sábado, mayo 03, 2008

Sonó la campana

... y la clase de Gachas en la jesuítica universidad de Fordham se terminó. Todo fue muy bien, he de decirles. Las instalaciones, estupendas. Las pizarras (no blackboards sino whiteboards porque eran Welleda) se borraban bien y no quedaban marcas de retu desvaídas sobre ellas. Vendían en la limpísima cafetería cafés sabor vainilla, que Gachas aprovechó para probar, obviamente.
El amigo Professor de Gachas avisó a ésta de que la clase no era obligatoria, con lo cual había un fuerte riesgo de deserción (¡como en el país natal de Gachas!). Finalmente no fue así: de 25 vinieron como 14, un número muy apropiado para que Gachas no se sintiera ni hablándole a un pasmarote ni agobiada ante el grupo humano juvenil estadounidense (también había en el aula la típica señora mayor que se apunta a estudiar cosas de letras al jubilarse: maja, con acento entre latinoamericano y ultrayanqui).

Todo se desarrolló en un correcto castellano (más correcto el de Gachas que el de los chiquillos, a decir verdad), y, para decepción de algunos de ustedes (de Sallanworld, sobre todo), Gachas confiesa aquí que NO escribió su nombre en la pizarra para presentarse y después lo subrayó. No lo hizo porque no venía a cuento (su amigo y professor la presentaba), pero sí aprovechó para escribir un par de nombres de escritores y también la palabra "Flâneur" (se fueron a dormir esos chiquillos anoche con un término nuevo en la cabeza, esencial para su formación ) , y para dibujar una especie de máquina como esas de los tebeos donde entraba la carne picada por un lado y por el otro salían ristras de chorizos. Pues esa misma imaginaria máquina, muy del Profesor Franz de Copenhague, dibujó Gachas en la pizarra (sin los chorizos) para explicar cosas relacionadas con el input, el output, con cómo se procesa en el cerebrín literario la realidad que entra. Luego Gachas, una vez que acabó la clase, vio su propio dibujo y quedó un poco avergonzada ante lo rústico de aquel.

Tema ingesta del alumnado: nada, apenas unas patatillas de bolsa (pero ya los estertores de la bolsa, no es que la alumna se abriera las Ruffles sabor jamón allí en medio. Sólo rebañó unas cuantas escamillas y ya) y los consabidos cafés en vaso de cartón (eso Gachas lo daba por sentadísimo). Y muchos Macs y Toshibas en el aula, claro (quizá esto lo haya hoy en día hasta en la Universidad de Teruel: es que Gachas hace mucho que dejó las aulas y en sus tiempos lo más sofisticado que se llevaba era el clasificador Saro con gomas).

Salió Gachas contenta de la universidad, sita al lado del Lincoln Center, con sensación de haber cumplido una misión y de haber contribuido al progreso de América.

miércoles, abril 30, 2008

Professor Ms. Gachas en acción

Amiguitos: grandes nervios ante la inminente clase o lecture que Gachas ha de dar en una Universidad de Nuevallorca el viernes. Cuando un amigo de Gachas, que es profe en la sección de literatura española en dicho centro le propuso a Gachas participar en una clase (en castellano), Gachas dudó: sabía que le iba a estar doliendo el estómago durante los 3 días previos al evento; sabía que iba a tener que tomarse un tranxilium esa mañana, pero a la vez no podía decir no a la experiencia de ver en acción a los alumnos de un college yanqui en clase, con sus grandes vasos de cartón, con sus gorras de beisbol, comiendo patatas fritas de bolsa en medio de la lección y arrugando el envase al terminar...

Por lo visto, como es costumbre del lugar (Gachas hace tiempo dedicó un post a este tema de la ingesta de comida en clase como algo frecuente en el mundo universitario norteamericano), pues Gachas no va a poder decir ni esta boca es mía al respecto. Se limitará a mirar todo lo friendlymente que pueda a las Megan y Rachels de turno cuando estas estén dando buena cuenta de sus patatas chips sabor quesadilla. Lo que Gachas se pregunta es: ¿tiene derecho el docente (Professor Gachas, en este caso) a hacer lo mismo? Parece como que no, porque como tiene que rajar más que ellos, pues tener la boca llena para eso es un lío.
Ahora bien, como parece que el sistema es tan participativo, a lo mejor a Gachas le daría tiempo a meterse un pinchotortilla en su cuerpo ibérico mientras los alumnos veinteañeros ejercen su derecho a la opinión y la participación. Lástima no poder comprobarlo.
IMAGINAOS QUE ESTA TIZA ES UN DIENTE

Gachas en estos últimos posts está pasando un poco de cronicar sobre América. Enseguida volverá a hacerlo, pero antes, un tema de interés, si no general, al menos gachesco: la insoportable fragilidad de los dientes.
A Gachas le pasa día sí día no que se da golpes con las tazas en los dientes, justo en el momento de ir a beber, o que muerde tenedores con la misma furía con la que mordería un chuletón Villagodio. A ver, no imaginen a la pobre Gachas sonriendo toda mellada, que no es para tanto, pero sí con microrroturas apenas perceptibles en algunas "piezas", como diría un dentista, debido a estos accidentes.

Y es que los dientes, por si no lo sabían, son huesos ahí puestos, a la buena de Dios, sin protección ninguna de músculos o piel, cómo no se van a romper en cualquier momento. Si todos llevásemos los fémures y las tibias al aire, ya verían cómo los tendríamos hechos un asquete, astillados, con parches pegados... fatal.

Como Gachas tiene un talante abierto y propenso al diálogo y al intercambio cultural les quiere preguntar por medio de este post si ustedes padecen también, física y mentalmente, esa fragilidad dental de la que hablo más arriba y que sólo parece solucionable si nos decidimos de una vez por todas a llevar protectores bucales como los de los boxeadores.

Y luego está todo el tema de los sueños con dientes, que parece que indican cosas sexuales (¿qué sueño no las indica?) y que a Gachas le han dado más de un quebradero nocturno de cabeza (ej: un sueño en el que los dientes de arriba se pegaban a los de abajo como si estuviesen hechos de chicle).

sábado, abril 26, 2008

GACHAS Y LA FRANCMASONERÍA

Hagamos un alto en el camino en relación con la experiencia yanqui gachesca: este post será lo que llaman "un espacio para la reflexión", sin relación alguna con los EEUU.

De repente Gachas, ansiosa por formar parte de una élite secreta que gobierne el mundo desde lo oscuro, ha pensado que por qué no hacerse masona, que a ella le gustan las comunidades de personas hacia las que siente alguna afinidad.

Gachas se da cuenta de que el fenómeno masón en España ya no es lo que era: nada de complots, nada de clandestinidad. Hay más webs del Gran Oriente Español en internet que páginas de tetas, amiguitos. Sin ningún pudor se anuncian y animan a las personas a integrar sus logias. Gachas, que es inculta en este tema y que asocia la masonería con Francia (por aquello de "franc"+masonería), con Viena (por La Flauta Mágica) y con la Mitteleuropa, no se imaginaba una logia en Castellón, ni una en Cáceres, ni una en Fuengirola. Pues las hay, vive Dios que sí, y sus miembros se llamarán Vicente, Joaquín Ángel o Asunción (si es que dejan entrar a mujeres, los muy rancios).

Gachas ha entrado en la página de una logia sevillana y, claro, los sevillanos, por masones que sean, no pierden su sevillanez. Parecía un poco la página de una cofradía de Jesús el Pobre o similar. Y había una sección de curiosidades relacionada con los típicos símbolos masones que son, por si a estas alturas aún lo desconocen, el compás y la escuadra así abiertos el uno para la otra. Un señor hermano masón comentaba capiteles y portones blasonados de distintos edificios y les sacaba el jugo francmasón que pudiesen esconder, y que a ojos de los demás mortales carecían de simbología y de recao.

Lo que se pregunta Gachas tras todo esto es: ¿conocerá ella a algún masón sin saberlo? ¿Cómo puede reconocerse a un masón? Gachas tiene un par de amigos escurridizos que no acaban de dar mucha información sobre qué hicieron tal o cuál fin de semana, ¿significa ello que son miembros del Gran Oriente o significa algo de contenido más sessuarl? (Hasta ahora, Gachas siempre ha pensado en lo segundo).

A todo esto, Gachas ha desistido de ser masona: la idea de "ascender" no le interesa mucho, pues implica que hay unos mandamases que te van indicando cómo hacerlo. Además, ponía bien clarito en todas las páginas que para ser masón hay que creer en la existencia de un ser supremo, y Gachas, a día de hoy, no lo ve muy claro.

lunes, abril 21, 2008

La garrapata. El desenlace



Gachas volvió al Memorial Hospital a dejarse los billetes verdes alargados y estrechos, sí, volvió. Tenía sus dolores articulares, sus flu symptoms (típicos, parece, de la infección por garrapata nociva), tenía su poquita de ansiedad, así es que volvió a que le recetaran antibióticos (lo que quita la posible infección, vaya), y eso hicieron, no sin antes preguntarle cómo y cuánto le dolían las joints o articulaciones. Como Gachas no es muy precisa adjetivando y adverbiando en inglés, le mostraron una serie de 6 smileys con expresiones que iban de cero dolor a un dolor insufrible. Gachas tampoco quería exagerar y elegir la cara 5 (eran 6, pero iban numeradas de 0 a 5), a la que parecía que le estaban seccionando un miembro sin anestesia. Le dijo Gachas a la enfermera de paisano que los primeros días tuvo dolor número 2 (cara como de "la verdad, me podrían ir mejor las cosas") y que después pasó al nivel 3 (cara de tomarse un gelocatil). No sabe Gachas si la creyeron o no, el caso es que el Dr. Michael le dijo que, para tranquilizarse todos (Gachas y el sistema sanitario estadounidense), y ya que Gachas iba a abandonar la zona contaminada en unas semanas y después se quedaría errante con su posible mal, pues le daban un lote de antibióticos y listo.

En la farmacia pudo comprobar lo estricta que es América en lo que respecta al antibiótico (como debe ser, qué coño): te dan las pildoritas que te ha mandado el médico, ni una más, ni una menos, en un tarrito con tu nombre que te explica cuándo y cómo has de tomar tu medicación. Nada de marcas: ahí figura el principio activo de la midicina y listos. En eso de repente América pierde todas sus facultades marketinianas y se convierte en un país con botica en vez de farmacia y con fórmulas magistrales en vez de productos de multinacionales del sector (a ver, no nos engañemos: los productos que se venden sin receta son todos de libre acceso y parecen, todos ellos por su packaging, vitaminas para body-builders).

No debería extrañarles, amiguitos, la aprensión que Gachas ha desarrollado en USA: es América quien la fomenta. El otro día, que fue a Nuevallorca (pero esas historias son para más adelante: ahora estamos con la ruralidad yanqui), Gachas vio en el metro una valla publicitaria con la foto de una asiática como tristona y perjudicada. El texto decía algo tipo: "1 de cada 10 asian-americans padece hepatitis B. Hágase un análisis si usted tiene los ojos achinaos, haga el favor. Y vacúnese".

¿No les parece terrorífico sembrar el pánico de ese modo? Ya no sólo entre la población asioamericana, sino entre el white-caucasian que se haya echado una churri de Chinatown y quiera compartir su vaso de milk shake con ella, sin ir más lejos.

América nos mete miedo, ergo es su obligación quitárnoslo también. Digo.


martes, abril 15, 2008

La mano tota pulcra

Cosas que se quedaron fuera del post anterior: la obsesión estadounidense por llevar las manos limpitas permanentemente. Es IMPOSIBLE mantener un estado perpetuo de plena higiene manual si uno realiza cualquier actividad distinta a dormir: que si te agarras a la barra del metro para no caerte, que si buscas monedas para dar propina (o billetacos de dólar: aún más sucios), que si se te caen las llaves al suelo.. Bien, pues el mundo norteamericano pretende lograr esta del todo imposible higiene permanente de las manos mediante unos productos llamados "hand sanitizer wipes" o towels o jabones que se anuncian por todas partes. La frase de captación es algo tipo: "Después de tocar el asiento del taxi; después de manejar billetes, ¿cómo vas a tocar tu rostro para maquillarte? Usa sanitizer towels marca tal y tal: mucho más eficaces que el agua y el jabón".
Mentira, amiguitos: mentira podrida. Hoy Gachas, que ha vuelto al Memorial Hospital a ver a Marcia para que le diera el recibo, mientras esperaba ha visto por ahí en el pasillo un dispensador de hand sanitizer, una especie de jabón líquido, vaya. La diferencia con el jabón líquido es que el hand sanitizer se seca él solo al frotar, no ha de ir asociado a agua ni a toallas o aparato ruidoso secamanos. Gachas lo ha probado y, sí, en efecto se seca o la piel lo absorbe milagrosamente; lo que ocurre es que la textura y el olor que quedan después dan más asco aún que pasar la mano por los cabezales de los asientos de un autocar Greyhound: el resultado es una higiene falsa no conseguida. Además, ¿qué es eso de que un producto líquido, incluso pastoso, desaparezca sin necesidad de agua? Es un poco como los puntos de sutura que se reabsorben: ¿qué es esa guarrería? Donde esté la enfermera con el betadine sacándote las costuras que se quite la nueva cirugía.
Al llegar a casa, Gachas se ha lavado las manos con agua y jabón, siguiendo las costumbres de su atrasado y rusticote país, y, como era previsible, toda la mugre que llevaba en ellas se ha dejado ver en el agua.

La obsesión del pueblo americano por la aseptización no tiene límites: lleva Gachas comprados dos paquetes de "mints" para refrescar su aliento y ambas, aunque de marcas distintas, saben en realidad al desinfectante ese de baño de guardería, como a Zotal, como a una higiene agresiva y antigua.
Gachas y la sanidad estadounidense

Amiguitos: de verdad gracias por su interés y apoyo hacia el issue de la garrapata. Aquí va la cruda realidad que subyace detrás de todo ello: la región ésta, llamada Columbia County (dentro del estado de NY), es la que presenta la incidencia más alta del planeta de una enfermedad asociada a la garrapata del ciervo. Hay folletos por la zona ilustrando el tema y tal. Va Gachas, llega a este lugar y ve los folletos con miedo (aparecen las típicas fotos de libro de naturales de BUP, con el parásito visto al microscopio y los síntomas terribles si se desarrolla la disease) y pregunta: "oiga, esto de los ticks qué es lo qués". Y le dicen que no se preocupe, que es cuando llega el calor y si retozas por la hierba y vas en sandalias. Como no hacía clima para nada de eso, Gachas ni se preocupó: salió como 5 o 6 veces a pasear por el parque ese de las esculturas con su Creative Zen (¿por qué negarlo? Gachas no tiene iPoz sino Creative Zen) para gozar de banda sonora y volvió tan tranquila de sus paseos. Y zas, aún con calcetín alto, pantalón chandalero y zapato cerrao, ocurrió lo que ya saben. Después Gachas ha encuestado a todos los lugareños que ha podido y se ha dado cuenta de que ellos siguen unas normas antigarrapatiles con mucha constancia: cada vez que vuelven de un paseo se autoexploran a ver si tienen picaduras y cosas así. Además, le enseñaron un cacharro especial para sacar las cabezas de los bichos, que son lo más peligrosito si se queda incrustado (como la cabeza de la gamba: guarda todo el sabor). Es como una cucharica de plástico blanca con una subcuchara adosada o similar. Y también le enseñaron un spray antigarrapatas. Es decir, que estas personas tienen su arsenal preparado para combatir el garrapatismo, pero al extranjero, para no alarmarlo y sobre todo para que su adorada Améeeruica no quede de puertas para fuera como un lugar endémico y parasitario, pues no le dicen ni esta boca es mía hasta que le ocurre la sorpresita.
Imagínense, amiguitos, que in Spain tuviésemos la garrapata esa específica por doquier: se correría la voz entre ellos y no vendría ni un mal turista gringo por temor a contraer cualquier cosa. Con esto ve Gachas, pobre y naïf Gachas, que hay países que no tienen derecho a esconder sus miserias (ej: Costa Rica y su dengue; varios países africanos y su paludismo) y otros que sí. Este sencillo aprendizaje lo acaba de obtener Gachas a su avanzada y treintañera edad.
Bueno, pero a lo que vamos: ayer tuvo lugar la visita al Memorial Hospital jiustoneño, a la sección no de urgencias pero sí de atención rápida o similar. La verdad es que majos fueron. Hubo toma de pulso, de tensión, de temperatura; hubo auscultación (las 3 primeras cosas con una especie de enfermera vestida de paisano; la segunda con otra vestida de enfermera oficial) y hubo observación de picadura con magnifying glass (lupa, vaya) por parte del doctor Michael. Que la picadura no estaba infectada; que la extracción del bicho había resultado exitosa y que nada, a esperar a las ronchas y a los síntomas tipo resfriado en los próximos 10 días, o a olvidarme del tema si estos no llegan. Tras esto llegó también una especie de administrativo con un PC portátil rodante (lo llevaba en un carrito como de repartir las medicinas a los enfermos) que le preguntó a Gachas cuál era su religión, caso de profesar una (por aquello de administrar una extremaunción coherente con el estilo de cada quien), y datos tipo pasaporte, etc.
Tras esto, le dieron un diagnóstico en un papel, escrito en un tono amigable y de fácil lectura y además dirigido específicamente al paciente, que comenzaba así: "You have a tick bite. This is very common and...". Nada de la frialdad tipo: "el paciente presenta síntomas de picadura de...". Por último le dijeron que pasara por la discharge area para salir. Es decir, que pasara por caja. Allí estaba la amable Marcia, que le pidió 50 dolarcitos de nada como depósito y le dijo que hasta la medianoche no se podía calcular por cuánto le iba a salir la broma ("for how much the joke will go out") a Gachas. Pero , América, la fundadora del consumo, no podía dejar de lado esta sabiduría ni siquiera en el sector sanitario, y le ofreció a Gachas la oportunidad de un 40% de descuento si pagaba en un plazo inferior a 30 días. Gachas aceptó el trato (parece que llegó en la semana fantástica de las picaduras de garrapata, suertuda Gachas) y al día siguiente (hoy) llamó a Marcia para informarse de cuál era el precio final, darle los datos de su tarjeta y pagar con su correspondiente descuento. Marcia le dijo que the joke salía por 230 $, ya con el 40% descuento incluido. A eso se le restó el depósito, pero aún así Gachas hubo de pagar hoy sus 180 dolarcitos de Vellón. Afortunadamente, su seguro español le pagará back este dinero o parte de él.
Ya ven que aquí la hipocondria tiene un precio: la próxima vez, Gachas irá a un Memorial de estos sólo en caso de seccionarse un miembro o similar.

domingo, abril 13, 2008

Ocurrió

Amiguitos: tantas risitas con el post anterior y con el parásito de los cervatillos y ahora resulta que a Gachas le picó uno ayer. Probablemente cuando estaba escribiendo su anterior post ya lo tenía chupando bien de la pierna gachuna, porque lo descubrió ya por la noche, al quitarse el pantalón. Y tienen razón, comentaristas, ese "parásito" lleva el tradicional y postguerrista nombre de GARRAPATA. Y no se puede hacer nada salvo quitarlo con unas pinzas (eso hice ayer, aguerridísima) y esperar a ver si venía cargadito de una fea enfermedad cuyos primeros síntomas empezaría a notar la semana que viene. Si es así, la tetraciclina me salvará.

A Gachas le ha entrado un poquito de susto por la pata abajo y ha desplegado unidades móviles y todo para que le aconsejaran qué hacer al respecto: la opinión de todos los doctores y picados alguna vez por garrapatas es unánime: esperar. Parece tan frecuente en la zona que las mujeres hudsonianas deben de llevar en su neceser, además del espejito y del lipstick, unas pinzas para espulgarse.

Gachas ve en el baño las pinzas empleadas para desgarrapatearse y no sabe si tirarlas inmediatamente a la basura o qué. En cualquier caso, usarlas no las va a usar más: el martes irá al pueblo a comprar unas nuevas, o quizá una bolsa entera, como las maquinillas gillette, que se venden en packs de 10. El gran temor es que uno de los efectos colaterales de la picadura sea el crecimiento repentino y desaforado de un temible entrecejo y hasta el martes no pueda combatirlo.

Gachas y el parásito de los cervatillos

Parece que la campiña hudsoniana es zona endémica para la "tick disease" o parásito de los cervatillos. Han editado folletos a todo color ilustrando el asunto y previniendo a la población: es como un bichito negro, tipo chinche o pulga que se te queda a gusto acurrucado bajo la piel chupando la sustancia que pueda y que, si no te lo tratas, te puede provocar bonitas enfermedades como artrosis o alteraciones del sistema nervioso.

Bastante tiene Gachas ya con su sistema nervioso y su oído medio taponado como para más dolencias, así es que toma todas las precauciones posibles para no pillar el bicho. Por lo que ha preguntado a los lugareños, parece que muchos en algún momento de su vida aquí fueron picados una vez al menos por un tick de esos: nada, se lo quitaron aguerridamente con unas pinzas (se queda ahí pegado y se ve) y ya. O, si no se dieron cuenta al momento, fueron al médico rural que de su maletín con cierre que chirría sacó un antibiotis y se lo administró (primero te sale una ronchona para avisarte de que el tick obró en ti), y ni artrosis ni daños ulteriores.


Los lugareños han tratado de quitarle el miedo a Gachas diciéndole que el bichito sólo actúa en momentos de mucho calor y que las precauciones consisten en no sentarse sobre la hierba directamente y cubrirse un poco el cuerpo al salir de paseo. Entre que no ha hecho tiempo de ir en tirantes y que Gachas ha sido informada de la tick disease, cada vez que sale a dar una vuelta por el cercano parque de esculturas (una especie de Chillida-Leku pero de artistas varios), se pone casi armadura. Aún así, su hipocondria hace que sienta que los ticks se la han comido a picotazos, atravesando las varias capas de telas que Gachas lleva encima de su piel gachesca.

Y hablando del parque de esculturas: como América es una tierra adinerada, las esculturas están muy bien cuidaditas: siempre hay algún operario dándoles lustre, arreglándoles un tornillico, fijándoles una pieza o lo que sea (abajo van 2 fotos para que se hagan a la idea). Una pareja de arquitectos se hacen cargo de supervisar el lugar durante todo el año, y por ende viven en una super casa rollo Frank Lloyd Wright entre los árboles.

Ayer precisamente, el arquitecto varón de la pareja se encontró a Gachas por el campo y, como ya la conoce, le dijo que si quería ver su hermosa casa diseñada por él mismo y su wife. Gachas aceptó gustosa, pero el buen señor sólo le enseñó finalmente el salón, nada del baño ni del cuartolaplancha ni otras dependencias. Se le veía al hombre orgulloso de su creación: en su mirada se le detectaba un "a que mola el cacho casoplón que me he construído, eh, Gachas". Y sí, molaba: todo blanco, techos altérrimos, esculturas pequeñitas de cubos de madera colgadas de muy arriba, fluorescentes semiempotrados en el techo, ventanal inmenso... Lo que no le gustó mucho a Gachas, y además le sorprendió encontrárselo ahí, fue el suelo, a base de baldosas cuadradas blancas jaspeadillas en negro, vulgares y corrientes. Le dieron ganas de decirle al tipo que in Spain esa era la baldosa por antonomasia de los apartamentos de Cullera, que cuidadito con marcarse streetlamps. Pero no se lo dijo: sólo le comentó que esa baldosa se debe de fregar bien, que sólo con pasar la mopa y darle fregasuelos (así lo pone en la botella) de pino, ya brilla de lo lindo.

viernes, abril 11, 2008

Hablemos de fisiología. Hoy: el paladar


¿Cuántos tipos de paladar existen, amiguitos? ¿Tantos como personas? ¿Tantos como etapas en la vida del individuo? ¿Tantos como naciones?

Gachas se pregunta esto tras reparar en que gran parte de los alimentos que ingiere con agrado el adulto americano medio serían etiquetados como "guarrerías" por parte de las madres ibéricas de más de 60 años.

El ejemplo lo tiene Gachas en la casa donde vive, sin ir más lejos: viene todas las tardes la cocinera canadiense-portuguesa R., que lleva más años aquí que Carracuca y que está por ende acostumbrada a la comida de este país. De ahí que, sin inmutarse, nos diga: "de postre hay estas cookies de chocolate blanco y frambuesa", o "de postre hay estas jelly rolls" (como Filipinos de chocolate negro por fuera y oso de goma por dentro). Y tan ancha se queda. ¿Dónde están ese yugur, ese plátano que alimenta porque tiene potasio, esa cuajada con miel, esas dos mondarinas que se pelan fácil aunque luego por dentro sean pellejeras, dónde? La gochería de postre es pa niños y sólo con motivos tipo cumpleaños, navidad y poco más, no para adultos de entre 36 y 60 años y de lunes a viernes. Pero Gachas no sabe de qué se queja, si ayer se metió en el buche como 4 jelly rolls de esas.


Pero este ejemplo es muy extremo: hay otros más sutiles con los que no sé si estarán ustedes de acuerdo con Gachas. Por ejemplo, la pasta. La pasta y la pizza se consideran pa niños por los adultos españoles de más de 55. Ahora, como la población entera de España se está gurmetizando, ya se puede dar el caso de que la tía abuela pida unos tagliatelle con funghi, o una pizza con rucola de masa fina, pero en general cuando la España meno y andropáusica va al restorán, lo que pide es un arroz de los que tardan y son para 2 personas, un guiso o un pescado o carne vuelta y vuelta, y el pan con queso fundido y cosas por encima se lo dejan a los ñetos. ¿No les parece que es así? Es que aquí, y en muchos lugares del mundo no, por eso lo digo.

jueves, abril 10, 2008

Qué se ve por Hudson un martes tipo 6.15 de la tarde

Hudson es un pueblico pintoresco que equivaldría a un San Lorenzo del Escorial madrileño o a una Cercedilla. Aquí veranean y pasan el finde muchos neoyorquinos hastiados del Soho, del Village, de Williamsburg... (sí, hay personas hastiadas de todo eso sobre el planeta).

Tiene su calle mayor, Warren Street, y casi que no mucho más. Miento: hermosas casas de listones de madera con su porche y sus mecedoras a la entrada. Pero como está concebido para el fin de semana, un martes a las 6.15 pm, a plena luz del día, se hace realidad eso que el español ha recibido como uno de los clichés de la vida yanqui: que los únicos que pasean por la calle son los lúmpenes, y que los demás o están en sus casas, o en el mall, o montados en el coche.

Pues va a ser verdad: ayer Gachas paseó calle-arriba-calle-abajo y sólo se cruzó con adolescencia pandillera (quizá la estética fuera pandillera y el interior pijo, no lo descarto), whitetrashismo del bueno (treintañeros sin los piños de abajo y con latas muy altas de cerveza, ese rollo) y poco más. Bueno, también vio a una joven (que trabaja en una tienda de ropa grunge cercana) leyendo sentada en el quiciolapuerta de su casa, como hacen las abuelas en La Alberca, mismamente. Huelga decir que la joven estaba descalza (en Celsius haría como 15 grados, pero al hacer sol, ya se sabe, el anglosajón tiene mucha facilidad para descalzarse en cualesquiera situaciones) y que tenía los pies negros y curtidos como si su vida transcurriera en las misiones jesuíticas del Paraguay.
Esto vio Gachas al ponerse el sol en Hudson, NY.

domingo, abril 06, 2008

Gachas Martínez Soria

Amiguitos, restos humanos de lectores de este blog: ¡¡voilà Gachas retransmitiendo desde Hudson, NY!!

Nada, una beca de esas gacheuses la ha traido hasta aquí: un conjunto de casas de listones de madera blanca, un grupo de gente internacional que escribe y/o traduce y frascos de peanut butter, salsas con el careto de Paul Newman y cajas enormes de cereales de tantas variantes que podría haber una específica para cada uno de nuestros apellidos. Esa es mi vida aquí durante 6 semanitas, hala.

Para abrir boca, cuento un poco las novedades que a la Gachas con entrecejo y maleta atada con una cuerda le ha sorprendido encontrar en los USA. Lo que no haya en América...:


- Suavizante para la ropa en hojas de papel: se pone no en la lavadora sino en la secadora, junto a la ropa. Es como un clínes gordo y peludo que, al final del ciclo, sale más finucho y ligero porque ha desprendido su poder suavizador. Después se tira y santas pascuas.

- Tarjetas para llamar por teléfono que incluyen mensajes publicitarios: Cuando gachas presiona 2 para español, antes del tradicional y puertorriqueño "favor de ingresar su número de pin", le aparece un mensaje similar a: "¿Me creerás si te digo que ya no tengo acné y que mi piel luce bella y lisa como nunca? Llama a Gladys al 516-333-4567" (número inventado, favor de no llamar a Gladys). Me pregunto si al elegir la locución en inglés los anuncios son también de tratamientos antiacné o si el anuncio en castellano está especialmente dirigido a la población hispana, que -de ahí deduzco- tiene más problemas de piel que la white-caucasian.

- Los post-it en guirnalda festiva: el pegamento que los une no va siempre del mismo lado sino que se alterna entre 2 de las aristas del cuadrado, de manera que el bloquecillo se puede desplegar y formar una especie de guirnalda para decorar fiestas infantiles (qué dificil es describir una sencilla imagen, señor).


Seguiremos descubriendo nuevos inventitos y golosinas para solaz de todos ustedes. Suya afectísima desde este huso horario,

Gachas.

martes, febrero 26, 2008

Gachas llega tarde

...a las modas y las tendencias. La constatación de esto ha tenido lugar tras el encargo de unas flamantes gafas graduadísimas financiadas por la sociedad de gestión de derechos que le corresponde por su profesión liberal. Resulta que Gachas ha comprado, tras resistirse mucho durante años, las típicas y caricaturizables gafas de pasta negras.

A ver, que Gachas era gafapasta, que no lo niega, pero más bien gafapasta de otros colores ,para no caer en la antonomasia del gafapastismo. Pues bien, ahora que ya ha caído la última pieza del dominó de tendencias en gafas y la negra de pasta la lleva hasta la lotera Doña Manolita, va Gachas y se compra las suyas, no muy grandes encima (es que ahora se llevan de nerd, gigantonas, y de montura de carey, como de estudiante de algún prestigioso centro de la Ivy League o similar).

Algo parecido le pasó en su día con los zapatos y botas de punta como tejana. O en realidad no es un ejemplo que sirva como analogía porque a Gachas no le gustaban esas puntas ni a tiros, y no es que cayera en esa tendencia tarde: directamente la esquivó con más o menos esfuerzo y punto.

Pero lo que se está tratando aquí es la tristeza de llegar la última a la sala de las tendencias. Llamar al timbre del mundo de las gafas y que todos los que ya entraron en él en su día lleven las mismas gafas que tú.
Otra desventaja de esto es que a esas gafas les quedan dos telediarios para ser vistas como espantosas, sin pasar aún a ser "retro" ni "vintage" ni nada similar hasta que no transcurra al menos una década (y dónde estará Gachas dentro de una década, señor mío).

Estas moñerías le preocupaban a Gachas ayer. Hoy menos que mañana, supone.

martes, febrero 05, 2008

El anetismo decae

Tras lograr hacer adeptos al caldo Aneto de pollo a un par de simpáticos lectores de este blog, Gachas confiesa que, como le ha ocurrido en otras ocasiones y con otros productos (léase palmitos, pepinillos con aliño agridulce o paté de aceitunas), se ha cansado un poquillo del caldo Aneto. Ojo: no porque sea Aneto sino porque es caldo. De los dos que trabajaba (de verduras y de pollo bajo en sal), ahora se queda solamente con el de pollo bajo en sal, que el otro ya le aburre un poco con su color verdusco.

No descarta Gachas que vuelva su anetismo de aquí a unos meses, pero ahora está un poco de capa caida. En realidad, la relación de Gachas con el caldo en brick es un poco como la que tienen los seres humanos singles que se gustan pero que no quieren complicaciones: que si mucha emoción y ganas de comerse entre sí durante unos meses, pero después como saciedad, distanciamiento, se prueban otros caldos y... otra vez vuelta a empezar, cuando ya se había medio olvidado el sabor añejo y resulta casi una sorpresa, pero ya con otro ritmo y menor ilusión, claro. Gachas no sabe si en este último párrafo denuncia o si sólo constata.

miércoles, enero 09, 2008

Anetismo ya por vena

Ya no hay vuelta atrás: Gachas es anetista y sólo un tratamiento con Metadona (suena un poco a algo que pudieran suministrar en Mercadona) haría posible que Gachas abandonase su adicción.
Verán: tras la ingesta excesiva de guarrerías durante las fiestas, Gachas ha pensado que una posible dieta sería la compuesta exclusivamente por caldo Aneto de pollo bajo en sal y manzanas asadas. El caldo Aneto haría las funciones de "alimento rico y saladito" y las manzanas asadas las de "alimento dulce y medio de capricho".
El problema es cuando te quieren vender gato por caldo Aneto, o Gallina (Blanca) por caldo Aneto: en los ultramaris regidos o no por espanioles (Gachas ha encontrado OTRO ultramarino regido por españoles sesentones en su barrio. Lo llaman "Mantequería") se distribuye solamente la gama de caldos Gallina Blanca: de la abuela, de verduras, de pollo y alguno más. TODOS menos el de verduras contienen entre sus ingredientes manteca de cerdo. Esto no puede consentirse, así es que Gachas boicotea a Gallina Blanca y busca por todas las tiendas de alimentación su caldo Aneto, pero ni rastro de él.
Sólo en un sitio encontró una deliciosa modalidad de cría de caldo Aneto llamada "Caldeto": consistía en un minibrick monodosis de caldo de pollo que podía calentarse directamente en el microondas porque el extraño brick no llevaba capilla de metal por dentro sino sólo cartón. Aquí Gachas ha de confesar que sufrió una minidecepción: el caldeto sabía un poco como a socarrao, pero más bien es achacable al envase de sólo-cartón, que parecía traspasar su sabor a la sopa en sí. Un fallo pequeño de Aneto que Gachas sabrá perdonar oportunamente.

Volviendo al tema adicción: Gachas se siente un poco kundera en este sentido, pero no el escritor checo sino la usuaria de kundas o coches colectivos que llevan al adicto a pillar a La Celsa o donde sea menester. Gachas sería capaz de irse a Artés, provincia de Barcelona, donde está ubicada la fábrica de caldo Aneto que, si sigue sin distribuir en los ultramarinos de Madrid, va a recibir la visita de Gachas en pleno síndrome de abstinencia.

viernes, diciembre 28, 2007

Novedades en reprografía

Gachas ha ido hoy a una tienda de fotocopias I+D donde hacían revelado digital, imprimían sobre camisetas y lonas y diseñaban tarjetas de visita un poco toscamente. Mientras esperaba su turno ha podido ver la nueva gama de productos que ofrecen esas tiendas: aparte de las ya manidas fotos de personas warholeadas, de cuatro en cuatro o de seis en seis y con colores chillones, también había otra innovación con nombre de artista: la lichtensteinización del careto de la peña. Consistía en que la misma niña que servía como modelo para las fotos warholizadas aparecía en esta ocasión retratada en grande, con la cara blanca llena de puntos rojos rollo varicela, la melena color amarillo pollo y un fondo azul celeste. Supongo que para las/los morenos, el pelo va en color negro zaíno, pero de lo que no te libra nadie es de los puntacos rojos en la cara que emulan el aerógrafo.

Otra cosa curiosa y muy de actualidad era uno de los mensajes divertidos de las camisetas: el majestuoso "¿Por qué no te callas?", impreso con el NO muy grandote y coronado por una idem igualita que la del logo de correos.
Y como ya me tocó el turno de las fotocopias, no pude ver más innovaciones en el seztor de la reprografía, pero estas no son moco de pavo, ¿a que no?
Gachas y el caldo Aneto

Por si no lo saben, la marca Aneto, que no la conocía ni Dios hasta hace bien poco, ha sacado una gama de caldos en tetra brick: caldos de pollo, de jamón (creo), de verduras y de pollo bajo en sal (y probablemente de pescado, pega). Gachas lleva echándole el ojo al caldo Aneto desde el nacimiento de este último porque le mola mazo su packaging, ese contraste entre el tetrabrickismo frío y contemporáneo y su estampado de mantel de cuadros (cada tipo de caldo lo lleva de un color) que contribuye a fomentar la idea de que el caldo es, de verdad, casero.
Si Gachas no había comprado antes el caldo Aneto es precisamente porque NO es en absoluto casero: lo hacen, como tantos otros alimentos, en una fábrica con chimeneas metálicas, probablemente en una olla de acero del tamaño de la Maestranza de, arsa, Sevilla y, más probablemente aún, trabajadores recios de la empresa entrarán DENTRO del piscinón de caldo Aneto con botas de goma para sacar no sé qué cosa que se les haya caido dentro, controlar el manómetro de la temperatura y cosas igualmente terroríficas. Es que, como a ustedes les pasará también, Gachas se sabe de memoria las truculentas historias que circulan respecto a la comida envasada contemporánea: que si el jamonyor es en realidad fécula de patata fermentada hecha una pasta, que si el pollo de hoy es un engendro sin cabeza y por eso el Kentucky Fried Chicken ahora se llama casi como el aeropuerto de Nueva York, sólo con las iniciales (KFC), y demás perlas de terror gastroenterítico.

Bueno, pues finalmente Gachas ha sucumbido al anetismo y ha comprado su primer caldo de pollo Aneto, con los cuadros del mantel color amarillo y blanco y la tipografía estilo “Agenda del ama de casa 1972” en marrón cáscara de huevo (de huevo marrón, se entiende). Aparentemente el caldo sólo lleva agua, pollo de corral (es decir, con cabeza, tronco y extremidades), cebolla, zanahoria, col, puerros, apio y sal. Gachas, obviamente, no se lo cree, aunque en el tetra figuren 4 fotos con pollos pelados, verduras y enormes cacerolotes aparentemente muy higiénicos.

No obstante, ha sido abrirlo hace 3 horas para comenzar su cena con él y ya se ha debido de beber como medio litro. No ve Gachas el momento de probar el Aneto de verduras, el de carne o jamón, el de pejcao… (ese último probablemente no). Sabía que esto iba a ocurrir, que todo eran barreras para no caer en el vicio del caldismo envasado.
(http://www.caldoaneto.com/ )

lunes, diciembre 17, 2007

Gachas se acerca a la exCCCP

Y obviamente, una se acerca a lugares ignotos por una de estas dos vías: 1) el amorrl o 2) el papeo. En concreto esta vez Gachas se ha acercado al mundo de las repúblicas bálticas y otros países de la exURSS por la segunda de las vías.
Resulta que ayer domingo -funesto día tristuno donde los haya, el domingo- paseaba Gachas por las inmediaciones de la Plaza Santo Domingo, Ópera y tal con amiguitos y, chan, de repente vieron un supermercadín con productos rusos, que claramente desde el rótulo acrílico lo anunciaba: se llamaba "SUPERMERCADO CCCP-USSR" o similar. Como Gachas y sus amigos conservan aún el niño que todos tenemos dentro, se asomaron al cristal con la nariz bien pegada y la boca entreabierta, pero con eso no fue suficiente y tuvieron que pasar a ver qué se cocía allí dentro.
El lugar era humildón, mal alumbrao sobre todo, y tenía, además de comida, vídeos y libros del gusto de los ciudadanos esteparios: se notaba mucho espionaje y mucho glamour filthy, del de terciopelote rojo y oros.
Bueno, a lo que voy: seguimos hurgando por allí entre los produztos y, lo que suele pasar: algunos atraían (tés de la rusia zarista, crema agria), otros asustaban (unas gachas para desayunar con muy feo aspecto) y otros, nunca se sabe.
Gachas se habría comprado una especie de raviolis congelados con queso blanco dentro o con carne (Davidik seguro que sabe lo que son: participa, Davidik), pero como no iba a casa enseguida, no quería romper la cadena del frío y deteriorar el producto surgelé.
Lo que compró al final fueron grandes rodajas de pepinillos agridulces cortados como haciendo onditas, que eso es muy del norte de cualquier sitio y va muy bien con la carne, con el pejcao y con todo. Y también un pan (bueno, medio, lo compartió con JC y S.) lituano negro, negro y de esos sabores entre dulces, amargos y ácidos que tienen los panes sanotes de países nórdicos, como si llevaran una mezcla incomprensible de canela y Bovril . Obviamente, hay que olvidarse de poner lomo o jamón ahí encima, porque el sabor de la chacina se lo lleva por delante el del pan de marras.
Y ya después de marear al señor vendedor preguntándole Y esto qué es lo qués todo el tiempo, Gachas vio una especie de turronaco recio color grisáceo que se vendía al corte (4 euros valía una cantidad no especificada): el vendedor le dio a probar lo que definió como turrón de semillas de girasol y ahí Gachas de repente volvió a visualizar, como en el túnel del tiempo, a Lech Walesa, a su esposa Danuta, a todos los miembros de Solidarnosc, a Leonidas Breznev, al equipo olímpico de la RDA desfilando muy serios y a todo el pueblo de Bienvenido Mr. Marshall cantando "Americanos, os recibimos con alegría". Ay, qué sabor precomunitario, qué intento de calentar y dar energía al cuerpo con la pobrecica semilla del girasol, qué tiempos de escorbuto, tiña y sabañones. A modo de magdalena de Proust, el turronaco ese le trajo a la memoria a Gachas momentos y lugares donde no había wraps de pollo con guacamole ni asomo de sandwiches de pollo tikka de tres pisos, que era este mismo país casi anteayer, por cierto.
¡Viva la almendra por siempre!

lunes, noviembre 26, 2007

Gachas vuelve de puntillas,

...sin decírselo a nadie de la blogosfera. Y sin colgar fotos, ni youtubes ni la madre que los parió. En cualquier caso, como ahora tiene blog hasta Paquita la del Barrio, no iban a tener tiempo de leer éste, entre actualizaciones del suyo propio, del maiespeis, del flickr (que no acabo de saber lo que es) etc. Pues aquí tranquilitos que estamos, en pantuflas, jugando al dominó y golpeando fuerte con las fichas en la mesa los dos leztores de Gachas que deben de quedar y, obviamente, la propia Gachas. Me dan ganas de servirles un anís muy aguado ("palomita", se llama, o Ricard en gabacho) a los que decidan quedarse, y unos bizcochos de esos secos para mojar.

A lo que voy, que cuando se vuelve hay que volver por algo, con una noticia de actualidad o similar: Emma Clarke es el personaje que nos ocupa. La buena Emma locutaba en el metro londinense hasta hace 5 horas, que la han despedido por malusar su voz en parodias haciendo como de locutora del metro. Es decir: va una, tiene una voz equis que lleva a cuestas durante toda su vida, la contratan por esa razón pero en ningún caso puede usarla para hacer gromas y chistes con el mismo soniquete laboral por el que fue contratada, ¿sí?

En su web (donde tiene mp3 colgados para publicitar su voz y que la contraten y tal) están los clips-parodia que le han valido el despido. Además del consabido mind the gap, en ellos decía cosas tipo "Seguramente algún turista americano está hablando demasiado alto en este vagón" o similar. Pero uff, Gachas detesta ser la típica cronista informativa sobre la actualidad. Búsquenlo ustedes en google, coñe. Aquí se habla de otras cosas más entretenidas, o al menos antaño era así. Sniff, he perdido el ritmo gachesco.

lunes, agosto 06, 2007

El fiasco no descansa

Gachas está pegadita al Toshiba. En uno de los apretones al botón "revisar correo" ha recibido un spam muy gracioso de la falsa agencia tributaria en la que aparentemente le devuelven dinerín si, imagino, proporciona todos sus datos bancarios o similar. La pregunta principal que se hace es por qué demoños redactan tan mal los timadores españoles. ¿Se reúnen en un semisótano rollo "Atraco a las tres" para urdir el plan y redaztan juntos el mail de pega o lo genera una máquina traductora que no sabe hacer la O con un canuto? Más bien se decanta Gachas por la segunda opción, tras leer palabras como "someta", "forma" o "aplicar", que parecen ser primas demasiado hermanas de "submit" "form" (por application form) o "apply". En la parte de abajo del truchomail, para añadirle realismo, meten la foto de un bebé y el reclamo de los 2500 euros por niño, con un link a la verdadera agencia tributaria (esa parte no la he pegado aquí abajo):

RESOLUCIÓN de 04 08 2007, de la Dirección General de la Agencia Estatal de Administración Tributaria, por la que se aprueban las directrices generales del Plan General de Control Tributario 2006.(B.O.E. 03-02-2006)
Por favor Nota: Después de los cálculos anuales pasados de su actividad fiscal nos hemos determinado que usted es elegible recibir una devolución fiscal desde 290€
Someta por favor la petición de la devolución fiscal y en un plazo de 6-9 días se la vamos a procesar.
Un reembolso se puede retrasar para una variedad de razones. Por ejemplo sometiendo expedientes invalidos o aplicándose después del plazo.
Para tener acceso a la forma para su devolución fiscal,
Pulse aquí
El Plan General de Control es el instrumento básico de planificación de la Agencia Tributaria en el que se realiza la previsión cuantitativa y cualitativa de las actuaciones que en el ámbito de control tributario y aduanero se van a realizar durante el año. Con este Plan se da cumplimiento a la obligación que establece la Ley General Tributaria en su artículo 116 de elaborar anualmente un plan de control tributario.
Madrid, 05 08 2007.–El Director General, Luis Pedroche y Rojo.