta esta semana porque el buen Macarrones, comentarista ilustre de este blog y antiguo ocupante del cuarto de Gachas en Roma, está aquí estos días y, como connaisseur de la ciudad, lleva a Gachas and friends a sitios peculiares a comer y/o cenar. En uno de ellos, llamado Da Paino, Gachas probó por vez primera a su homóloga la pastosa polenta el otro día. Era como una papilla de ¿maíz? cubierta de salsa de tomate, aceitazo rojo y trozos de panceta y champiñón, especialidad de la casa. Gachas no veía por dónde meterle mano a aquello pero finalmente dejó el plato como los chorros del oro de limpio y de minimal. Pero este no es el tema de este post (entonces, ¿por qué titularlo Polenta at Tiffany´s?), lo que le ocupa a Gachas realmente es la idea snob que ella misma padece que se resume en algo así como "los sitios más feos y más cutres esconden los más sabrosos productos gastronómicos".
Esta política, Gachas no la sigue mucho en su ciudad natal. En Madrid, Gachas es más rollo nueva rica y busca sitios "bonitos", según el criterio gachesco de bonitez. Son sus amigos los que, en busca de la autenticidad, la llevan a sitios como el Palentino de la calle del Pez; un barucho de la calle Santa Isabel cerca de la filmoteca y el restaurante "Isla" o similar, cerca de la plaza de los Mostenses. Gachas no entraría a esos sitios por su propio pie: ha sufrido durante años los estragos de la patata brava harinosa y refrita con cachup picante por encima y no le parece eso nada pintoresco. Pero no nos distraigamos: lo que Gachas ve que le ocurre en Roma es que aquí sí busca esa Ur-comida, el alimento ancestral de los nativos romanos, y cree que la va a encontrar en lugares con platos descascarillados y camareros con uña del meñique larga, iluminados ellos y sus clientes por tubos fluorescentes que hacen clin-clin.
Gachas duda: ¿no estará actuando como una mera snob de la tribu BoBo a la que le dan permanentemente gato por liebre en esos sitios y no se entera? Por el momento está muy satisfecha con la cicoria all´agro, los gnocchi vongole e rughetta y un estofado rico de ternera de nombre como strezzetti o strazzatti o similar.
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jueves, octubre 26, 2006
Gachas entomóloga
Gachas ha recibido en sus torneadísimas piernas (feo está decirlo pero así son) la friolera de 15 picaduras de mojquito tigre (variedad romana con bechamel y pan rallado por encima). Como vive en zona arbórea, se han cebado con ella los muy trompeteros. Gachas no es tanto entomóloga como ellos gachólogos: ¿por qué ese interés desmesurado por Gachas, si es una vulgar mortal española, similar a la mujer media italiana (no a la morenaza siciliana de pechos descomunales, sino a la corriente y moliente así mediterránea, maja ella y tal).
A lo que vamos: Gachas NO comprende el mecanismo de la picadura mosquitil, teniendo en cuenta que, el 95% del tiempo, lleva siempre ropa puesta por todas partes salvo cara y manos. ¿Cómo una miserable trompetilla tan fina como una cerda de pincel puede atravesar el buen panty Bershkire o el calcetín gordo y dejarle la pantorrilla hecha un ecce-homo (o ecce-donna, más bien)?
Y la otra cuestión es: ¿mueren los mosquis tras picar o tienen cuerda para rato? Y también, ¿qué obtienen (aparte de sangre B +) al picar a Gachas con esa alevosía? Si ustedes tienen la respuesta, ya saben.
Gachas ha recibido en sus torneadísimas piernas (feo está decirlo pero así son) la friolera de 15 picaduras de mojquito tigre (variedad romana con bechamel y pan rallado por encima). Como vive en zona arbórea, se han cebado con ella los muy trompeteros. Gachas no es tanto entomóloga como ellos gachólogos: ¿por qué ese interés desmesurado por Gachas, si es una vulgar mortal española, similar a la mujer media italiana (no a la morenaza siciliana de pechos descomunales, sino a la corriente y moliente así mediterránea, maja ella y tal).
A lo que vamos: Gachas NO comprende el mecanismo de la picadura mosquitil, teniendo en cuenta que, el 95% del tiempo, lleva siempre ropa puesta por todas partes salvo cara y manos. ¿Cómo una miserable trompetilla tan fina como una cerda de pincel puede atravesar el buen panty Bershkire o el calcetín gordo y dejarle la pantorrilla hecha un ecce-homo (o ecce-donna, más bien)?
Y la otra cuestión es: ¿mueren los mosquis tras picar o tienen cuerda para rato? Y también, ¿qué obtienen (aparte de sangre B +) al picar a Gachas con esa alevosía? Si ustedes tienen la respuesta, ya saben.
lunes, octubre 23, 2006
Gacce at Vaticano
Amiguitos (los que queden): después de un demasiado largo silencio administrativo (en absoluto debido a malas razones), Gachas vuelve desde su nueva ubicación: la ciudaz eterna y aperta de Roma.
Gachas confiesa no ser muy fan de la cosa italocatolicona (ni de la hispanocatolicona tampoco, que son primas sorelle), pero aquí está poniendo su mejor cara gachesca y paseando entre ruinas y turistones.
Lo que más le llama la atención a Gachas desde que está en Roma es la enorme cantidad de seres monjiformes que se ven por todas partes. Hay muchos formatos, pero muchos. Mil veces más que en su país natal: las hay con hábito color azul Yves Klein; las hay todas pequeñinas y jóvenes; las hay todas filipinas de negro; las hay de tez pálida y vestidas de azul pastel... En fin, un catálogo de verdad amplísimo. Mundo curil también hay, obviamente (es como el universo Barbie: no puede no haber Kens para amenizar), pero ahí Gachas no ha fabricado aún la tipología. Gachas está contenta al respecto y se siente muy segura por las calles de la ciudad porque sabe que estas personas tienen como un juramento hipocrático de hacer el bien por doquier, así es que si le pasa algo (tipo angina pecho, tipo apoplejía), siempre habrá un afable grupo de sores intentando desfibrilar o hacer un torniquete o lo que ellas vean que puedan llevar a cabo en ese momento.
Amiguitos (los que queden): después de un demasiado largo silencio administrativo (en absoluto debido a malas razones), Gachas vuelve desde su nueva ubicación: la ciudaz eterna y aperta de Roma.
Gachas confiesa no ser muy fan de la cosa italocatolicona (ni de la hispanocatolicona tampoco, que son primas sorelle), pero aquí está poniendo su mejor cara gachesca y paseando entre ruinas y turistones.
Lo que más le llama la atención a Gachas desde que está en Roma es la enorme cantidad de seres monjiformes que se ven por todas partes. Hay muchos formatos, pero muchos. Mil veces más que en su país natal: las hay con hábito color azul Yves Klein; las hay todas pequeñinas y jóvenes; las hay todas filipinas de negro; las hay de tez pálida y vestidas de azul pastel... En fin, un catálogo de verdad amplísimo. Mundo curil también hay, obviamente (es como el universo Barbie: no puede no haber Kens para amenizar), pero ahí Gachas no ha fabricado aún la tipología. Gachas está contenta al respecto y se siente muy segura por las calles de la ciudad porque sabe que estas personas tienen como un juramento hipocrático de hacer el bien por doquier, así es que si le pasa algo (tipo angina pecho, tipo apoplejía), siempre habrá un afable grupo de sores intentando desfibrilar o hacer un torniquete o lo que ellas vean que puedan llevar a cabo en ese momento.
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martes, septiembre 26, 2006
Gachas sin hilos
De nuevo Gachas les da la turra con su admiración hacia lo sin cables, lo wireless, paentendernos. Esta vez es Skype, que es como llamar por teléfono sin manos. Gachas, además del consabido skype normal, se ha comprado un bono de 10 pavos para llamar a cualquier teléfono del mundo y ahora su alegría no tiene límites (y el crédito de 10 euros de Skype out no parece tenerlos tampoco: Gachas ha llamado a variopintos países durante ratos bastante largos y aquello mana y mana que da gusto).
Pero no cantemos Vicky tan pronto: Skype tiene grandes defectos y Gachas los padece todos. El 50% de la duración de cualquier charla mantenida por Skype consiste en ejercer la función fática del lenguaje, lo que nos hace parecer un poco Migueles Gila a todos. A Gachas le crece boina en sus conversaciones por skype, de tanto ejercer el "Abuelo, ¿me escucha usted bien?" vía internet, pero a la vez es tan emocionante oir la voz de, pongamos, A., que está en Pekin, y preguntarle qué hora es allí y si está en pijama y no pagar ni un duro por ello (porque el wifi era de los que se pillan de rebote).
Gachas va a decir aquí la gran obviedad: skype es hoy como lo que fue el invento de Graham Bell hace 80 años o así, ¿no les parece?
Y dicha esta gran perogrullada, Gachas y su boina se retiran.
De nuevo Gachas les da la turra con su admiración hacia lo sin cables, lo wireless, paentendernos. Esta vez es Skype, que es como llamar por teléfono sin manos. Gachas, además del consabido skype normal, se ha comprado un bono de 10 pavos para llamar a cualquier teléfono del mundo y ahora su alegría no tiene límites (y el crédito de 10 euros de Skype out no parece tenerlos tampoco: Gachas ha llamado a variopintos países durante ratos bastante largos y aquello mana y mana que da gusto).
Pero no cantemos Vicky tan pronto: Skype tiene grandes defectos y Gachas los padece todos. El 50% de la duración de cualquier charla mantenida por Skype consiste en ejercer la función fática del lenguaje, lo que nos hace parecer un poco Migueles Gila a todos. A Gachas le crece boina en sus conversaciones por skype, de tanto ejercer el "Abuelo, ¿me escucha usted bien?" vía internet, pero a la vez es tan emocionante oir la voz de, pongamos, A., que está en Pekin, y preguntarle qué hora es allí y si está en pijama y no pagar ni un duro por ello (porque el wifi era de los que se pillan de rebote).
Gachas va a decir aquí la gran obviedad: skype es hoy como lo que fue el invento de Graham Bell hace 80 años o así, ¿no les parece?
Y dicha esta gran perogrullada, Gachas y su boina se retiran.
jueves, septiembre 21, 2006
Producto interior bruto
Gachas es usuaria de zumo de naranja natural y lo pide en los bares con frecuencia. Si Gachas viviese en Lichtenstein o en las Feroe, esto sería un serio problema pues, al no tratarse de países productores de naranjas, el zumo le saldría por un riñón de la cara. Hasta aquí todos de acuerdo, pero el triste punto de inflexión viene cuando Gachas pide un zumito en un bar simple de su país y le clavan casi 3 eurazos por el vaso.
Gachas aprendió en el colegio que la Comunidad Valenciana era una región productora de cítricos como la que más (de ahí las pegatinas azules en forma de elipse que rezaban "Solita Tabernes" o "Lo que fuere Tabernes") entonces, ¿por qué el zumo de naranja cuesta en la meseta tanto o más que uno de guayaba o fruta de la pasión? Gachas se siente estafada por la picaresca nacional: Gachas no va a bares turísticos de Lloret de Mar o Benidorm a pedir sus zumos de naranja, ergo no entiende por qué en un Bar Manolo vulgar de, pongamos, Chamberí, le han de cobrar casi 3 euros por la bebida hecha con la fruta nacional por excelencia.
PERO hoy Gachas ha sido bastante feliz en relación al tema oranyús: por razones médicas, Gachas se encontraba hoy a las 9.30 am en el corazón del barrio Salamanca en ayunas. Se le ha ocurrido entonces con gran lógica entrar a un barecillo a desayunar, preparada ya para la clavada del siglo tras pedir un zumo de naranja natural y una barrita con tumaca y aceite. Chann: gran y grata sorpresa barriosalmantina: ¡le han cobrado 2 euritos por todo el pack desayuno! Desde hoy, Gachas recomienda encarecidamente visitar ese fino barrio y consumir en él los productos más distinguidos.
Gachas es usuaria de zumo de naranja natural y lo pide en los bares con frecuencia. Si Gachas viviese en Lichtenstein o en las Feroe, esto sería un serio problema pues, al no tratarse de países productores de naranjas, el zumo le saldría por un riñón de la cara. Hasta aquí todos de acuerdo, pero el triste punto de inflexión viene cuando Gachas pide un zumito en un bar simple de su país y le clavan casi 3 eurazos por el vaso.
Gachas aprendió en el colegio que la Comunidad Valenciana era una región productora de cítricos como la que más (de ahí las pegatinas azules en forma de elipse que rezaban "Solita Tabernes" o "Lo que fuere Tabernes") entonces, ¿por qué el zumo de naranja cuesta en la meseta tanto o más que uno de guayaba o fruta de la pasión? Gachas se siente estafada por la picaresca nacional: Gachas no va a bares turísticos de Lloret de Mar o Benidorm a pedir sus zumos de naranja, ergo no entiende por qué en un Bar Manolo vulgar de, pongamos, Chamberí, le han de cobrar casi 3 euros por la bebida hecha con la fruta nacional por excelencia.
PERO hoy Gachas ha sido bastante feliz en relación al tema oranyús: por razones médicas, Gachas se encontraba hoy a las 9.30 am en el corazón del barrio Salamanca en ayunas. Se le ha ocurrido entonces con gran lógica entrar a un barecillo a desayunar, preparada ya para la clavada del siglo tras pedir un zumo de naranja natural y una barrita con tumaca y aceite. Chann: gran y grata sorpresa barriosalmantina: ¡le han cobrado 2 euritos por todo el pack desayuno! Desde hoy, Gachas recomienda encarecidamente visitar ese fino barrio y consumir en él los productos más distinguidos.
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viernes, septiembre 15, 2006
Gachas at Hamelin
Falta la secuela de la erradicación de cucarachas rubias (o germánicas, como dijeron los expertos) chez Gachas: el señorito erradicador le dejó a Gachas por gentileza de la empresa seis ejemplares de lo que él llamó casitas. Las casitas son unos cartoncitos con techo que hay que montar como un recortable infantil. Abajo, en el suelo de la casita, hay un papel adhesivo que se despega y deja la superficie sticky: se trata de un poderosísimo veneno anticucas (una vez más, produzto). El veneno pegajoso había que complementarlo con una pastillita pegada encima que contenía feromonas y que servía para atraer a los feos insectitos, que posteriormente se quedaban presas de patas en la cartonera casita.
Gachas no acaba de comprender la lógica del erradicador: lo que Gachas necesitaba no era un atrayente de cucarachas sino más bien un repelente. Si algo no quiere Gachas es mirar dentro de la casita dentro de unas semanas y ver un grupo de bichitos espatarraos en su interior. En un principio Gachas pensó, ingenua ella, en comprar más casitas para tener de repuesto, pero el señor erradicata se hizo el interesante y vino a decirle a Gachas que las casitas eran de uso profesional y que eso no se conseguía así como así en las tiendas. Razón no le faltaba: ningún consumidor con 2 dedos de frente iría a la droguería a comprar produzto para atraer a la fea plaga. Seguiremos informando.
Falta la secuela de la erradicación de cucarachas rubias (o germánicas, como dijeron los expertos) chez Gachas: el señorito erradicador le dejó a Gachas por gentileza de la empresa seis ejemplares de lo que él llamó casitas. Las casitas son unos cartoncitos con techo que hay que montar como un recortable infantil. Abajo, en el suelo de la casita, hay un papel adhesivo que se despega y deja la superficie sticky: se trata de un poderosísimo veneno anticucas (una vez más, produzto). El veneno pegajoso había que complementarlo con una pastillita pegada encima que contenía feromonas y que servía para atraer a los feos insectitos, que posteriormente se quedaban presas de patas en la cartonera casita.
Gachas no acaba de comprender la lógica del erradicador: lo que Gachas necesitaba no era un atrayente de cucarachas sino más bien un repelente. Si algo no quiere Gachas es mirar dentro de la casita dentro de unas semanas y ver un grupo de bichitos espatarraos en su interior. En un principio Gachas pensó, ingenua ella, en comprar más casitas para tener de repuesto, pero el señor erradicata se hizo el interesante y vino a decirle a Gachas que las casitas eran de uso profesional y que eso no se conseguía así como así en las tiendas. Razón no le faltaba: ningún consumidor con 2 dedos de frente iría a la droguería a comprar produzto para atraer a la fea plaga. Seguiremos informando.
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cucarachas
miércoles, septiembre 13, 2006
Gachas erradica
Gachas ha descuidado un poco este su blog debido entre otras cosas a la desinsectación que ha tenido lugar en su pisito, operación que ha obligado a Gachas a pernoctar dos noches chez los gentiles vecinos (sí, Gachas tiene una señora madre donde quedarse, pero 2 cenas y 2 desayunos en lo de su progenitora aumentarían su peso en, mínimo, 3 kgs.).
En media hora erradicaron la plaga, que finalmente resultó no estar instalada cómodamente en los rinconcillos del hogar gachesco, sino que venía de abajo remontando 5 pisos de tubería aguerridamente, emulando al salmón que nada que te nada contracorriente para desovar (corríjanme si me equivoco: el consabido documental lo vi hace ya años). Para erradicar, el señorito venía ataviado de una mascarilla, un uniforme como de laboratorio de altos estudios bacteriológicos y con una especie de bombona rellena de algo a lo que el señorito erradicador llamaba lisa y llanamente produzto. Así, al acabar la operación, Gachas, que se fue a dar una vuelta durante ese rato para no perecer intoxicada, le preguntó si había insistido en zonas como rincones, armarios de la cocina etc. El buen señor dijo "sí, sí, he echado produzto por todas partes", y le aconsejó que en 48 horas no limpiase, para así dejar que el poderosísimo produzto actuara.
Al oir la palabra "produzto", así genéricamente (no "el producto" o "un producto"), Gachas se acordó enseguida de la desopiling canción del grupo Feria (antes Les Biscuits Salées), que pone música a las frases estrella de muchas peluqueras , una de las cuales es la grandiosa "¿te echo producto?".
Hoy Gachas ya ha empezado a eliminar los restos de produzto de su encimera y de su fregadero, pero ahora tiene paranoia de haber dejado secuelas en alguna parte y que, al dejar una taza boca abajo para que se seque una vez lavada, ésta se impregne del venenosísimo produzto y después Gachas se lo lleve a la boquita y ya la tenemos liada.
Gachas ha descuidado un poco este su blog debido entre otras cosas a la desinsectación que ha tenido lugar en su pisito, operación que ha obligado a Gachas a pernoctar dos noches chez los gentiles vecinos (sí, Gachas tiene una señora madre donde quedarse, pero 2 cenas y 2 desayunos en lo de su progenitora aumentarían su peso en, mínimo, 3 kgs.).
En media hora erradicaron la plaga, que finalmente resultó no estar instalada cómodamente en los rinconcillos del hogar gachesco, sino que venía de abajo remontando 5 pisos de tubería aguerridamente, emulando al salmón que nada que te nada contracorriente para desovar (corríjanme si me equivoco: el consabido documental lo vi hace ya años). Para erradicar, el señorito venía ataviado de una mascarilla, un uniforme como de laboratorio de altos estudios bacteriológicos y con una especie de bombona rellena de algo a lo que el señorito erradicador llamaba lisa y llanamente produzto. Así, al acabar la operación, Gachas, que se fue a dar una vuelta durante ese rato para no perecer intoxicada, le preguntó si había insistido en zonas como rincones, armarios de la cocina etc. El buen señor dijo "sí, sí, he echado produzto por todas partes", y le aconsejó que en 48 horas no limpiase, para así dejar que el poderosísimo produzto actuara.
Al oir la palabra "produzto", así genéricamente (no "el producto" o "un producto"), Gachas se acordó enseguida de la desopiling canción del grupo Feria (antes Les Biscuits Salées), que pone música a las frases estrella de muchas peluqueras , una de las cuales es la grandiosa "¿te echo producto?".
Hoy Gachas ya ha empezado a eliminar los restos de produzto de su encimera y de su fregadero, pero ahora tiene paranoia de haber dejado secuelas en alguna parte y que, al dejar una taza boca abajo para que se seque una vez lavada, ésta se impregne del venenosísimo produzto y después Gachas se lo lleve a la boquita y ya la tenemos liada.
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