viernes, julio 25, 2008
Gachas, que está en sus late thirties, ha empezado, como tantas mujercillas en sus late thirties, a ir a Pilates. Inmediatamente ha quedado abducida por la gran profesionalidad de la monitora y se ha apuntado ya para septiembre con la misma (eh, a no pensar que Gachas entiende y tal: que no pasaría nada, en el clima de tolerancia en que vivimos, pero que no es el caso).
La monitora tiene voz de monitora, ademanes de monitora y vocabulario de monitora. Emplea giros con el verbo en primera de plural y quitando el artículo cuando se refiere a partes del cuerpo: "flexionamos rodillas" o "contraemos glúteos". Esa primera de plural hace que las alugnas se sientan como que pertenecen a algo, como cercanas y similares a la cachas monitora, a la sazón bronceadita pero no a una intensidad ordinaria y chusca.
Gachas ha aprendido que la especie de camilla con adminículos extraños (muelles, agarrador como de trapecio circense, etc) se llama "el reformer", y contiene elementos como los manerales, el cajón, la plataforma y muchos otros. Además y por primera vez en su vida, Gachas ha interactuado con un balón gigante como los de Nivea que tiraban los aviones en Playa San Juan-Alicante, pero más clarito de color y más boing-boing. Gachas se sintió , aunque sólo por unos instantes, como el simpático animalillo que se sube encima, hace equilibrios y su domador le tira unos pejcaditos crudos cuando lo hace bien.
La modalidad de Pilates que hace Gachas se llama "pilates máquina con cardio". La sección cardio implica subirse a una zona del jinasio donde hay bicis, máquinas como de esquí, steps y cosas así. Allí pasan las alumnas unos 20 minutos sudando como gallináceas hasta que la majérrima y paciente monitora les dice que estiren cuádriceps, que suban la espalda formando un arco y que cada una a su casa, y así prosigue su vida hora tras hora (la de la monitora, no la de Gachas, que sólo va 2 días por semana).
Gachas se juega su cuello gachesco de 7 vértebras ("relajamos cuello") a que más de una persona con chalés espacioso se ha comprado la maquinota esa por Navidad, como quien se compró la ciclostatic en su día, y la ha usado una media de 2 veces por cuatrimestre, aunque asegure que la encuentra utilísima y aún no le haya dado por pensar que en qué mala hora se compró ese cacharro, que parece primo hermano de la licuadora moulinex y de la yogurtera braun en lo que se refiere a utilidad.
miércoles, julio 09, 2008

Amiguitos, por si no lo saben, Gachas lleva luchando para que no se despilfarre agua desde que estaba en primero de carrera, hace unos dieciocho añazos. Esta anézdota ya la ha contado en el blog, pero vuelve a hacerlo para entroncarla con una reciente: resulta que el Canal de Isa the Second ya en aquel momento estaba preocupado por el tema sequía; el ABC ya sacaba sus portadas de suelos yermos y agrietados con calaveras de vaca sobre ellos... en fin, que aunque no había Expo de Zaragoza, la angustia ya se cernía sobre nosotros.Dicho Canal instaba a los madrileños a llamar por teléfono a sus oficinas para denunciar cualquier fuga o despilfarro de agua en la vía pública (no valía por aquel entonces llamarlos porque la vecina Mari Luz dejara corriendo el grifo mucho rato, por ejemplo). Gachas, que hace todo de modo compulsivo si nadie se lo impide (sí, todo, todo), llamaba cada dos por tres desde las cabinas de telefónica (recuerden: el móvil era un objeto infrecuente) en las que se quedaban atascados los duros de Franco y las de veinticinco día sí día también para avisar de cosas tipo: "oiga, Canal, que en la esquina de las calles Guzmán el Bueno y Andrés Mellado (¿son perpendiculares?) hay una boca de riego que no hace más que soltar agua".
Por esta acción, Gachas lo más que recibió fue una serie de cartas agradeciéndole su alto nivel de ciudadanía, nada de una cantimplora de regalo o similar, con la ilusión que le hubiese hecho.
A lo que vamos: Gachas no ejcarmienta y sigue, hoy más que nunca, con su preocupación por la falta de agua y con su compulsión hacia la protesta y la denuncia. Esto le ha llevado a escribir al mismísimo Ayuntamiento de Lanjarón, provincia de Granada, donde además de producir agua embotellada, despilfarran litros y litros de la misma en las fiestas patronales sin que nadie haga nada al respecto (aquí la lógica ibérica seguro que impera: "vale, hay que ahorrar agua, pero esta agua de las fiestas es de nuestro pueblo y hacemos con ella lo que nos da la gana" o similar). Gachas siente que esos SEIS MILLONES de litros de agua tirada así a lo tonto son como las cabras que antaño se arrojaban desde los campanarios.
En cualquier caso, Gachas ha recibido la respuesta de uno de los trabajadores del ayuntamiento (o de la web del ayuntamiento), y aquí abajo la pega y ya se va a dormir dicho esto, porque más no puede hacer (lo que querría de verdad hacer la llevaría directa al talego, básicamente):
Ésa es una preocupación permanente de muchas personas. Pero creo que no es problema, ya que el agua se toma de las acequias que pasan por encima del pueblo y acaba volviendo a las mismas acequias pero por debajo del pueblo (el agua se va por los sumideros de las calles). La única agua que se desperdicia será la equivalente a regar la calle, como se hace periódicamente en muchos sitios. Yo no soy fanático de esa fiesta (hace más de 10 años que no salgo), pero sinceramente creo que no hay tal derroche de agua como muchos dicen. El agua que no se gasta de esa forma acaba en dos sitios: en las mismas acequias o en las botellas de Aguas de Lanjaron (propiedad de Fonvella), así es que personalmente prefiero que vaya a las acequias. No sé si aporto algo a lo que comentas.
(Señor de la web de Lanjarón dixit)
sábado, julio 05, 2008

Tres años, tres, llevaba Gachas de retraso en el cambio reglamentario de la goma de su cocina de gas. Recibía constantes cartas de Gas Natural afeándole su conduzta y cosas así, hasta que en este tonto mes de julio decidió ponerse manos a la obra y llamar a un Monsieur Fontanero o similar: un operario de la tienda de saneamientos cercana al domicilio gachesco. Hoy vino el susodicho con su tradicional actitud fontaneril: ponía pegas a todo, hacía ver que la operación de cambio de goma podría ser tan compleja y larga como un trasplante de hígado, agitaba la mano de arriba a abajo mientras emitia un "fiuii" que indicaba lo complicado del asunto y demás lindezas. Imagínense un cirujano que hiciese lo propio delante del paciente: asustaditos los tendría a todos.
Pero como Gachas se conoce a los fontaneros y a los fumigadores-que-echan-produzto como si los hubiera parido, sabía que tanto aspaviento no implicaba verdaderas complicaciones y que en menos de 20 minutos la goma estaría cambiada. Y eso que el hombre tuvo que soldar para meter la tetina y unir el machón (??????) y todo.
El comienzo de la tarea del buen señor coincidió con el de una melodía tipo OT. Gachas quiso creer que era el móvil del fontanata, pero al prolongarse en exceso la canción tuvo que ir asumiendo lo peor: Mr. Plumber se había traído el transistor para amenizar sus tareas, y por ende Gachas tuvo banda sonora de Kiss FM durante el rato que duró la soldadura. Allí tan a gusto estuvieron los dos por la mañana, Mr. Plumber soldando, quitando tetinas y machones y Gachas, en la habitación contigua, dándole al procesador de textos con musiquita alegre y democrática de fondo.
lunes, junio 30, 2008
No sé si a ustedes les pasa pero Gachas acaba combinando siempre tecnología + inframundo pastoso lo quiera o no. Es decir: está Gachas escaneando una hoja a la que a mano le añade un comentario y se da cuenta de que dicho comentario está tójcamente manuscrito y hay que pasarlo a limpio. Momento EGB: abre Gachas el cajón donde tiene los productos añejos de papelería y elige la cinta borradora Pritt (sí hombre, la que lleva como un sistema que parece un cinexín para ir tirando de cinta). En teoría dicha cinta blanca funcionaba como un TippEx más sofisticado: se evitaban de este modo los grumos y el documento corregido no parecía pintado con gotelé. A raíz de eso Gachas ha aprendido hoy que ese tipo de producto también es perecedero: aquello está amojamao como él solo y no pinta ni borra ni nada similar.
Gachas ha probado después con el TippEx de toda la vida y, en efecto, se ha producido lo del gotelé que citaba más arriba. Como buenamente ha podido, Gachas se ha abierto camino con la punta de su boli entre la masa blanquecina para escribir las cuatro palabricas que quería y punto.
viernes, junio 20, 2008


Amics y amigues: que sí, que ya le vale a Gachas, mes y pico sin postear, pero todo tiene una explicación. En este caso la explicación es que Gachas estuvo, tras su retiro rural gringo, unos díitas en Nuevallorca, como era predecible, y no sé a ustedes, pero a Gachas le parece insufrible la típica crónica de madrileña/o en Nuevallorca, que parece siempre que son los únicos que han hecho las américas y tratan al personal con una sobradez que dan asquete.
Para no caer en eso, Gachas se mordió la lengua y se abstuvo de comentarles aquí lo que vio y dejó de ver, por el bien de todos y de ella misma. Pero Gachas vuelve por enésima vez y esta vez con un tema de interés general: las aguas saborizadas, en concreto las nuevas Font Vella.
Va Gachas, hace la compra tocha por internet (la típica que incluye 16 rollos de papel higiénico en envase con asa) y el supermercao la premia (o la castiga, según se mire), con 3 Font Vellas de litroymedio saborizadas.
Gachas abrió la de té verde con grandes esperanzas, tal que haría Dickens en su tiempo. Una vez más, la decepción fue más que absoluta (atención, gente de ciencia, ¿es posible algo superior al absoluto?). Fatalérrima el agua sabor té verde porque, básicamente, NO SABE a té verde sino a ambientador de manzana. ¿Por qué lo llaman té verde cuando quieren decir ambi pur de manzana? ¿Y por qué la hacen con el tapón verde y todo, que parece más bien una botella de fregasuelos? (así lee siempre Gachas que se escribe el nombre de ese producto, ergo así lo escribe ella). Gachas lleva una semana tratando de acabarse el líquido verde sin sentir, tratando de no sacarle el parecido con un burman flash líquido (nacidos más allá del 80 y antes del 60, ¿conocen ese producto?).
La otra agua (así se dice, no "el otro agua";de veras: hagan caso a Gachas) que probó Gachas era la de melocotón con naranja y, una vez más, el alma gachuna se le cayó a los pies: sabe a aspirina infantil disuelta en agua, ni más ni menos. No hay duda posible: pruébenla ustedes y me dirán si no les recuerda a sus tiempos de dolores de muelas y catarros infantiles.
A Gachas le quedan aún 2 aguas saborizadas sin abrir (eh, que las cuentas le salen: le regalaron 3 pero la de melocotón y naranja la probó en otro lugar, en casa de amiguitos, y no entra en el pack promoción). Las que faltan son Roiboos con no sé qué y limón. Gachas ya visualiza papilarmente la analogía: la de limón será de nuevo un burman flash o una gominola de las que no llevan granos de azúcar por encima, y la de roiboos sabrá a frambuesa o a mora, porque los señores Fontvellos temen mucho cualquier sabor inusual: parecen arriesgados con su té verde y su roiboos pero en realidad es sólo de boquilla y el aroma artificial es el mismo del frigo dedo y del calippo. No somos ná.
Y Gachas se pregunta: ¿cuál es el problema del sabor del agua sin saborizar? ¿De dónde viene ese horror vacui gustativo repentino ante la humilde agua, que toda la vida ha cumplido con gusto su función de saciar la sed y nadie se ha quejado de ella nunca? Se abre aquí un espacio para la reflexión.
sábado, mayo 03, 2008
... y la clase de Gachas en la jesuítica universidad de Fordham se terminó. Todo fue muy bien, he de decirles. Las instalaciones, estupendas. Las pizarras (no blackboards sino whiteboards porque eran Welleda) se borraban bien y no quedaban marcas de retu desvaídas sobre ellas. Vendían en la limpísima cafetería cafés sabor vainilla, que Gachas aprovechó para probar, obviamente.
El amigo Professor de Gachas avisó a ésta de que la clase no era obligatoria, con lo cual había un fuerte riesgo de deserción (¡como en el país natal de Gachas!). Finalmente no fue así: de 25 vinieron como 14, un número muy apropiado para que Gachas no se sintiera ni hablándole a un pasmarote ni agobiada ante el grupo humano juvenil estadounidense (también había en el aula la típica señora mayor que se apunta a estudiar cosas de letras al jubilarse: maja, con acento entre latinoamericano y ultrayanqui).
Todo se desarrolló en un correcto castellano (más correcto el de Gachas que el de los chiquillos, a decir verdad), y, para decepción de algunos de ustedes (de Sallanworld, sobre todo), Gachas confiesa aquí que NO escribió su nombre en la pizarra para presentarse y después lo subrayó. No lo hizo porque no venía a cuento (su amigo y professor la presentaba), pero sí aprovechó para escribir un par de nombres de escritores y también la palabra "Flâneur" (se fueron a dormir esos chiquillos anoche con un término nuevo en la cabeza, esencial para su formación ) , y para dibujar una especie de máquina como esas de los tebeos donde entraba la carne picada por un lado y por el otro salían ristras de chorizos. Pues esa misma imaginaria máquina, muy del Profesor Franz de Copenhague, dibujó Gachas en la pizarra (sin los chorizos) para explicar cosas relacionadas con el input, el output, con cómo se procesa en el cerebrín literario la realidad que entra. Luego Gachas, una vez que acabó la clase, vio su propio dibujo y quedó un poco avergonzada ante lo rústico de aquel.
Tema ingesta del alumnado: nada, apenas unas patatillas de bolsa (pero ya los estertores de la bolsa, no es que la alumna se abriera las Ruffles sabor jamón allí en medio. Sólo rebañó unas cuantas escamillas y ya) y los consabidos cafés en vaso de cartón (eso Gachas lo daba por sentadísimo). Y muchos Macs y Toshibas en el aula, claro (quizá esto lo haya hoy en día hasta en la Universidad de Teruel: es que Gachas hace mucho que dejó las aulas y en sus tiempos lo más sofisticado que se llevaba era el clasificador Saro con gomas).
Salió Gachas contenta de la universidad, sita al lado del Lincoln Center, con sensación de haber cumplido una misión y de haber contribuido al progreso de América.
miércoles, abril 30, 2008
Amiguitos: grandes nervios ante la inminente clase o lecture que Gachas ha de dar en una Universidad de Nuevallorca el viernes. Cuando un amigo de Gachas, que es profe en la sección de literatura española en dicho centro le propuso a Gachas participar en una clase (en castellano), Gachas dudó: sabía que le iba a estar doliendo el estómago durante los 3 días previos al evento; sabía que iba a tener que tomarse un tranxilium esa mañana, pero a la vez no podía decir no a la experiencia de ver en acción a los alumnos de un college yanqui en clase, con sus grandes vasos de cartón, con sus gorras de beisbol, comiendo patatas fritas de bolsa en medio de la lección y arrugando el envase al terminar...
Por lo visto, como es costumbre del lugar (Gachas hace tiempo dedicó un post a este tema de la ingesta de comida en clase como algo frecuente en el mundo universitario norteamericano), pues Gachas no va a poder decir ni esta boca es mía al respecto. Se limitará a mirar todo lo friendlymente que pueda a las Megan y Rachels de turno cuando estas estén dando buena cuenta de sus patatas chips sabor quesadilla. Lo que Gachas se pregunta es: ¿tiene derecho el docente (Professor Gachas, en este caso) a hacer lo mismo? Parece como que no, porque como tiene que rajar más que ellos, pues tener la boca llena para eso es un lío.
Ahora bien, como parece que el sistema es tan participativo, a lo mejor a Gachas le daría tiempo a meterse un pinchotortilla en su cuerpo ibérico mientras los alumnos veinteañeros ejercen su derecho a la opinión y la participación. Lástima no poder comprobarlo.
Gachas en estos últimos posts está pasando un poco de cronicar sobre América. Enseguida volverá a hacerlo, pero antes, un tema de interés, si no general, al menos gachesco: la insoportable fragilidad de los dientes.
A Gachas le pasa día sí día no que se da golpes con las tazas en los dientes, justo en el momento de ir a beber, o que muerde tenedores con la misma furía con la que mordería un chuletón Villagodio. A ver, no imaginen a la pobre Gachas sonriendo toda mellada, que no es para tanto, pero sí con microrroturas apenas perceptibles en algunas "piezas", como diría un dentista, debido a estos accidentes.
Y es que los dientes, por si no lo sabían, son huesos ahí puestos, a la buena de Dios, sin protección ninguna de músculos o piel, cómo no se van a romper en cualquier momento. Si todos llevásemos los fémures y las tibias al aire, ya verían cómo los tendríamos hechos un asquete, astillados, con parches pegados... fatal.
Como Gachas tiene un talante abierto y propenso al diálogo y al intercambio cultural les quiere preguntar por medio de este post si ustedes padecen también, física y mentalmente, esa fragilidad dental de la que hablo más arriba y que sólo parece solucionable si nos decidimos de una vez por todas a llevar protectores bucales como los de los boxeadores.
Y luego está todo el tema de los sueños con dientes, que parece que indican cosas sexuales (¿qué sueño no las indica?) y que a Gachas le han dado más de un quebradero nocturno de cabeza (ej: un sueño en el que los dientes de arriba se pegaban a los de abajo como si estuviesen hechos de chicle).
sábado, abril 26, 2008
Hagamos un alto en el camino en relación con la experiencia yanqui gachesca: este post será lo que llaman "un espacio para la reflexión", sin relación alguna con los EEUU.
De repente Gachas, ansiosa por formar parte de una élite secreta que gobierne el mundo desde lo oscuro, ha pensado que por qué no hacerse masona, que a ella le gustan las comunidades de personas hacia las que siente alguna afinidad.
Gachas se da cuenta de que el fenómeno masón en España ya no es lo que era: nada de complots, nada de clandestinidad. Hay más webs del Gran Oriente Español en internet que páginas de tetas, amiguitos. Sin ningún pudor se anuncian y animan a las personas a integrar sus logias. Gachas, que es inculta en este tema y que asocia la masonería con Francia (por aquello de "franc"+masonería), con Viena (por La Flauta Mágica) y con la Mitteleuropa, no se imaginaba una logia en Castellón, ni una en Cáceres, ni una en Fuengirola. Pues las hay, vive Dios que sí, y sus miembros se llamarán Vicente, Joaquín Ángel o Asunción (si es que dejan entrar a mujeres, los muy rancios).
Gachas ha entrado en la página de una logia sevillana y, claro, los sevillanos, por masones que sean, no pierden su sevillanez. Parecía un poco la página de una cofradía de Jesús el Pobre o similar. Y había una sección de curiosidades relacionada con los típicos símbolos masones que son, por si a estas alturas aún lo desconocen, el compás y la escuadra así abiertos el uno para la otra. Un señor hermano masón comentaba capiteles y portones blasonados de distintos edificios y les sacaba el jugo francmasón que pudiesen esconder, y que a ojos de los demás mortales carecían de simbología y de recao.
Lo que se pregunta Gachas tras todo esto es: ¿conocerá ella a algún masón sin saberlo? ¿Cómo puede reconocerse a un masón? Gachas tiene un par de amigos escurridizos que no acaban de dar mucha información sobre qué hicieron tal o cuál fin de semana, ¿significa ello que son miembros del Gran Oriente o significa algo de contenido más sessuarl? (Hasta ahora, Gachas siempre ha pensado en lo segundo).
A todo esto, Gachas ha desistido de ser masona: la idea de "ascender" no le interesa mucho, pues implica que hay unos mandamases que te van indicando cómo hacerlo. Además, ponía bien clarito en todas las páginas que para ser masón hay que creer en la existencia de un ser supremo, y Gachas, a día de hoy, no lo ve muy claro.
lunes, abril 21, 2008

Gachas volvió al Memorial Hospital a dejarse los billetes verdes alargados y estrechos, sí, volvió. Tenía sus dolores articulares, sus flu symptoms (típicos, parece, de la infección por garrapata nociva), tenía su poquita de ansiedad, así es que volvió a que le recetaran antibióticos (lo que quita la posible infección, vaya), y eso hicieron, no sin antes preguntarle cómo y cuánto le dolían las joints o articulaciones. Como Gachas no es muy precisa adjetivando y adverbiando en inglés, le mostraron una serie de 6 smileys con expresiones que iban de cero dolor a un dolor insufrible. Gachas tampoco quería exagerar y elegir la cara 5 (eran 6, pero iban numeradas de 0 a 5), a la que parecía que le estaban seccionando un miembro sin anestesia. Le dijo Gachas a la enfermera de paisano que los primeros días tuvo dolor número 2 (cara como de "la verdad, me podrían ir mejor las cosas") y que después pasó al nivel 3 (cara de tomarse un gelocatil). No sabe Gachas si la creyeron o no, el caso es que el Dr. Michael le dijo que, para tranquilizarse todos (Gachas y el sistema sanitario estadounidense), y ya que Gachas iba a abandonar la zona contaminada en unas semanas y después se quedaría errante con su posible mal, pues le daban un lote de antibióticos y listo.
En la farmacia pudo comprobar lo estricta que es América en lo que respecta al antibiótico (como debe ser, qué coño): te dan las pildoritas que te ha mandado el médico, ni una más, ni una menos, en un tarrito con tu nombre que te explica cuándo y cómo has de tomar tu medicación. Nada de marcas: ahí figura el principio activo de la midicina y listos. En eso de repente América pierde todas sus facultades marketinianas y se convierte en un país con botica en vez de farmacia y con fórmulas magistrales en vez de productos de multinacionales del sector (a ver, no nos engañemos: los productos que se venden sin receta son todos de libre acceso y parecen, todos ellos por su packaging, vitaminas para body-builders).
No debería extrañarles, amiguitos, la aprensión que Gachas ha desarrollado en USA: es América quien la fomenta. El otro día, que fue a Nuevallorca (pero esas historias son para más adelante: ahora estamos con la ruralidad yanqui), Gachas vio en el metro una valla publicitaria con la foto de una asiática como tristona y perjudicada. El texto decía algo tipo: "1 de cada 10 asian-americans padece hepatitis B. Hágase un análisis si usted tiene los ojos achinaos, haga el favor. Y vacúnese".
¿No les parece terrorífico sembrar el pánico de ese modo? Ya no sólo entre la población asioamericana, sino entre el white-caucasian que se haya echado una churri de Chinatown y quiera compartir su vaso de milk shake con ella, sin ir más lejos.
América nos mete miedo, ergo es su obligación quitárnoslo también. Digo.
martes, abril 15, 2008

Cosas que se quedaron fuera del post anterior: la obsesión estadounidense por llevar las manos limpitas permanentemente. Es IMPOSIBLE mantener un estado perpetuo de plena higiene manual si uno realiza cualquier actividad distinta a dormir: que si te agarras a la barra del metro para no caerte, que si buscas monedas para dar propina (o billetacos de dólar: aún más sucios), que si se te caen las llaves al suelo.. Bien, pues el mundo norteamericano pretende lograr esta del todo imposible higiene permanente de las manos mediante unos productos llamados "hand sanitizer wipes" o towels o jabones que se anuncian por todas partes. La frase de captación es algo tipo: "Después de tocar el asiento del taxi; después de manejar billetes, ¿cómo vas a tocar tu rostro para maquillarte? Usa sanitizer towels marca tal y tal: mucho más eficaces que el agua y el jabón".
Mentira, amiguitos: mentira podrida. Hoy Gachas, que ha vuelto al Memorial Hospital a ver a Marcia para que le diera el recibo, mientras esperaba ha visto por ahí en el pasillo un dispensador de hand sanitizer, una especie de jabón líquido, vaya. La diferencia con el jabón líquido es que el hand sanitizer se seca él solo al frotar, no ha de ir asociado a agua ni a toallas o aparato ruidoso secamanos. Gachas lo ha probado y, sí, en efecto se seca o la piel lo absorbe milagrosamente; lo que ocurre es que la textura y el olor que quedan después dan más asco aún que pasar la mano por los cabezales de los asientos de un autocar Greyhound: el resultado es una higiene falsa no conseguida. Además, ¿qué es eso de que un producto líquido, incluso pastoso, desaparezca sin necesidad de agua? Es un poco como los puntos de sutura que se reabsorben: ¿qué es esa guarrería? Donde esté la enfermera con el betadine sacándote las costuras que se quite la nueva cirugía.
Al llegar a casa, Gachas se ha lavado las manos con agua y jabón, siguiendo las costumbres de su atrasado y rusticote país, y, como era previsible, toda la mugre que llevaba en ellas se ha dejado ver en el agua.
La obsesión del pueblo americano por la aseptización no tiene límites: lleva Gachas comprados dos paquetes de "mints" para refrescar su aliento y ambas, aunque de marcas distintas, saben en realidad al desinfectante ese de baño de guardería, como a Zotal, como a una higiene agresiva y antigua.
Amiguitos: de verdad gracias por su interés y apoyo hacia el issue de la garrapata. Aquí va la cruda realidad que subyace detrás de todo ello: la región ésta, llamada Columbia County (dentro del estado de NY), es la que presenta la incidencia más alta del planeta de una enfermedad asociada a la garrapata del ciervo. Hay folletos por la zona ilustrando el tema y tal. Va Gachas, llega a este lugar y ve los folletos con miedo (aparecen las típicas fotos de libro de naturales de BUP, con el parásito visto al microscopio y los síntomas terribles si se desarrolla la disease) y pregunta: "oiga, esto de los ticks qué es lo qués". Y le dicen que no se preocupe, que es cuando llega el calor y si retozas por la hierba y vas en sandalias. Como no hacía clima para nada de eso, Gachas ni se preocupó: salió como 5 o 6 veces a pasear por el parque ese de las esculturas con su Creative Zen (¿por qué negarlo? Gachas no tiene iPoz sino Creative Zen) para gozar de banda sonora y volvió tan tranquila de sus paseos. Y zas, aún con calcetín alto, pantalón chandalero y zapato cerrao, ocurrió lo que ya saben. Después Gachas ha encuestado a todos los lugareños que ha podido y se ha dado cuenta de que ellos siguen unas normas antigarrapatiles con mucha constancia: cada vez que vuelven de un paseo se autoexploran a ver si tienen picaduras y cosas así. Además, le enseñaron un cacharro especial para sacar las cabezas de los bichos, que son lo más peligrosito si se queda incrustado (como la cabeza de la gamba: guarda todo el sabor). Es como una cucharica de plástico blanca con una subcuchara adosada o similar. Y también le enseñaron un spray antigarrapatas. Es decir, que estas personas tienen su arsenal preparado para combatir el garrapatismo, pero al extranjero, para no alarmarlo y sobre todo para que su adorada Améeeruica no quede de puertas para fuera como un lugar endémico y parasitario, pues no le dicen ni esta boca es mía hasta que le ocurre la sorpresita.
Imagínense, amiguitos, que in Spain tuviésemos la garrapata esa específica por doquier: se correría la voz entre ellos y no vendría ni un mal turista gringo por temor a contraer cualquier cosa. Con esto ve Gachas, pobre y naïf Gachas, que hay países que no tienen derecho a esconder sus miserias (ej: Costa Rica y su dengue; varios países africanos y su paludismo) y otros que sí. Este sencillo aprendizaje lo acaba de obtener Gachas a su avanzada y treintañera edad.
Bueno, pero a lo que vamos: ayer tuvo lugar la visita al Memorial Hospital jiustoneño, a la sección no de urgencias pero sí de atención rápida o similar. La verdad es que majos fueron. Hubo toma de pulso, de tensión, de temperatura; hubo auscultación (las 3 primeras cosas con una especie de enfermera vestida de paisano; la segunda con otra vestida de enfermera oficial) y hubo observación de picadura con magnifying glass (lupa, vaya) por parte del doctor Michael. Que la picadura no estaba infectada; que la extracción del bicho había resultado exitosa y que nada, a esperar a las ronchas y a los síntomas tipo resfriado en los próximos 10 días, o a olvidarme del tema si estos no llegan. Tras esto llegó también una especie de administrativo con un PC portátil rodante (lo llevaba en un carrito como de repartir las medicinas a los enfermos) que le preguntó a Gachas cuál era su religión, caso de profesar una (por aquello de administrar una extremaunción coherente con el estilo de cada quien), y datos tipo pasaporte, etc.
Tras esto, le dieron un diagnóstico en un papel, escrito en un tono amigable y de fácil lectura y además dirigido específicamente al paciente, que comenzaba así: "You have a tick bite. This is very common and...". Nada de la frialdad tipo: "el paciente presenta síntomas de picadura de...". Por último le dijeron que pasara por la discharge area para salir. Es decir, que pasara por caja. Allí estaba la amable Marcia, que le pidió 50 dolarcitos de nada como depósito y le dijo que hasta la medianoche no se podía calcular por cuánto le iba a salir la broma ("for how much the joke will go out") a Gachas. Pero , América, la fundadora del consumo, no podía dejar de lado esta sabiduría ni siquiera en el sector sanitario, y le ofreció a Gachas la oportunidad de un 40% de descuento si pagaba en un plazo inferior a 30 días. Gachas aceptó el trato (parece que llegó en la semana fantástica de las picaduras de garrapata, suertuda Gachas) y al día siguiente (hoy) llamó a Marcia para informarse de cuál era el precio final, darle los datos de su tarjeta y pagar con su correspondiente descuento. Marcia le dijo que the joke salía por 230 $, ya con el 40% descuento incluido. A eso se le restó el depósito, pero aún así Gachas hubo de pagar hoy sus 180 dolarcitos de Vellón. Afortunadamente, su seguro español le pagará back este dinero o parte de él.
Ya ven que aquí la hipocondria tiene un precio: la próxima vez, Gachas irá a un Memorial de estos sólo en caso de seccionarse un miembro o similar.
domingo, abril 13, 2008
Amiguitos: tantas risitas con el post anterior y con el parásito de los cervatillos y ahora resulta que a Gachas le picó uno ayer. Probablemente cuando estaba escribiendo su anterior post ya lo tenía chupando bien de la pierna gachuna, porque lo descubrió ya por la noche, al quitarse el pantalón. Y tienen razón, comentaristas, ese "parásito" lleva el tradicional y postguerrista nombre de GARRAPATA. Y no se puede hacer nada salvo quitarlo con unas pinzas (eso hice ayer, aguerridísima) y esperar a ver si venía cargadito de una fea enfermedad cuyos primeros síntomas empezaría a notar la semana que viene. Si es así, la tetraciclina me salvará.
A Gachas le ha entrado un poquito de susto por la pata abajo y ha desplegado unidades móviles y todo para que le aconsejaran qué hacer al respecto: la opinión de todos los doctores y picados alguna vez por garrapatas es unánime: esperar. Parece tan frecuente en la zona que las mujeres hudsonianas deben de llevar en su neceser, además del espejito y del lipstick, unas pinzas para espulgarse.
Gachas ve en el baño las pinzas empleadas para desgarrapatearse y no sabe si tirarlas inmediatamente a la basura o qué. En cualquier caso, usarlas no las va a usar más: el martes irá al pueblo a comprar unas nuevas, o quizá una bolsa entera, como las maquinillas gillette, que se venden en packs de 10. El gran temor es que uno de los efectos colaterales de la picadura sea el crecimiento repentino y desaforado de un temible entrecejo y hasta el martes no pueda combatirlo.
viernes, abril 11, 2008
¿Cuántos tipos de paladar existen, amiguitos? ¿Tantos como personas? ¿Tantos como etapas en la vida del individuo? ¿Tantos como naciones?
Gachas se pregunta esto tras reparar en que gran parte de los alimentos que ingiere con agrado el adulto americano medio serían etiquetados como "guarrerías" por parte de las madres ibéricas de más de 60 años.
El ejemplo lo tiene Gachas en la casa donde vive, sin ir más lejos: viene todas las tardes la cocinera canadiense-portuguesa R., que lleva más años aquí que Carracuca y que está por ende acostumbrada a la comida de este país. De ahí que, sin inmutarse, nos diga: "de postre hay estas cookies de chocolate blanco y frambuesa", o "de postre hay estas jelly rolls" (como Filipinos de chocolate negro por fuera y oso de goma por dentro). Y tan ancha se queda. ¿Dónde están ese yugur, ese plátano que alimenta porque tiene potasio, esa cuajada con miel, esas dos mondarinas que se pelan fácil aunque luego por dentro sean pellejeras, dónde? La gochería de postre es pa niños y sólo con motivos tipo cumpleaños, navidad y poco más, no para adultos de entre 36 y 60 años y de lunes a viernes. Pero Gachas no sabe de qué se queja, si ayer se metió en el buche como 4 jelly rolls de esas.
Pero este ejemplo es muy extremo: hay otros más sutiles con los que no sé si estarán ustedes de acuerdo con Gachas. Por ejemplo, la pasta. La pasta y la pizza se consideran pa niños por los adultos españoles de más de 55. Ahora, como la población entera de España se está gurmetizando, ya se puede dar el caso de que la tía abuela pida unos tagliatelle con funghi, o una pizza con rucola de masa fina, pero en general cuando la España meno y andropáusica va al restorán, lo que pide es un arroz de los que tardan y son para 2 personas, un guiso o un pescado o carne vuelta y vuelta, y el pan con queso fundido y cosas por encima se lo dejan a los ñetos. ¿No les parece que es así? Es que aquí, y en muchos lugares del mundo no, por eso lo digo.
jueves, abril 10, 2008
Hudson es un pueblico pintoresco que equivaldría a un San Lorenzo del Escorial madrileño o a una Cercedilla. Aquí veranean y pasan el finde muchos neoyorquinos hastiados del Soho, del Village, de Williamsburg... (sí, hay personas hastiadas de todo eso sobre el planeta).
Tiene su calle mayor, Warren Street, y casi que no mucho más. Miento: hermosas casas de listones de madera con su porche y sus mecedoras a la entrada. Pero como está concebido para el fin de semana, un martes a las 6.15 pm, a plena luz del día, se hace realidad eso que el español ha recibido como uno de los clichés de la vida yanqui: que los únicos que pasean por la calle son los lúmpenes, y que los demás o están en sus casas, o en el mall, o montados en el coche.
Pues va a ser verdad: ayer Gachas paseó calle-arriba-calle-abajo y sólo se cruzó con adolescencia pandillera (quizá la estética fuera pandillera y el interior pijo, no lo descarto), whitetrashismo del bueno (treintañeros sin los piños de abajo y con latas muy altas de cerveza, ese rollo) y poco más. Bueno, también vio a una joven (que trabaja en una tienda de ropa grunge cercana) leyendo sentada en el quiciolapuerta de su casa, como hacen las abuelas en La Alberca, mismamente. Huelga decir que la joven estaba descalza (en Celsius haría como 15 grados, pero al hacer sol, ya se sabe, el anglosajón tiene mucha facilidad para descalzarse en cualesquiera situaciones) y que tenía los pies negros y curtidos como si su vida transcurriera en las misiones jesuíticas del Paraguay.
Esto vio Gachas al ponerse el sol en Hudson, NY.
domingo, abril 06, 2008
martes, febrero 26, 2008
...a las modas y las tendencias. La constatación de esto ha tenido lugar tras el encargo de unas flamantes gafas graduadísimas financiadas por la sociedad de gestión de derechos que le corresponde por su profesión liberal. Resulta que Gachas ha comprado, tras resistirse mucho durante años, las típicas y caricaturizables gafas de pasta negras.
A ver, que Gachas era gafapasta, que no lo niega, pero más bien gafapasta de otros colores ,para no caer en la antonomasia del gafapastismo. Pues bien, ahora que ya ha caído la última pieza del dominó de tendencias en gafas y la negra de pasta la lleva hasta la lotera Doña Manolita, va Gachas y se compra las suyas, no muy grandes encima (es que ahora se llevan de nerd, gigantonas, y de montura de carey, como de estudiante de algún prestigioso centro de la Ivy League o similar).
Algo parecido le pasó en su día con los zapatos y botas de punta como tejana. O en realidad no es un ejemplo que sirva como analogía porque a Gachas no le gustaban esas puntas ni a tiros, y no es que cayera en esa tendencia tarde: directamente la esquivó con más o menos esfuerzo y punto.
Pero lo que se está tratando aquí es la tristeza de llegar la última a la sala de las tendencias. Llamar al timbre del mundo de las gafas y que todos los que ya entraron en él en su día lleven las mismas gafas que tú.
Otra desventaja de esto es que a esas gafas les quedan dos telediarios para ser vistas como espantosas, sin pasar aún a ser "retro" ni "vintage" ni nada similar hasta que no transcurra al menos una década (y dónde estará Gachas dentro de una década, señor mío).
Estas moñerías le preocupaban a Gachas ayer. Hoy menos que mañana, supone.
martes, febrero 05, 2008
Tras lograr hacer adeptos al caldo Aneto de pollo a un par de simpáticos lectores de este blog, Gachas confiesa que, como le ha ocurrido en otras ocasiones y con otros productos (léase palmitos, pepinillos con aliño agridulce o paté de aceitunas), se ha cansado un poquillo del caldo Aneto. Ojo: no porque sea Aneto sino porque es caldo. De los dos que trabajaba (de verduras y de pollo bajo en sal), ahora se queda solamente con el de pollo bajo en sal, que el otro ya le aburre un poco con su color verdusco.
No descarta Gachas que vuelva su anetismo de aquí a unos meses, pero ahora está un poco de capa caida. En realidad, la relación de Gachas con el caldo en brick es un poco como la que tienen los seres humanos singles que se gustan pero que no quieren complicaciones: que si mucha emoción y ganas de comerse entre sí durante unos meses, pero después como saciedad, distanciamiento, se prueban otros caldos y... otra vez vuelta a empezar, cuando ya se había medio olvidado el sabor añejo y resulta casi una sorpresa, pero ya con otro ritmo y menor ilusión, claro. Gachas no sabe si en este último párrafo denuncia o si sólo constata.